Esta
novela está situada en los alrededores de uno de los edificios emblemáticos
que se erigen a la entrada de Santa Cruz de
Tenerife, según se deja el puerto. Aniano no se aparta apenas de este
lugar. Su extremada obsesión lo hace rondar una y otra vez calles, plazas y
avenidas del entorno, persiguiendo incansable
la visión de Margara. Pero, ¿quién es Margara? ¿Es una mujer? ¿Un símbolo?
¿Ambas cosas a la vez? Quién sabe.
Su crítica a la sociedad santacrucera no es en absoluto diatriba,
y, aunque su discurso es acerado, el calor humano
que desprende es, sin duda, digno de elogio y de supremo alcance.