MANIOBRAS COLONIALES EN
Teodoro
Santana *
Con Juan Carlos Borbón como Jefe de Estado
en funciones, España entregó el Sahara Occidental al reino de Marruecos.
Posteriormente, con los gobiernos de la “democracia”, España continuó haciendo
regalos a la monarquía alauita: el reconocimiento
como marroquí del Banco Pesquero Canario Saharaui, la construcción con dinero
español del puerto de Agadir, la colaboración al
libre acceso de los productos agrícolas marroquíes a
Juan Carlos Borbón daba tratamiento de “hermano” al tirano Hassán
II. Tanto
Cada vez que un presidente de gobierno español visita al rey marroquí, éste le
recibe con un enorme mapa del “Gran Marruecos” a su espalda, donde no sólo se
incluyen Ceuta, Melilla y el Sahara Occidental, sino también a las Canarias. Y
sin rechistar. Por llegar, Maragall llegó a hablar de
una “Confederación Atlántica” donde pudiera estar compartida la soberanía sobre
el Archipiélago.
Es a todas luces evidente que Marruecos, con una simple “Marcha Verde”, puede
recuperar cuando quiera las plazas coloniales de Ceuta y Melilla. Si no lo hace
es porque le sale más a cuenta tener cogido al Estado español por los perendengues,
por un lado, y mantener viva una reivindicación nacionalista contra un
“enemigo” externo, por otro.
En ese contexto, ¿por qué se produce precisamente ahora la visita del rey
español a Ceuta y Melilla? Habrá que analizar las circunstancias españolas
en esa decisión. Y enseguida aparecen dos elementos de primer orden. Uno, la
difícil situación de una monarquía española con una contestación creciente y
unas encuestas que resultan muy preocupantes a los poderes fácticos del Estado.
Y dos, la cercanía de unas elecciones generales para las que el PSOE se ha
venido preparando sobre la base de arrebatar al PP la bandera rojigualda, de la españolidad y del “cierra España”. En la
misma línea hay que considerar la decisión de Garzón de abrir un proceso contra
unos cuantos altos jerifaltes marroquíes en relación con su actuación en el
Sahara ocupado.
Pensar que todo es una casualidad sobrepasa lo ingenuo. Como creer que la
visita (y las consiguientes reacciones en Marruecos) no están pactadas de
antemano al máximo nivel. Sobre todo, cuando también a Marruecos le conviene
desviar la atención de una crisis interna cada vez más aguda.
“Yo no trato pues de hacer ningún daño”-cantaba Brassens-
“queriendo vivir fuera del rebaño”. Todas estas maniobras son para el rebaño
embanderado a un lado y otro de la frontera. Pensar, hoy más que nunca, es un
acto revolucionario.
(*)Teodoro
Santana es miembro
del Consejo Nacional de UNIDAD
DEL PUEBLO