DESDE EL GUINIGUADA

 

MADEIRA

 

Félix M. Arencibia

 

    Un hermoso lienzo de laderas pobladas de verdes y de coquetas viviendas de tejados rojizos surge mágicamente ante el objetivo de la cámara de Adargoma Martín. Se trata de Funchal, la capital de la Región Autónoma de Madeira, que se cuelga mansamente de las pendientes de la vertiente sur de isla de Madeira. En menos de una hora de vuelo viajó desde Canarias hasta estas bellas islas con las que compartimos la flora de la Macaronésica. Madeira es la única región autónoma perteneciente a Portugal junto a la de Azores. La forman la isla de Madeira, Porto Santo, tres islas menores llamadas Desiertas y las Islas Salvajes que están más cerca de Canarias, que la administra Portugal y que se las disputa con España. Adargoma quiere compartir con su amigo Joao de Souza, conductor de guaguas turísticas, su reflexión sobre su visita a la isla. Hola Joao:

 

    Estoy encantado de volver a conectar contigo, aunque sea a través del correo electrónico. Me ha resultado agradable en general mi estancia en tu hermosa isla. Me ha deslumbrado su verdor, sus bosques, el agua que corre por doquier o se precipita en cascadas hasta el mar. Me ha llamado la atención las estatuas erigidas a los capitanes fundadores o conquistadores Zarco y Tristao. Quizás ello se explique porque cuando llegaron no existieran aborígenes, aunque esto es difícil de creer siendo una isla de bastante riqueza natural. Aquí por desgracia también les dedicamos calles y plazas a conquistadores que se mostraron bastante sanguinarios. La naturaleza de Madeira me retrotrae a la época del famoso Bosque de Doramas cantado por nuestros poetas, entre ellos, nuestro insigne Bartolomé Cairasco. También a los tiempos de mi infancia en los que corría el agua limpia por algunos de nuestros barrancos durante todo el año. Los pozos y galerías horadados para el cultivo del plátano y el abastecimiento de una desorbitada población los han ido secando. El cultivo de la caña de azúcar y los ingenios azucareros fueron los primeros en deteriorar nuestros bosques; luego las viñas, la construcción y reparación de barcos, la utilización en viviendas, como combustible y la mala administración…

 

 Se le dio su puñalada mortal cuando al general Tomás Morales, no nuestro poeta sino el represor de los rebeldes libertadores americanos, se le concedió por sus méritos de guerra casi lo que quedaba del Bosque de Doramas. Ahí ha podido pasar lo mismo, pues ha habido cultivos de azúcar, viñas y otros, pero no ha pasado en la medida que lo ha hecho aquí. La longitud y latitud en las que está situada Madeira no lo explicaría todo. Ahí también ha crecido la población, unos 265.000, pero no tanto como los dos millones de habitantes de Canarias, respetando la diferencia de superficie.

 

¡Bueno, amigo Joao, ahora espero que visites nuestras islas! Te dejo con unos versos de nuestro poeta Pedro Lezcano: “Sufrid, llorad, amad privadamente / bajo las axilas de las escaleras…”.

 

http://doramas1924.blogspot.com

 

─ “La naturaleza de Madeira me retrotrae a la época del famoso Bosque de Doramas cantado por nuestros poetas, entre ellos nuestro insigne Cairasco.”