LAS HAMBRUNAS,

UNA CARA DE LA CRISIS MUNDIAL EN GESTACIÓN (y II)

 

Andrés García Montes

 

Con el debido respeto ruego al distinguido lector permitirme repetir el final del último párrafo con que concluyó la anterior entrega, para darle sentido de continuidad que estimo necesario y cuyo contenido es el siguiente:

 “…un ligero paseo por la historia reciente, demostrará esa verdad y de paso ratificará la enseñanza de la Dialéctica y el Materialismo Histórico y Dialéctico, vale decir: la aplicación del método científico de análisis que nos indica que. ”Nada ocurre por nada, todo lo que ocurre tiene su cómo y su por qué y todo lo que ocurre hoy, tuvo su origen en el pasado y tendrá su repercusión en el futuro”.

Es notorio el deseo de los verdaderos y auténticos culpables de este demencial holocausto de ocultar la real y genuina historia que está desembocando en este genocidio, esforzándose en hacer creer que esto es algo circunstancial nacido sólo por causas recientes, en el cual, el angelito del sistema social imperante no ha tenido ni tiene ingerencia alguna, la culpa es de la circunstancias, del proceso de desarrollo histórico, de la caprichosa naturaleza, de los atrevidos y groseros que se les ocurrió imitarles en el proceso de desarrollo, del incremento del costo energético, de la incapacidad de los ineptos del Tercer Mundo, de algunos individuos como el fracasado Bush, entre otras lindezas. Las numerosas declaraciones y análisis hechos por sus bien pagados agentes y propalados por los medios de comunicación  lo han venido imponiendo, cuidándose de nombrar y menos recordar al fundamental testigo que se llama Historia. Lástima que el hombre posea una facultad que se llama memoria y el singular testigo denominado Historia no tenga miedo, ni puedan asesinarlo.

El viejo adagio “La Historia no perdona” vuelve a ratificar su absoluta verdad, acompañado de la dialéctica “nada permanece estático, todo está en continuo y permanente movimiento y transformación”. Así tenemos que lo que era bueno y necesario para el sistema social capitalista al término de la Segunda Guerra Mundial (1945) hoy es diametralmente opuesto. Veamos:

El terror desatado por la Revolución Bolchevique y la consolidación de la Unión Soviética, en la segunda década del siglo XX, generó en las potencias capitalistas, las autodefinidas “Democracias Occidentales” dirigidas y constituidas por las metrópolis coloniales más poderosas, Francia, Inglaterra y Estados Unidos, en su descarado reparto de la hegemonía mundial después de los holocaustos de la primera y segunda Guerras Mundiales, se dirigió fundamentalmente a mantener al resto del mundo en total y absoluta dependencia, para asegurarse no sólo el pillaje, de seguir robando y saqueando sus recursos de toda índole, sino para prolongar por tiempo indefinido esa dependencia para seguir mamándole el sudor y la sangre y tener el poder para impedir que esos pueblos pudieran hacer las revoluciones que tanto temían. Que el problema fue profundamente analizado y las medidas fueron tomadas con la mayor premeditación y alevosía, lo denota el trato que le dieron a la Segunda República Española, donde no sólo obstaculizaron e impidieron que el pueblo español realizara la Revolución Demócrata Burguesa que ya había realizado el resto de Europa, sino que auspició la pérdida de la Guerra Civil y la supervivencia del fascismo por casi 40 años, condenándole a seguir soportando el condicionamiento al desarrollo y la evolución que el feudalismo sigue imponiendo en la sociedad española, pues las posibilidades de una revolución bolchevique en España, estimaban era muy elevada. A este señalamiento hay que sumarle lo más importante para el problema que analizamos, pues sus teóricos y analistas  tuvieron para la época muy claro, que del conjunto de medidas a tomar, dos destacaban por su seguridad, proyección y prolongación en el tiempo. Estos dos aspectos dirigidos a asegurar la dependencia y obstaculizar el desarrollo de los pueblos del Tercer Mundo son la alimentación y la tecnología.

En consecuencia, trazaron las políticas necesarias para lograr altos grados de dependencia en la soberanía alimentaria y en la tecnológica.

