Institucionalización del colonialismo
Ramón Moreno Castilla
Este escabroso título
-por las acepciones de áspero, duro, de mala condición, inconveniente y al
borde de lo inmoral, que dice el diccionario- que, por otra parte, caracteriza
la contumaz acción colonial de España en Canarias, surgió de las largas y
provechosas conversaciones sobre la caótica situación de nuestro Archipiélago
con mi estimado y respetado amigo, e íntegro compatriota, Manuel Díaz,
acreditado cirujano cardiovascular, e incansable luchador por la soberanía de
Canarias. Un intelectual de los pies a la cabeza, y un auténtico filósofo del
nacionalismo, todo un referente en el campo nacional canario (ver sus
magníficos artículos "Canarias: cinco razones de Estado", publicados
en este mismo periódico[1]), cuyo docto magisterio, generosidad, mesura, afán
integrador y visión de Estado tanto nos enseñan y nos hacen reflexionar
seriamente sobre el insoportable "status" de Canarias.
Por cierto, es muy
importante aclarar, para que no hayan malos entendidos ni interesadas
interpretaciones, ni patrimonialización alguna, que
el Movimiento Patriótico Canario, de reciente irrupción en la vida política, y
cuyas iniciales son, lógicamente, MPC, no tiene
absolutamente nada que ver con el partido político del mismo nombre, aunque con
las siglas MP, legalizado por el Ministerio del
Interior español con fecha 16 de enero de 2006, en el tomo V, folio 456 del
libro de inscripciones. Consecuentemente, una cosa es el MP
y otra muy distinta el MPC, pese a que ambas siglas
corresponden a la misma denominación de Movimiento Patriótico Canario; aunque,
con la sustancial e inequívoca diferencia de que el MP
es una formación política -con todo lo que ello supone- y el MPC es un imparable movimiento nacionalista -como su propio
nombre indica-, suprapartidista, cuya actividad y
estrategia, y la adecuación de los modos y las formas para conseguir nuestra
anhelada soberanía van mucho más allá de las luchas por el poder de los
partidos políticos, lo que supone una nueva impronta en el quehacer
nacionalista. Con el valor añadido de que las acciones del MPC
trascienden el ámbito interno para centrarse más en las relaciones exteriores,
ya que una de sus prioridades es la internacionalización de la "causa
canaria" apostando decididamente por la convergencia de todo el espectro
político verdadera y auténticamente nacionalista -cada uno con sus
características-, condición "sine qua non" para poder lograr nuestra
necesaria e inaplazable independencia. Lo que implica, indefectiblemente, que
todos, ¡todos!, hagamos un ejercicio de responsabilidad política y patriotismo,
y se abandonen los liderazgos autoproclamados, las luchas intestinas, las
discusiones bizantinas y, sobre todo, dejemos aparcado el nefasto debate
político, tan disgregador, porque, además, ¡ahora no toca!
Y después de estos
prolegómenos, entro en materia, ya que el tema que me ocupa vuelve a poner de
relieve, por enésima vez, que Canarias está atada de pies y manos, condenada a
seguir siendo una colonia española en África; atrapada en un entramado
político-jurídico y, por ello, supeditada a la trampa colonial del
"imperativo legal", que nos coarta, nos coacciona y nos intimida. Un
pueblo, el canario, que está secuestrado y resignado a su suerte; y que ha
llegado, incluso, a identificarse con sus captores, los españoles, hasta el
extremo de que amplios sectores de nuestra población está sumida e inmersa en
el paliativo síndrome de Estocolmo.
Para lograr esa sumisión
(el que calla otorga), España ha ido "acomodando" a su conveniencia
colonizadora las diversas etapas y situaciones históricas de nuestra Patria,
Canarias; políticas que se traducen en una sencilla ecuación: conquista +
colonización + colaboracionismo + institucionalización = "españolidad de
Canarias". O sea, la artificiosa e impuesta "españolidad de
Canarias" ha obedecido a una constante histórica del colonialismo español,
que hacía necesaria la perseverante e implacable institucionalización española
de estos territorios de ultramar, a solo
Esta aberración
político-jurídica que, desde todos los puntos de vista, es Canarias, como
consecuencia de la acción colonizadora de la metrópoli, España, se ha ido
apuntalando con los propios mecanismos "constitucionalistas" del
colonialismo, que inciden en tres áreas fundamentales: una primera, donde
interviene el ingente aparato del Estado español presente en Canarias, que
preserva celosa e intimidatoriamente el llamado
"orden constitucional"; una segunda, donde se implementó un encorsetado
modelo económico, ¡no productivo, sino especulativo!, que ha convertido
Canarias -repito una vez más- en una economía subvencionada y pedigüeña,
dependiente del exterior, y basada en el monocultivo del turismo, con el
aparato productivo en manos foráneas, y un mercado cautivo consumidor de los
excedentes comunitarios, lo que nos impide tener nuestra soberanía alimentaría;
y una tercera, consistente en un masivo poblamiento
de nuestras Islas -con una densidad demográfica espeluznante-, al que contribuyó,
en gran medida, las famosas transferencias de personal desde los diferentes
ministerios españoles, al asumir Canarias competencias autonómicas. Toda una
avalancha de funcionarios "peninsulares" que actúan como verdaderos
colonos.
Sin contar la
devastadora circulación de personas impuesta por
Conclusión: la
"españolidad de Canarias" ha ido acompañada de la
institucionalización de su colonizaje o, lo que es lo
mismo, la institucionalización del colonialismo español ha ido dando carta de
naturaleza y "certificado de autenticidad" a la ficticia
"españolidad/europeidad" de Canarias. Pero, las contradicciones son
de tal calibre que convierten Canarias en ¡una ficción político-jurídica en sí
misma!
¿Alguien puede
demostrar lo contrario, sin insultos ni descalificaciones personales y al
margen del supuesto constitucionalismo? ¿Se puede sostener de forma rigurosa y
argumentada que Canarias es el "flanco Sur de Europa", sin atentar contra
la inteligencia de los canarios? ¿Qué son las eufemísticas RUP
en realidad, sino una perfección semántica del concepto de colonia? ¡Por favor!
Queridos compatriotas,
seamos consecuentes: Canarias, se diga lo que se diga, es una monumental
ficción político-jurídica, "refrendada" por un escandaloso engaño
masivo, al que los medios de comunicación no son ajenos. ¡Esa es la cuestión!