La izquierda indefinida
Juan Jesús Ayala
Releía el libro de Gustavo Bueno "El
mito de la izquierda" y me detuve, por preocupación, en ese nuevo concepto
o rodeo significativo que hace sobre la izquierda, titulándola de indefinida.
El ya fallecido Baudrillard, que anduvo por los vericuetos de la teoría del
simulacro, donde el espejismo era la certeza más palpable que la realidad,
dijo, y tenía razón, aquello de que la izquierda se encontraba en estado de
divinidad, no existía, que andaba por las nubes y que algún día, si el designio
de los dioses fuese propietario bajaría a la tierra y así la conoceríamos. De
momento, lo que existía de la izquierda era eso, un puro espejismo, un
esqueleto desguarnecido de identidad.
Gustavo Bueno lo que
nos quiere decir, y en consonancia con el filósofo francés, es que ese concepto
de izquierda indefinida es el que más pulula y el que más vende en el espacio
de la operatividad política, dado que hoy la izquierda no es otra cosa que una
derecha tangencial.
Si analizamos las
vicisitudes por las que ha pasado la izquierda desde que su valedor más
preclaro, Karl Marx, puso
en los libros la discusión de sus propuestas enmarcadas en "El
Manifiesto", así como estudiosos de la cuestión, por citar alguno más, lo
hacemos en el nombre de Leszek Kolakowski,
que define y rotula a la izquierda como portadora de utopías e inmersa en un
camino hasta hoy irrealizable, y que las generaciones anteriores, que sí
pusieron énfasis en propuestas de una decidida praxis, hoy están a años luz de
los principios y de todo aquello que gira alrededor de lo que debe entenderse
por una ideología de izquierdas.
A la izquierda, y
ateniéndonos al ejemplo de América Latina, se la ha revestido por sus líderes
de un populismo en el intento de poder sobrevivir como ideología confusa. Ahí
están Chávez, Evo Morales y Daniel Ortega, que juntos a Fidel, escondido tras
la sombra de su hermano Raúl, por imperativo de unos condicionantes económicos,
se han visto obligados a intervenir en sus países de esa manera, pero que su endeblez es palpable y muy cuestionada.
Son las grandes
contradicciones de la izquierda. Ya Marx lo dijo:
"El comunismo es la figura y el enérgico principio del próximo futuro,
pero el comunismo, como tal, no es la meta del desarrollo humano". Se
puede deducir, de ello, y por la vía de la contradicción, que lo que hoy se
considera la izquierda, visto lo visto, está en una permanente negación de sí
misma, como si le molestaran sus pronunciamientos ideológicos, de los que huye;
de los que hasta se escandaliza y disfraza tras este o aquel ropaje donde las
políticas "igualitarias" se difuminan, son irrealizables por la
tibieza de sus disponibilidades ideológicas como una izquierda consecuente y
definida.
El término de
"izquierda indefinida" es lo que se encuentra en organizaciones
políticas que se arropan bajo esta ideología que se ha ido descomponiendo en el
tiempo, en una historia a veces incontrolable que ha hecho de ella pura
caricatura y que, por supuesto, no tiene nada que ver ni con el origen, con el
socialismo científico y menos aun con los prolegómenos de una social-democracia
que se atemperó, que se imitó y que ha creado el espacio de su inexistencia.
Por eso llama la
atención que líderes que se titulan de izquierdas no se den cuenta de que están
barajando la ausencia, que permanecen inmersos en la indefinición y no por
nada, ni por nadie, sino por ellos mismos, que se han dejado engullir por sus
propias contradicciones de las que no se han podido zafar en el transcurso de
sus vivencias.
El mito de la
izquierda sigue funcionando y condiciona un verdadero galimatías instalado en
la conciencia de los que dicen ser y no son, de los pocos que son y no los
dejan ser, por lo que Gustavo Bueno, en este marasmo confusional,
incide en la convergencia ideológica de lo que se denomina izquierda, no por
nada, sino por que sí, sin debate y sin consideración alguna fundamental con la
derecha de la cual, paradójicamente, copia y emula.
Y así las cosas,
aquellos que militan en partidos que dicen ser de izquierdas, lo primero que
deben hacer es buscar una definición que sea coherente, consecuente, creíble,
dado que, de momento, la izquierda que tenemos delante, la de Rodríguez
Zapatero o la de Izquierda Unida, está muy lejos de sus orígenes, por lo cual
deben iniciar la búsqueda de sus identidades si es que pretenden dar con su
esencia y verdadero significado. Entretanto, eso, deambulan en la más pura
indefinición por más congresos que hagan en los que sólo dicen vacuidades o
funcionan como cortinas de humo, taponando las vergüenzas ajenas de un proyecto
político pseudoideológico totalmente descafeinado y desconceptualizado.