Muy a menudo oímos decir: “Después de la Segunda Guerra Mundial se ha dado el fenómeno del abandono por parte del campesino de las zonas rurales para concentrarse en los espacios urbanos”. Para aquellos que con sentido crítico y analítico utilizan el método de análisis metafísico, que es el que generalmente nos enseñan, incluso en las universidades” lo dicho es correcto y generalmente no van muchos más allá, pero para los que en conocimiento aplicamos el método científico, el problema surge en toda su estructura. No es necesario poseer facultades excepcionales para ver con claridad la causa de ese fenómeno y sus consecuencias. La alimentación es algo primordial, un pueblo y sus líderes que no tengan soberanía alimentaria, basta negarle su suministro para ponerles de rodillas. ¿Cómo olvidar que los países hegemónicos en contubernio con las clases dominantes de los países dependientes, crean las condiciones de máximo abandono y miseria en el campo para provocar la estampida migratoria de las familias campesinas a la ciudad? Conformando esas megaciudades que suman una multiplicidad de problemas de amplio y variado estirpe que como muro inflanqueable se levanta obstaculizando el crecimiento y desarrollo de los pueblos. De esta manera los hambreadores logran varios objetivos: por un lado, quedan grandes extensiones de tierras improductivas, ayudando de paso, no sólo a la dependencia alimentaria, sino que también libra a sus aliados los terratenientes de la presión social, al mismo tiempo que le dan argumentos para justificar la existencia de las tierras improductivas.

Largo sería enumerar el rosario de problemas que los cinturones de miseria crean en las ciudades. Lo que si queda claro, es como este juego determina un freno insuperable el desarrollo y evolución de los pueblos, condenándoles al subdesarrollo, al atraso, al hambre, la miseria y la más bestial dependencia. Si a esto le sumamos la compleja red que se ha venido tejiendo adaptando el proceso a los cambios evolutivos que se han venido dando en este último medio siglo, como la deuda externa, los tratados, las invasiones, el desigual intercambio en el comercio mundial, la fuga de cerebros, el traspaso de la tecnología en desuso, el subsidio a los productores agrícolas de los países desarrollados para producir excedentes y el monopolio de los mismos para fijar precios y suministros, el injusto reparto de la riqueza, la imposición y compra de conciencia y mil marramusias más, nos explicaremos la crisis apocalíptica que hoy amenaza la vida en el planeta y el desafío que hoy, se le plantea a la humanidad que para mayor gravedad y debido a las mentiras y manipulaciones de la mente de la población, ésta no tiene conciencia que estamos caminando al borde del precipicio. Veamos solo unos ejemplos:

Los llamados países ricos o desarrollados, tienen menos del 20 por ciento de la población mundial, pero ejecutan el 86 por ciento de los gastos mundiales. Consumen el 45 por ciento de toda la carne y pescado que consume el mundo, el 58 por ciento de la energía, disfrutan del 74 por ciento de las líneas telefónicas, consumen el 84 por ciento del papel que consume el mundo, poseen el 84 por ciento de los vehículos del mundo. Esta descomunal injusticia puede apreciarse mejor cuando señalamos la obscenidad de que 350 millonarios centralizan una riqueza superior a los ingresos anuales de 2.700 millones de seres humanos que sobreviven en el llamado Tercer Mundo. Un porcentaje inferior al 10 por ciento de los más ricos de la tierra centraliza más del 50 por ciento de las ganancias del mundo, mientras que un 40 por ciento de la población mundial que vive en el sur, subsiste con apenas un 5 por ciento de ese ingreso, su número sobrepasa los 2.600 millones de personas. La especulación y el monopolio de unos pocos permiten aberraciones como estas. En el 2006 en los países de la Unión Europea que comparten el euro como moneda, los beneficios de las empresas fueron del 40 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB).

Frente a estas insostenibles y brutales realidades, el sistema recurre a levantar falsas expectativas y promover esperanzas de resolver o equilibrar estas espantosas y criminales diferencias e injusticias. Un ejemplo de esta realidad lo constituye la recién concluida Conferencia sobre Seguridad Alimentaria, propugnada por la Organización para la Alimentación y la Agricultura de Naciones Unidas (FAO) celebrada en Roma.

