Mafersa
El 93% de los profesores de Gran Canaria reconoce que
actualmente existen situaciones de violencia en las aulas, tanto de los alumnos
contra los docentes, como entre los mismos escolares.
Este
es el resultado de una encuesta sobre violencia escolar realizada el pasado mes
de marzo entre un centenar de docentes de centros públicos de
La
muestra insular pone de manifiesto el alto índice de conflictividad que existe
en las aulas canarias y los efectos sobre el profesorado, ya que el 49% de los
docentes reconoce sentirse desmotivado con su trabajo y el 80% cree que las
dificultades a la hora de dar clase les afectan negativamente a su salud.
Siguiendo
con la encuesta, casi el 57% de los docentes considera que las situaciones de
violencia en las aulas son graves, mientras que el 43% cree que las más
frecuentes son las agresiones verbales, seguidas de las físicas (30%) y las
psicológicas (22%).
Por
otra parte, el 64,7% de los profesores reconoce también tener problemas a veces
para impartir sus clases, frente a un 19% que asegura que nunca tiene
dificultades, y un 13% que las tiene constantemente.
Es
por todo esto que
Hasta
aquí la noticia con los datos de la encuesta.
Es
evidente que el colectivo de profesores nos encontramos, ante un determinado
tipo de alumnos, totalmente desprotegidos por parte de la administración, y a
veces, hasta por la dirección del centro donde impartimos las clases.
Las
agresiones verbales a los profesores son casi a diario, no siendo nada raro que
un alumno llame hijo de p… a su profesor, sin que ello lleve consigo una
respuesta contundente por parte de la dirección del centro, ya que los
profesores no contamos con las suficientes medidas
disciplinarias, por lo que los alumnos conflictivos se hacen con el aula ante la
impunidad de sus acciones.
Si
se actuara con cierta severidad en la imposición de medidas disciplinarias ante
actos de cierta gravedad, con la
debida difusión de la medida correctora para que surta de ejemplo para el resto
de los alumnos, probablemente se evitarían males mayores, se evitarían las
agresiones sicológicas y, probablemente, incluso las físicas.
El
fracaso escolar ha crecido en todo el Estado desde el año 2000 hasta el último
curso 2006, hasta situarse en el 29,6%, una diferencia de tres puntos con
respecto al periodo de 2000, desde donde se había mantenido hasta el último
ejercicio en una tónica de 1,1 puntos.
Este comportamiento es casi general en el resto del territorio nacional, aunque
en el caso de Canarias, según se desprende del estudio elaborado por el periódico
profesional Magisterio, con datos del Ministerio de Educación y Ciencias, en
las Islas la diferencia del último curso con respecto al 2004 se han
incrementado en 2,9 puntos, lo que sitúa al Archipiélago en los lugares de
cola a nivel nacional, al registrar un 35,2%.
Este dato revela que Canarias sigue estando en los lugares de cola, junto a
Baleares, con el 38,2% y
La
violencia escolar; las condiciones de trabajo; la falta de disciplina; los bajos
resultados en las evaluaciones; la desmotivación del alumnado; la baja
autoestima de los profesores y
las presiones son algunos de los factores que hacen que el personal docente se
sienta abrumado y desconcertado, con fuertes contradicciones entre sus derechos
y deberes.
Cada
vez con mayor frecuencia los educadores padecen síntomas de lo que se conoce
como el síndrome de “burn out” o el síndrome de “estar quemado”.
Insomnio, depresión, intranquilidad, cansancio y tensión son algunas de las
características.
Una
de las causas principales del síndrome “burn out”consiste en el progresivo
aumento en las aulas de las agresiones verbales, desprecios e insultos, más que
las agresiones físicas.
El
hecho de que el docente aumente su esfuerzo mientras también va creciendo el
estrés -con signos de irritación, tensión, miedo al entorno escolar y una
percepción desproporcionada de los propios errores o lagunas- hace que el
educador se sienta vulnerable hasta en lo personal.
"Ningún hombre o
mujer es libre mientras no se convierta de hecho y de derecho en
ciudadan@"... y para ello un gran pilar es
En muchos institutos y
centros de formación profesional la impartición de formación en valores
humanos, ética, convivencia, y, en definitiva educación para la ciudadanía,
se convierte en imprescindible, ya que nada se saca con impartir enseñanza
reglada o formar laboralmente a los jóvenes, si sus actitudes ante la vida no
están de acuerdo con los roles que impone la sociedad, si no se integran en
ella, si no se convierten en ciudadanos que conozcan y exijan sus derechos, pero
también que cumplan con sus obligaciones.