Instituto Volcanológico de Canarias:

100 años de I+D (Ignorancia + Desidia)

 

Nemesio Pérez (*)

 

El Instituto Volcanológico de Cana­rias (IVC), una de las piezas claves que debe disponer la sociedad para cumplimentar las acciones destina­das a la reducción del riesgo volcáni­co en este país, y que debe llamarse de Canarias en lugar de Nacional, dado que esta es la única región vol­cánicamente activa del territorio es­pañol, aún continúa sin materiali­zarse. Este centro lleva solicitándose desde hace casi 100 años, desde que Lucas Fernández-Navarro (1869-1930), entonces presidente de la So­ciedad Española de Historia Natu­ral, instaba a la puesta en marcha y creación de este tipo de organismo a raíz de la erupción del volcán Chinyero en noviembre de 1909. "La creación de un observatorio en el Teide debiera ser considerada como una deuda de honor nacional. Tener una montaña de la altura y naturale­za del Pico de Tenerife, en tan ex­cepcional situación geográfica y no aprovecharla para desde ella contri­buir al adelanto de la meteorología, de la volcanología y de la sismolo­gía, es sencillamente un crimen de la lesa ciencia y un sonrojo". 1. Desde entonces han sido muchos los inten­tos a lo largo del siglo XX hasta el presente de rescatar esta iniciativa e impulsar la creación y su puesta en marcha, pero siempre se ha encon­trado con la oposición de poderes muy alejados de estas islas y del in­terés general para que esta iniciativa no viera la luz.

 

Hoy se cumplen 2 años desde que el Senado Español acordó y aprobó por unanimidad solicitar al Estado la creación del IVC, a raíz de una moción presentada por el senador por Tenerife Ricardo Melchior. Esta decisión unánime, llena de sentido común y responsabilidad pública, recibió posteriormente el apoyo de más de un centenar de miembros de la comunidad científica nacional e internacional. A esta iniciativa del Senado Español se le sumó poste­riormente una declaración también unánime del Parlamento de Cana­rias, a raíz de una Proposición No de Ley presentada por el PSC-PSOE, para impulsar la creación del IVC y diseñar cuales serían sus funciones. Como consecuencia de estas dos im­portantes declaraciones institucio­nales, la comunidad científica nacio­nal e internacional reunida en Garachico el pasado mes mayo de 2006, con ocasión del 300 aniversario de la erupción volcánica que marcó el de­sarrollo de este municipio norteño en el siglo XVIII, volvía a congratu­larse y animar a la administración española a poner en marcha cuanto antes el IVC.

 

En la historia de Canarias no ha habido precedentes de una iniciativa de carácter científico tan unánime­mente solicitada y apoyada desde todos los ámbitos, políticos, científi­cos y ciudadanos instando a las administraciones del Estado y del Go­bierno de Canarias para que sea creado el Instituto Volcanológico de Canarias. No se comprende como aún la Administración del Estado no haya recogido esta solicitud unáni­me del Senado para que inicie, con­juntamente con las otras adminis­traciones, los trabajos necesarios para poner en marcha este Instituto, cuyo fin es reducir el riego volcánico y contribuir a la seguridad de los ciudadanos.

 

Evidentemente la ciudadanía es­pañola, en su conjunto, no es cons­ciente del riesgo volcánico en Espa­ña, de lo contrario, el IVC hubiera existido desde hace mucho tiempo. Entre las muchas razones sobre esta falta de sensibilidad pudiera estar que este tipo de riesgo natural sólo afecta a una pequeña parte del territorio español, muy alejado del conti­nente [europeo] y de escaso peso en la política nacional. Pero existen otras razones como: (1) la frágil memoria de los canarios y de la sociedad española en su conjunto respecto a este tipo de fenómenos naturales, dada la re­lativa baja frecuencia de erupciones volcánicas ocurridas en las Islas Ca­narias durante los últimos 500 años; (2) el error de creer y transmitir a la sociedad por parte de algunos cien­tíficos y organismos, que las erup­ciones históricas en Canarias no han ocasionado pérdida de vidas huma­nas; (3) el pensar que el escenario volcánico más probable en Canarias -erupciones basálticas de bajo índi­ce de explosividad- no representa un importante riesgo para la pobla­ción, dado que en el pasado reciente (últimos 500 años) este tipo de fenó­meno natural no causó un importan­te número de pérdidas humanas, ol­vidándose que en la actualidad la densidad de población, el uso del te­rritorio y el comportamiento cívico de la ciudadanía es muy diferente a la de tiempos anteriores; (4) el creer y transmitir a la sociedad por parte de algunos científicos y organismos que las erupciones volcánicas en Ca­narias son tranquilas, olvidándose de que este término no puede ni de­be aplicarse a ningún fenómeno na­tural adverso por muy pequeña que sea su magnitud y los efectos que pudiera llegar a generar; (5) el creer que las futuras erupciones volcáni­cas en Canarias sólo serán como las ocurridas durante los últimos 500 años, olvidándose de que durante el pasado reciente geológico (últimos 10.000 años, equivalente sólo a un 7% de la vida del volcán Teide, que aún continúa activo), se han regis­trado en las islas erupciones con un mayor índice de peligrosidad que las ocurridas en los últimos cinco si­glos.