La primera conferencia de este tipo también celebrada en la Ciudad de Roma, se realizó en 1974, bajo el esperanzador y prometedor lema que reza así: “Hoy hemos proclamado un objetivo ambicioso: dentro de una década ningún niño se irá a dormir hambriento, ninguna familia vivirá angustiada por el sustento de cada día, ningún ser humano verá malogrado su capacidad y su futuro por la mal nutrición”.

34 años después ¿Cuál es la realidad? Según las Naciones Unidas este mundo dirigido por los ricos asesina por hambre a 100 mil personas diariamente, no obstante a que existen recursos y tecnologías para alimentar el doble de la población mundial. Entre estos muertos están unos 16 a 18 mil niños que mueren en promedio 1 cada 5 segundos por hambre o enfermedades relacionadas por la mal nutrición, todo indica que las hambrunas que hoy castigan a la humanidad son provocados por un sistema incapaz de dar adecuadas respuestas a las ingentes necesidades alimenticias, no obstante de contar con los recursos necesarios, producto de las fuertes y controversiales contradicciones que caracterizan a las castas dirigentes y que componen la estructura del mismo sistema. Así los gobiernos de los llamados países desarrollados se niegan a eliminar los subsidios agrícolas, mientras imponen sus reglas al comercio internacional, donde sus voraces transnacionales establecen precios, monopolizan tecnologías, manipulan y certifican los canales de distribución y comercialización, imponen las fuentes de financiamiento, controlan el comercio de los insumos para la producción de alimentos. Controlan y dirigen el transporte, las investigaciones técnicas y científicas, las semillas y fertilizantes, plaguicidas y controles de plagas entre otros aspectos.

Ante esta inmisericorde arremetida, pequeños y medianos productores agrícolas, acorralados y arruinados, se ven obligados a vender a precios ínfimos no sólo sus cosechas, sino también sus parcelas de tierra y aquellos que alquilan las tierras las abandonan y emigran a las ciudades dejando el espacio libre a los grandes pulpos y a los terratenientes, al mismo tiempo que incrementan la dependencia del país, fortaleciendo el poder hegemónico de las potencias coloniales.

Sin embargo, aquellos valientes y corajudos productores que en el Tercer Mundo se enfrentan a la bestial jugada tienen que seguir enfrentando situaciones como éstas: los productores de los países subdesarrollados tienen que competir con los productos agrícolas importados, los cuales no sólo no pagan impuestos de importación, sino que están subvencionados en sus países de origen, mientras él, ha tenido que asumir los altos costos de los combustibles, implementos, fertilizantes y demás insumos necesarios para la producción. Por si fuese poco lo dicho, su coraje y valentía debe enfrentar la producción nacional más barata en manos de los latifundistas por éste emplear los adelantos tecnológicos que están fuera de su alcance, así se aprecia como la agricultura tradicional se ha ido eliminando sustituida por la industrial al servicio de los pulpos del agronegocio.

Los países ricos del norte, encabezados por Estados Unidos y algunas potencias de la Unión Europea, con el apoyo directo de fuertes organizaciones financieras internacionales, como el Fondo Monetario Internacional (FMI) banco Mundial (BM) Banco Interamericano de Desarrollo (BID) etc., han venido obligando e imponiendo al Tercer Mundo a abrir sus mercados para abarrotarlos de sus excedentes agrícolas subvencionados; con los que no pueden competir los productores nacionales con elevados costos de producción y sin los subsidios de que gozan los invasores. Esto ha jugado determinante papel en la ruina de la agricultura de los países del Tercer Mundo y en incrementar la dependencia en algo tan vital como la alimentación, tal como indica las políticas del reducido grupo de las potencias coloniales desde el fin de la Segunda Guerra Mundial,  como hemos dicho.

