El libre albedrío
Ramón
Moreno
Esa potestad de obrar por reflexión y elección no
es, en absoluto, libertinaje o hacer lo que a uno le de la gana. ¡No! La
libertad de cada uno -ese preciado tesoro personal- termina exactamente cuando
empieza la libertad de los demás. Y este es un principio básico de la
democracia, y de la propia convivencia, que no admite dudas ni vericuetos.
Y es, justamente, en
aras de ese libre albedrío -tan denostado, por otra parte- que yo no voto hoy,
y tampoco me quedo en casa.
Porque a ese derecho
humano del sufragio universal le corresponde, en igual medida, el mismo derecho
de abstención, que he venido ejercitando en todo este tiempo, aunque los
candidatos de todas las fuerzas políticas siguen insistiendo -elecciones tras
elecciones- en la perversa mentira de que si no se vota (a su formación,
naturalmente), "ese voto va a los otros partidos". ¡Tremenda falacia!
Aunque, claro, así podrán decir luego que ellos son los "representantes"
del pueblo con todo cinismo. ¡Nada más lejos de la realidad! En todo caso,
"representantes" de la parte alícuota del cuerpo electoral que haya
votado a su partido. Téngase en cuenta, que en todos los comicios la abstención
está directamente relacionada con la participación. Esto es, la diferencia
entre los votos emitidos del global del censo electoral y las abstenciones, es
la participación real; y después, entre los votos escrutados se contabilizan
los votos nulos y en blanco. ¿De qué representatividad, pues, estamos hablando?
Y hablando canario,
precisamente, como siempre he hecho, quiero decir que yo me abstengo de votar.
¡Sí! Ya lo ha dicho expresamente
Por tanto, yo, como
auténtico y verdadero nacionalista -"convicto" y "confeso",
reitero-, proclamo públicamente mi condición de "insumiso electoral",
y mi negativa a votar en unas elecciones generales españolas, impuestas por "imperativo
legal", para seguir preservando los espúreos intereses españoles en esta
colonia. No creo para nada en este sistema, ni en esa democracia a la española
que padecemos; una demoníaca "partitocracia"
donde, efectivamente, "el que se mueve no sale en la foto". Con unas
listas herméticamente cerradas, en las que sólo son protagonistas los cabezas
(que no pensantes) de cartel, en detrimento de sus "acompañantes",
que quedan relegados a meras comparsas. Y donde todo vale, según se esté en la
oposición o en el poder, en una descalificación permanente del contrario; y lo
que es peor, en un indisimulado proceso hacia un
feroz bipartidismo de las fuerzas mayoritarias, ninguneando
a las minorías, con las que terminan pactando, por aquello de la
"gobernabilidad". A imagen y semejanza del modelo anglosajón, en una
burda, esperpéntica y ridícula puesta en escena, copiando las prácticas de los
partidos Laborista y Conservador británicos, y de los Demócrata y Republicano
estadounidenses, de los que están a años luz.
En este territorio de
ultramar, la cosa tiene un "valor" añadido, porque son los mismos de
siempre -elecciones tras elecciones-, haciendo gala además, de un inusitado don
de la ubicuidad, como cierto presidente de Cabildo, que a la vez es
parlamentario autonómico y senador, ¡y que repite! Lo que constituye -a mi
juicio- no solo una indecencia política, y una inmoralidad personal, sino
también un intolerable insulto a la inteligencia del pueblo canario, y un
detestable desprecio a sus correligionarios, tan "sumisos", "obedientes"
y "disciplinados." ¡Y no es el único caso, como es público y notorio!
Luego tenemos esa encorsetada ley electoral de la proporcionalidad -que prima a
los partidos mayoritarios- en la que, en la práctica, "un hombre no es un
voto"; en función de la calculada circunscripción insular, por la cual, un
escaño en El Hierro no cuesta el mismo número de votos que uno en Gran Canaria,
por ejemplo. Todo ello, redunda en beneficio de los partidos estatalistas, con más medios, y cuyas
"franquicias" operan en todas las Islas. Sin olvidarnos de la
confrontación soterrada, presente en todas las elecciones: nacionalismo español
Vs nacionalismo periférico, tan nefasto para los
intereses canarios.
La situación, por
consiguiente, está meridianamente clara. ¡Ni estas elecciones de hoy, ni
tampoco las que tengamos que soportar todavía -sean de la naturaleza que sean-,
van a resolver los graves problemas de Canarias! Un "territorio
nacional" español en África que, repito una vez más, la legalidad
internacional ya no contempla ni ampara hoy en día, en pleno siglo XXI. Y en el
que, el decimonónico y periclitado criterio de "soberanía política"
(subterfugio legal para dar "validez" a la apropiación de territorios
por la fuerza de las armas, como fue el caso flagrante de nuestro Archipiélago)
mediante el cual España sigue apuntalando la artificiosa e insostenible
"españolidad de Canarias", es contrario y opuesto al principio
emergente de "localización geográfica", consagrado en la doctrina y
los preceptos del Derecho Internacional contemporáneo. ¡Ese es el verdadero
nudo gordiano de la cuestión!
Así que yo sólo iré a
ejercer mi derecho a voto, decidido, orgulloso, feliz y contento, cuando se
celebre el inaplazable referéndum de autodeterminación, ¡un derecho inalienable
e imprescriptible del pueblo canario! (en el que, por cierto, no podrán votar
los colonos españoles afincados en Canarias); y que será la culminación de
nuestro proceso descolonizador, cuyo plazo expira en el 2010. Y, por supuesto,
el día que haya que sancionar nuestra propia Constitución, que nos consagrará
como
Y es que España, la
potencia colonizadora, desde hace más de cinco siglos, no es mi patria. ¡Nunca
lo ha sido! ¡Mi Patria, mi única y verdadera Patria, es Canarias, y obro y
actúo en consecuencia!