 

Es evidente que hoy por hoy para nuestros gobernantes el IVC no es fundamental para contribuir a la se­guridad de los ciudadanos canarios ante el fenómeno volcánico, ni tam­poco es una pieza clave para el liderazgo y desarrollo científico-tecno­lógico de Canarias en el campo de la volcanología, geología, sismología, etc. y de sus recursos naturales (hídricos, mineros, rocas industriales, energía geotérmica, medio ambien­te, cambio climático, turismo gene­rado por la singularidad volcánica, etcétera). Esta realidad es tan evi­dente, que reclamar a la Administra­ción la creación urgente e inaplaza­ble del IVC, de acuerdo con las deci­siones unánimes del Senado Espa­ñol y Parlamento de Canarias, nun­ca debiera tomarse ni entenderse como argumento al servicio de inte­reses políticos; simplemente es un ejercicio de responsabilidad pública demandar su urgente creación dado que es una deuda de honor nacional como reclamara hace 100 años Lu­cas Fernández-Navarro.

 

El IVC continúa anclado en la ineptitud y falta de voluntad de quie­nes tienen la obligación de garanti­zar la seguridad de las personas por razones quizás inexplicables para nosotros, pero que en definitiva se encuentran muy estrechamente re­lacionadas con la ignorancia y la de­sidia. La cruda realidad, tan presen­te y continuamente reiterada a los largo de nuestra historia, es que "tiene que tronar para acordarse de Santa Bárbara", lo que referido al Instituto Volcanológico de Canarias significa que habrá que esperar a la próxima erupción volcánica o crisis sísmica. Muchas cosas entonces se­rán demasiado tarde. Fernández Navarro, Lucas (1911). Erupción volcánica del Chinyero en Noviembre de 1909. Anales de la Junta para la Ampliación de Estu­dios e Investigaciones Científicas, vol. 5, pp. 1-98.

(*) Además de Nemesio Pérez (Geoquímico), también firman este documento: Carlos E. Alvarez (Bió­logo), Carmen Arbelo (Edafóloga), Fernando Ayllón (Geólogo), Deme­trio Armas (Químico), José Barran­cos (Físico), Rafael Becerra (Geó­grafo), Marianela Brito (Geóloga), Susana Briz (Física), David Calvo (Geólogo), Juan Jesús Coello Bra­vo (Geólogo), Javier Dóniz (Geó­grafo), Antonio Eff-Darwich (Físi­co), José María Fernández- Pala­cios (Ecólogo), Francisco García-Talavera Casañas (Geólogo), Ra­fael Gosálvez Ubaldo (Geógrafo), Elena González Cárdenas (Geógrafa), Luís González de Vallejo (Geó­logo), Luís Hernández (Geólogo), Manuel Hernández (Ingeniero Agrónomo), Pedro A. Hernández (Geoquímico), Dina López (Geóloga), Rayco Marrero (Geólogo), Juanjo Martín (Periodista), Gladys Melián (Geoquímica), Dácil Nolasco (Bióloga), Germán Padilla (Físi­co), Eleazar Padrón (Geoquímico), Antonio Rodríguez (Edafólogo), Miguel A. Rodríguez (Químico), José A. Rodríguez Losada (Geólo­go), Carmen Romero (Geógrafa), Antonio Santana (Geógrafo), Juan Carlos Santana (Técnico Especia­lista), Maica Solana (Geóloga), Francesco Sortíno (Geólogo), Eus­taquio Villalba (Geógrafo).