El caso de México –uno entre muchos– es elocuente; ya que narra con dramática realidad las terribles consecuencias de la dependencia y el sometimiento de los países dependientes a los dictados de los poderosos. Copio textualmente lo que dice el Diario VEA del jueves 10 de julio del 2008 “…uno de los casos más ilustrativos de esta situación es el de México, que se agudiza tras la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) firmado en 1994 con Estados Unidos y Canadá. El Tratado ha ampliado las enormes brechas existentes en la nación azteca. Entre una minoría rica y una mayoría cada vez más pobre que ya suma más de 50 millones de habitantes.

El TLCAN, al permitir la entrada libre o bajos impuestos de cereales y gramíneas como maíz y fríjol procedente de Estados Unidos, estimuló la quiebra de miles de campesinos mexicanos que no resistieron la desigual competencia.

Un estudio de la Universidad Autónoma de Chapingo (UACH) denunció que desde la entrada en vigor del TLCAN, el campo nacional atraviesa por la crisis más severa de su historia y la nación ha perdido 181 millones de dólares solo por omitir el cobro arancelario a las importaciones de fríjol de Estados Unidos y Canadá.

Si en 1966 el país no sólo se abastecía de fríjol, sino que exportó 102 mil toneladas y en 1978 vendió en el exterior 130 mil toneladas en los últimos años ha tenido que importar como promedio entre 160 mil y 180 mil toneladas.

A partir de 1980 México se convirtió en importador de este producto y actualmente es el sexto país comprador en el Mercado internacional. Como es de suponer, Estados Unidos es su principal abastecedor.

Investigadores de varias universidades mexicanas, como Alma Ayala Garay, aseguran que aproximadamente emigran al año 40 mil habitantes sólo de las zonas rurales, y de esos muchos se dedicaban a los cultivos de fríjol y maíz. La gente joven se aleja ante la falta de actividad en la parcela ya que los resultados no son suficientes para vivir y desarrollarse con sus familias. El destino obligado para la mayoría es tratar de cruzar la peligrosa frontera y venderse como mano de obra barata en los campos de Estados Unidos”.

¿Dígame amable lector, si este drama que se repite a lo largo del mal llamado Tercer Mundo, no encaja perfectamente en las políticas trazadas 60 años atrás por las potencias coloniales? Los mismos que se autodefinen como las muy progresistas y civilizadas “Democracias Occidentales”. Son los mismos que crean las dramáticas condiciones de hambre, miseria, pobreza y desolación, que expele a centenares de miles de hambrientos y desesperados emigrantes, para recibirlos con muros, alambradas, racismos, xenofobia, leyes criminales, desconocimiento de los más elementales derechos humanos y un largo etc.

Es cierto que diversas causas se han dado la mano para junto a lo dicho ir conformando una crisis mundial aún en gestación, que amenaza la posibilidad de la vida en el Planeta Tierra. Entre las consecuencias ya visibles se anuncia que más de la mitad de la población del mundo sobrevive con 2 dólares diarios y entre 800 y 1200 millones viven en pobreza extrema con 1 dólar o menos diario, son los que alimentan la terrorífica suma de 100 mil muertos diarios por hambre.

La causa principal de esta debacle nos la dice el investigador Shaw Hatting, en la Revista MRzine en su trabajo titulado: “Liberación de Alimentos, Comercio de la Muerte”, al ofrecer elementos contundentes sobre este multimillonario negocio, al revelar las ganancias obtenidas en los tres primeros meses del año 2008, sólo por algunas transnacionales.

Los tres angelitos que ocupan los tres primeros lugares en el comercio de los gramos son: la Archer Daniela Midland con una ganancia de 1.150 millones de dólares para un crecimiento de un 55 por ciento, la Cargill con 1.030 millones de dólares para un crecimiento de 86 por ciento; la Bunge con 867  millones de dólares para un crecimiento de 189 por ciento. Todo en comparación con igual período del año pasado.

Entre las que se dedican a distribuir y comercializar las indispensables semillas, pesticidas, herbicidas, se mencionan a la Monsanto con un beneficio de 2.230 millones de dólares, para un crecimiento del 54 por ciento y la Dupont Agriculture and Nutritron con 786 millones de dólares, para un crecimiento de un 21 por ciento.

