DESDE
EL GUINIGUADA
MADEIRA
Félix
M. Arencibia
Un hermoso
lienzo de laderas pobladas de verdes y de coquetas viviendas de tejados rojizos
surge mágicamente ante el objetivo de la cámara de Adargoma Martín. Se trata de Funchal, la capital
de
Estoy
encantado de volver a conectar contigo, aunque sea a través del correo
electrónico. Me ha resultado agradable en general mi estancia en tu hermosa
isla. Me ha deslumbrado su verdor, sus bosques, el agua que corre por doquier o
se precipita en cascadas hasta el mar. Me ha llamado la atención las estatuas
erigidas a los capitanes fundadores o conquistadores Zarco y Tristao.
Quizás ello se explique porque cuando llegaron no existieran aborígenes, aunque
esto es difícil de creer siendo una isla de bastante riqueza natural. Aquí por
desgracia también les dedicamos calles y plazas a conquistadores que se
mostraron bastante sanguinarios. La naturaleza de Madeira me retrotrae a la
época del famoso Bosque de Doramas cantado por nuestros poetas, entre ellos,
nuestro insigne Bartolomé Cairasco. También a los tiempos de mi infancia en los
que corría el agua limpia por algunos de nuestros barrancos durante todo el año.
Los pozos y galerías horadados para el cultivo del plátano y el abastecimiento
de una desorbitada población los han ido secando. El cultivo de la caña de
azúcar y los ingenios azucareros fueron los primeros en deteriorar nuestros
bosques; luego las viñas, la construcción y reparación de barcos, la
utilización en viviendas, como combustible y la mala administración…
Se le dio su
puñalada mortal cuando al general Tomás
Morales, no nuestro poeta sino el represor de los rebeldes libertadores
americanos, se le concedió por sus méritos de guerra casi lo que quedaba del
Bosque de Doramas. Ahí ha podido pasar lo mismo, pues ha habido cultivos de
azúcar, viñas y otros, pero no ha pasado en la medida que lo ha hecho aquí. La
longitud y latitud en las que está situada Madeira no lo explicaría todo. Ahí
también ha crecido la población, unos 265.000, pero no tanto como los dos
millones de habitantes de Canarias, respetando la diferencia de superficie.
¡Bueno, amigo Joao, ahora espero que visites nuestras
islas! Te dejo con unos versos de nuestro poeta Pedro Lezcano: “Sufrid, llorad, amad
privadamente / bajo las axilas de las escaleras…”.
http://doramas1924.blogspot.com
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“La naturaleza de Madeira me retrotrae a la época del famoso Bosque de Doramas
cantado por nuestros poetas, entre ellos nuestro insigne Cairasco.”