Italia, ensayo de colapso
Juan Jesús Bermúdez
Han bastado tres días de bloqueo de
algunas importantes vías de comunicación y centros de distribución por parte de
los camioneros que están afrontando las subidas permanentes del precio del
combustible, para que Italia sufriera un desabastecimiento alimentario, la
paralización de numerosas actividades económicas, el racionamiento y cierre en
gasolineras, escenas de especulación de los precios y acaparamiento, así como
la pérdida de miles de toneladas de alimentos perecederos, paralización de
servicios sanitarios, de limpieza, etc., entre otros efectos.
Es previsible que el petróleo continúe su
senda alcista de precios durante los próximos años porque, como ha advertido
nuevamente
Por lo tanto, episodios conflictivos como
los de Italia, cerrados en falso con pactos de contención del precio del
gasóleo profesional, se reproducirán de forma importante, no sólo en los países
pobres – donde los momentos de desabastecimiento son algo habitual – sino en el
mismo centro de las economías industrializadas, al afectar la subida de los
precios energéticos (alimentarios, de bienes esenciales, etc)
al conjunto de la economía y especialmente a los sectores más dependientes y
vulnerables. Como no podía ser de otra manera, el bloqueo protagonizado por los
transportistas del país ha paralizado la esencia de la civilización moderna: el
frenético flujo de materias primas, mercancías y personas a zonas de alta
entropía - países ricos y zonas metropolitanas - devoradoras de recursos de
medio mundo para alimentar esófagos inmobiliarios a velocidades nunca vistas.
Este episodio ejemplar nos sirve de importante apunte para intuir cómo una
situación de "prolongada emergencia" (James Howard
Kunstler) puede afectar a un país
"desarrollado" (alto consumidor de recursos del exterior). Sin duda
alguna, el proceso natural de declive del petróleo, base de nuestro modelo,
estará salpicado de fenómenos de este tipo.
Algunos de los elementos a destacar,
vistos en el caso de Italia, serían:
·
El
incremento de la conflictividad social y sus consecuencias fundamentales sobre
la alteración del "normal" ritmo de producción y consumo, fruto del
incremento de los costes fijos en las actividades económicas (comenzando por
los "autónomos" que encajan individualmente esos procesos de ajuste).
El recurso al sabotaje y a la violencia como fórmula para dirigir el
descontento social, lo que agudiza los problemas de control del sistema complejo,
y es síntoma de descomposición.
·
La
vertiginosa rapidez (han bastado tres días en el caso de Italia para poner en
vilo al país) del desabastecimiento en una sociedad "just
in time" confiada en la exactitud de los horarios comerciales, las
entregas a cuenta y que confunde las transacciones monetarias con las físicas.
·
La
vulnerabilidad del tejido de una sociedad compleja, que depende del
funcionamiento exacto de "macro" puntos viarios, centrales de
distribución, generación, etc. para su supervivencia.
·
El
comienzo inmediato del racionamiento de combustible y otros bienes, ante la
falta de reservas.
·
El
funcionamiento de los mecanismos del Estado para promover la vuelta al
"orden", y al tiempo su propia fragilidad y, previsiblemente,
imposibilidad real de administrar un estado de desabastecimiento generalizado y
repentino, más que con medidas de tipo marcial. No serían descartables
medidas posteriores de ejercicio de la "autoridad" en la regulación
del derecho de huelga y otras medidas relacionadas con el derecho de asociación,
manifestación, opinión, etc. así como su previsible supresión en el futuro,
cuando episodios de este tipo, en la medida en que se pretenda mantener la
economía - y además crecer - con unos recursos fósiles declinantes.
·
El
desabastecimiento alimentario (y su apresurado acaparamiento) y problemas
sanitarios, de salubridad, económicos, etc. que tendrían lugar en pocos días en
las zonas urbanas metropolitanas de mantenerse, vía sabotaje, huelga o salida
desesperada, una situación de bloqueo de suministros.
Italia ha protagonizado un ensayo de
colapso. Convendría aprender de las experiencias que nos demuestran una y otra
vez que nuestro vulnerable sistema de alto consumo energético y trasiego de
mercancías básicas no es sostenible y pende, mucho más en Canarias, de un fino
hilo que veremos resquebrajarse con el anunciado declive del petróleo.