En cuanto a las que monopolizan los fertilizantes sobresalen Potash Corporation con unos ingresos de 66 millones, para un crecimiento de 185,9 por ciento y la Mosaic (perteneciente a la Cargill) 528,8 millones de ingreso para un crecimiento de 1.200 por ciento. Todo está referido a igual período del año 2007.

Estas transnacionales junto a otro reducido grupo como la Syngenta, Unilever, Nestlé etc., controlan el 85 por ciento del comercio de granos, el 83 por ciento del cacao, el 80 por ciento del plátano, el 60 por ciento del aceite vegetal y el 55 por ciento de los lácteos, mientras los monopolios de la distribución de alimentos a escala mundial como Wal-Mart, Tesco o Carrefour, se siguen jactando que sus fabulosas ganancias siguen creciendo en abultados porcentajes.

Estas monstruosidades no pueden generar otras reacciones que multitudinarias manifestaciones de rechazo y protesta principalmente en los países más pobres como: Haití, Egipto, India, Paquistán, Somalia, Senegal, Mozambique, Burkina, Faso, Camerún, Costa de Marfil, Mauritania, Filipinas, Yemén, Guinea, Indonesia, Bolivia, Etiopía, Bangladesh, entre otros.

Esta es la realidad del mundo 34 años después de aquellas esperanzadoras consignas bajo las cuales se celebró la primera conferencia mundial sobre la Alimentación, efectuado en Roma bajo los auspicios de la Organización de las Naciones Unidas, en 1974.

Ante la gravedad actual de la crisis alimentaria se promueve una Conferencia de Alto Nivel sobre Seguridad Alimentaria organizada por la Organización para la Alimentación y la Agricultura de Naciones Unidas (FAO) celebrada en Roma y recién terminada. Dada la presión de la crisis y las numerosas declaraciones de importantes personeros, levantó grandes y bien fundadas expectativas, propaladas por los medios de comunicación que generaron esperanzas y creencias que ahora dadas las circunstancias  se iba a enfocar el problema con la debida seriedad y en su verdadera y auténtica dimensión, esta concepción encontraba una buena base en las declaraciones de filósofos, intelectuales, filántropos tenidos por burgueses y aliados de los mismos, que hacían heroicas declaraciones señalando como culpables de la crisis a la producción de los biocombustibles, los subsidios de los países ricos a sus productores agrícolas, a los monopolios en la comercialización y distribución de los alimentos, a los altos precios de los mismos entre otros. Todo indicaba que la cumbre iba a ser interesante. Pero cuando en dicha conferencia un conjunto de valientes y autorizadas voces comenzaron a señalar las verdaderas y auténticas causas de la crisis como el Sr. José Ramón Machado Ventura representante de Cuba quien acusó a los países desarrollados de negarse a eliminar “los escandalosos subsidios agrícolas (80 mil millones de dólares en el 2006) mientras imponen sus reglas al Comercio Internacional. Al mismo tiempo que señaló a las voraces transnacionales que no sólo imponen los precios, sino que monopolizan las tecnologías, imponiendo injustas certificaciones y manipulando a su antojo la distribución de los alimentos”. A esta voz se unieron otras como la de Bolivia, Venezuela y otros, comenzaron a caerse las caretas; entre ellas, las del Secretario General de la ONU, Ban Kimón, quien sin sonrojarse y desconociendo sus declaraciones anteriores y desmintiendo a todos los filántropos dijo: “la liberación es un objetivo humanitario”, en otras palabras; para él, el capital es el objetivo humanitario y no los pueblos hambrientos. Esto coincide con la fuerte incongruencia que asumieron las naciones llamadas desarrolladas que propusieron entregar ciertas sumas de dinero para “solucionar” la asfixiante situación de los países más pobres. Ni una palabra sobre las deformaciones estructurales implantadas por el sistema social capitalista. Fiel a esta realidad la declaración final se limita a pedir la eliminación del hambre en el mundo, a no utilizar los alimentos como un instrumento de chantaje -agregando al final- “Nos comprometemos a eliminar el hambre y a asegurar los alimentos para todos“ ¿Qué confianza pueden despertar estos vendedores de mentiras e ilusiones? Esta burla deja a cada quien, el Cómo lograr tal objetivo.

