Días de lluvia y fiesta
Wladimiro Rodríguez Brito
Sin lugar a
dudas, 18, 19 y 20 de diciembre han sido los días más bonitos del año, máxime
cuando tuvimos un 30 y 31 de julio tan duros para nuestra tierra. No sólo ha
llovido desde Teno hasta la punta de Anaga, sino que
esta situación se ha dado desde el Faro de
Sin embargo, sí hemos
visto que nuestra población se alarma con demasiada frecuencia y asocia a
fenómenos anómalos el que llueva en esta tierra, como fue el suspender las clases
en las Universidades, apareciendo como noticias a nivel del Estado, incluso con
algunas declaraciones de lamento por los posibles daños a la actividad
turística del archipiélago, cuando en numerosos puntos del archipiélago no sólo
en la zona sur sino incluso del norte, hasta las aulagas estaban secas. Así, en
Teno o en Agaete, el aspecto que tenía el territorio
el día 17 de diciembre era el mismo que el del mes de agosto.
Por ello decimos que
estamos de enhorabuena y, lo que es más importante en estos momentos, que hemos
de ser más humildes y aprender a convivir con la naturaleza, aunque tengamos
pocos labradores o campesinos, que hasta ahora siempre son los que están más
pendientes del tiempo y entienden más de lo que ahora llamamos "fenómenos
meteorológicos adversos", que antes, siempre se llamaba "buen
tiempo", pues no se entiende vivir en ningún territorio del planeta sin
agua y las lluvias nos traen el demandado líquido elemento. Sin embargo, sí
hemos de aprender con estas lluvias, como siempre, que los cauces de los
barrancos y parte de nuestras construcciones no están en las mejores
condiciones para evitar riesgos, tema éste recurrente cada vez que llega un
aguacero en el que hemos de conseguir una mayor colaboración de todos porque no
hay una Administración que pueda barrer los cauces de los barrancos como sí lo
hacemos en la calle del Castillo.
En estos momentos, la
cultura del coche nos ha dejado y, sin lugar a dudas, nos puede dar un disgusto
cualquier día precisamente por esa falta de respeto a las leyes de la
naturaleza y a un sistema de gestión muy empírico, pero que solía respetar
barrancos, pie de acantilados y zonas bajas en el que las lluvias se depositan
cuando nos visitan estas esporádicas borrascas del Atlántico, tan necesarias
para la supervivencia en esta tierra.
Por ello, estos días
debemos estar de fiesta puesto que las lluvias, incluso en las zonas quemadas,
han humedecido la piel de la isla sin que los barrancos apenas lleven agua y
ceniza al mar. Así, por ejemplo los barrancos de Icod El Alto, San Juan de
Hasta los pasados 18,
19 y 20 de diciembre, llevábamos nueve meses sin agua, salvo la lluvia caída la
pasada semana y tanto la vegetación como los agricultores llevan esperando este
tiempo. Eso no significa que tengamos duda sobre el proceso del cambio
climático o las consecuencias del mismo, pero estos aguaceros procedentes de la
borrasca son lo habitual en la temporada invernal en Canarias. Sin lugar a
dudas, este es el mejor premio de Navidad que podía tocarnos a los canarios.