LIDESO
y los Dorian Gray
Alexandro Saco
Existe un debate del que no aflora una perspectiva
interesante: se trata de la discusión sobre el futuro de la izquierda. El
círculo no se cierra y ésta deriva en defensas y diatribas de una historia a
veces poco conocida y de unas perspectivas indefinidas. Paralela a esa
discusión se desarrolla una línea que tiene que ver con la defensa de lo que
conocemos como democracia; lo sorprendente es que todos se reclaman demócratas,
desde la derecha extrema hasta la izquierda radical, lo cual dice mucho del
concepto que va perdiendo su sentido original. Y para completar este triángulo,
siguiendo a Boaventura Do Santos, existe un marco que
el referido autor denomina la industria de los derechos humanos; en ella
perderían su sentido original reivindicaciones atendibles para ser parte de un
estado de cosas, al lado de actitudes y enfoques poco renovadores.
Esa realidad obliga a reorientar el discurso, las palabras, que finalmente son
las que darán el sentido a lo que queremos expresar. Pero junto a las palabras,
replantear también los puntos sobre los que las organizaciones estatales u
otras desarrollan y aplican sus criterios. Así, antes que el destino de la
izquierda, la democracia que no dice mucho y la llamada industria de los
derechos humanos, otros preferimos observar dos aspectos clave que resumen
aspiraciones y se separan de los conceptos desgastados. Libertad individual y desarrollo social,
LIDESO por sus siglas. Ambas ideas en su amplitud involucran un conjunto de
aspectos que distintas perspectivas políticas hacen suyos. El asunto es que
esas perspectivas políticas son incapaces de deslindar de sus atascos
ideológicos; nadie les pide que lo hagan tampoco. Lo que quiero decir es que
los que no crecimos al calor de los troncos del pensamiento de izquierda
deberíamos aspirar a una interpretación distinta de los recursos políticos para
generar mejoras sociales.
La libertad individual engloba una serie de aspiraciones legítimas que remiten
básicamente a lo personal, pero que no se logran sin una perspectiva que
considere éstas como derecho de todos en los distintos ámbitos de la vida. Por
su parte el desarrollo social implica una serie de condiciones que el Estado
debe brindar a la sociedad para que ésta tenga el principio de igualdad de
oportunidades y de acceso a servicios garantizado. De hecho lo señalado es algo
muy general, pero va en el sentido de encontrar un sincretismo político que
permita sobre esas dos bases superar posiciones tanto dentro del ámbito de la
izquierda cuanto frente a otras corrientes políticas. La libertad individual y
el desarrollo social son paralelos, no puede alimentarse uno en desmedro del
otro, y no es adecuado enfrentarlos. Por el contrario tengo la percepción de
que son justamente las sociedades que más han avanzado las que se han acercado
a garantizar estos dos elementos.
De tanto ser reivindicada y reclamada por unos y por otros en el país y en el
mundo, el concepto democracia
se ha difuminado y para muchos no dice nada. Se invaden países para llevar la
democracia pero se aniquila cientos de miles. Putin
se reclama democrático, Chávez también, Aznar se
presenta como cruzado de la democracia, García nos salvó de perderla, Bush gobierna democráticamente pero un fallo judicial le
dio el poder. Y así podríamos seguir encontrando las inconsistencias de lo que
se nos presenta como democracia. A la democracia la están matando, porque
reflejarse en el espejo como demócrata es políticamente correcto; pero el reflejo
es un Dorian Gray, un
demócrata cuyo lado invisible ha pactado con intereses indefendibles y/o se
asume salvador, mostrando su cínica sonrisa a las pantallas del mundo.
Por su lado los derechos humanos
marcan un concepto repetitivo. Prefiero llamarlos llanamente derechos. El
enfoque de los derechos humanos ha encontrado varias subdivisiones que
dispersan su sentido; de primera segunda y hasta de tercera generación, tal
como las reformas neo liberales son de primera segunda o tercera generación. O
son reformas o son derechos. Lo demás es buscarle la adjetivación
correspondiente a una organización administrativa. Los humanos tenemos
derechos, no es que los derechos sean humanos. Esos derechos los debemos exigir
frente a todo tipo de régimen vía los canales y las reivindicaciones que le
creamos al Estado, o que son preexistentes. Esos derechos remiten
indefectiblemente a las libertades individuales y al desarrollo social, y hasta
se podría decir que son naturales. Pero existe la necesidad de encontrar una
tras otra nuevas definiciones, cuando desde grandes conceptos podríamos
reorientar la escena política.
El debate sobre el futuro o la existencia misma de la izquierda tal y como nos
la refieren los que militaron en ella, es una oportunidad para dar el paso
producto del cual todo ese bagaje ideológico rescate su aporte fundamental, el
desarrollo social, y sea defendido como una línea política insustituible. Esa
línea debe intersectarse con la libertad individual
que no se opone al primer concepto, sino que ambos se retroalimentan. De ambas
grandes líneas derivan las demás posiciones o acciones relacionadas con el
ámbito interno y con la ubicación en el contexto internacional, que para ser
coherentes deben responder a los conceptos propuestos. Tengo la percepción de
que los que iniciaron las ideas socialistas y las liberales tuvieron que
quebrar una dependencia ideológica frente a lo que en sus respectivas épocas
era lo oficial y correcto; por eso existe la necesidad de una ruptura, en este
caso convocante de lo uno y de lo otro, sumada a una
necesaria concreción de los derechos y al uso indicado de la aspiración
democrática.
27 12 2007