MENOS
PROPUESTAS DE NUEVOS CARGOS
PARA
MAMANDURRIEAR, SEÑOR MATOS
Fidel
Campo Sánchez
El Grupo Municipal Socialista de
La intención de don Gustavo Matos nos podría
parecer de “gran altura de miras” si no fuera porque estamos cansados de
demagogias partidistas en lugar de realidades de participación más directa, a
través de lo ya establecido y no regulado convenientemente como:
a.-
Desarrollo del Reglamento de Participación Ciudadana para que la
administración local deje de caminar por esa senda equivocada del rodillo, los conchabeos, el pañito caliente y evitando la confrontación
democrática con los colectivos ciudadanos que participan en los actos propios
de los plenarios y hacer los posible de evitar las salidas de “cabo interino”
de los políticos, cual es y como mal ejemplo: “nuestro Grupo Municipal tiene
como norma – mala, malísima norma, señor Matos – no debatir con AA.-V V o colectivos ciudadanos.
b.- Laborar para los plenos del
Consistorio lagunero cuenten con un más que necesario Reglamento que regule,
que marque los tiempos de las intervenciones, así como las réplicas y los
cierres por quien haya iniciado los mismos.
c.- Un reglamento que rija la vida de los
plenarios y sus debates, también lo que será contribuir a mejorar el orden y la
claridad y agilizar los procedimientos como método para consolidar la libertad
de expresión, evitando que los mismos se conviertan en dialogo de sordos,
engorrosos, anodinos, descalificaciones fuera de la necesaria ética política e
interminables.
Para lo que estamos opinando lo hacemos
sobre la base de la experiencia que tenemos a cerca de cómo son elegidos el
Defensor del Pueblo y el Diputado del Común, sin elección libre y democrática,
pues, debemos señalar que la elección del mismo, del defensor del Ciudadano, ha
de ser pública y soberana y no producto de acuerdos espurios de la partitocracia.
Esta elección para el Defensor del
Ciudadano nos tiene que llevar, necesariamente, con respecto a la mala gestión
y las abulias de una Justicia conservadora, de la derecha más rancia, a que los
fiscales dejen de moverse en lo corporativo y a impedir que ese cargo, como
defensores de la cosa pública, sea sometido a la voluntad de las urnas para que
realmente ejerzan su función de acusadores y no de meros funcionarios, dentro
de un sistema judicial que está preciso
de una total renovación. Que se acaben, de una vez por todas, el que se muevan
dentro de unos estatus que, al fin y a la postre, se está manteniendo merced a
nuestros impuestos y que, además, dejen de vivir apoltronados y sumisos a esos
conservadurismos recalcitrantes que nos dejan indefenso, ante los abusos del
mal llamado poder político.
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