Después de este paseo analítico sobre el terrible espectro del hambre que ya deja sentir su terrorífico peso en la humanidad, algunos aspectos no dejan espacio para posibles dudas. Comencemos por la mentira que eso es algo que se presentó repentinamente y es culpa de los caprichos de las circunstancias y de la naturaleza. Eso tal como se señaló, tiene vieja data y su causa la origina el miedo y el terror que el sistema social imperante siente por el progreso, desarrollo y evolución de los pueblos, en otras palabras; a los procesos revolucionarios. Otro aspecto a señalar es que la crisis es provocada, pues queda claro que la humanidad cuenta con suficientes recursos, tanto naturales como técnicos, para evitar el holocausto que ya empezó, pues para aquellos que no quieren aceptar como ciertas las declaraciones de autorizados personeros sobre el hecho que el mundo actual tiene capacidad para producir y alimentar al doble de la población actual del mundo, les invito a pensar solo en los centenares de millones de hectáreas de tierras improductivas que pueblan el Tercer Mundo, como producto de las políticas del mundo rico para mantener su hegemonía, implantar sus monopolios y ejercer el dominio sobre el mercado. Otro aspecto a destacar es el manifiesto interés de un reducido grupo de poderosos, no sólo en mantener la crisis, sino en profundizarla, pues no hay otra posible explicación al desmesurado incremento de precios, a seguir incrementando la producción de agrocombustibles, del rotundo fracaso en el pasado junio de la Conferencia Mundial sobre la Alimentación, convocada por la FAO y celebrada en Roma, entre otras demostraciones.

Ante esta realidad ¿Qué espacio queda para desconocer y menos desmentir lo dicho por Fidel Castro en sus ya famosas reflexiones? Aunque ya las transcribí en anterior entrega, pido permiso para volver a repetirlas, pues estimo que su trascendencia lo reclama. “Entre otras cosas decía el 28-03-2007 en una larga reflexión titulada Condenados a Muerte prematura por hambre y Sed más de 3.000 millones de personas en el Mundo. En este trabajo denunció la idea siniestra de convertir los alimentos en combustibles, elaborado por el Presidente Bush como línea de la política económica de los Estados Unidos. Más adelante Fidel criticó la intención de Europa de usar no sólo el maíz, sino también el trigo, las semillas de girasol, colsa y otros alimentos, para la producción de biocombustibles. Eso ocasionará -escribía- un auge de la demanda, un alza colosal de precios de estas materias primas alimentarias y una crisis humanitaria de consecuencias trágicas”. Casi año y medio después lo que parecía un exabrupto se ha convertido en profecía, planteando un interrogante: ¿Qué puede originar esta colosal monstruosidad?

Hay razones para pensar que el Sistema Social Capitalista es consciente de que no tiene capacidad para dar respuestas a las múltiples necesidades que plantea el crecimiento demográfico mundial y en ello se está jugando su propia existencia, ha decidido reducir la población mundial a parámetros donde puedan asegurarse la hegemonía y su propia existencia, la cual está entre 3.000 y 4.000 millones de personas. Al mismo tiempo convierte esta horrible tragedia en un gran negocio. El antecedente que mejor señala este razonamiento es la campaña mundial en la década del sesenta del pasado siglo XX, dirigida a esterilizar a las mujeres, principalmente del Tercer Mundo, la cual tuvo éxito en el llamado Primer Mundo, pero un total fracaso en el llamado Tercer Mundo, quienes en 50 años duplicaron la población mundial.

Aunque el razonamiento dado suene inconcebible, monstruoso, inhumano, detestable, no debemos olvidar que si bien eso representa el más monstruoso genocidio que conoce la Historia de la Humanidad, lo que se está jugando es la vida, la existencia del sistema social, y ya existen antecedentes. Una voz autorizada como la de Eduardo Galeano, en su magistral obra Las Venas Abiertas de América Latina asegura que cuando los europeos llegaron a América el Continente tenía entre 70 y 90 millones de habitantes. 150 años  después que terminó la Conquista no sobrepasaban los 4 millones y medio.

Concluyo manifestando a mis amables lectores que quiero y deseo estar equivocado.