Un "maternalismo" mal entendido

 

Ramón Moreno Castilla

Esa "conducta" ha sido una constante histórica e histérica de la llamada "Madre Patria", España, con todas sus colonias. Un "maternalismo" mal entendido y peor aplicado, más propio de una "madrastra arbitraria" (que dijera Secundino Delgado en su poema "Mi Patria"): egoísta, acaparadora, tirana y cruel; que el que se le supone a una verdadera madre: abnegada, condescendiente, benefactora y comprometida con "sus hijos" que, a diferencia de la otra, sí está predispuesta a que logren su emancipación, constatada la mayoría de edad de éstos, y su inequívoca voluntad de andar solos por la vida, como han hecho todos los pueblos del mundo.

Pues ese, precisamente, es el caso paradigmático de Canarias: la primera y última colonia de España, que sirvió de base logística para la conquista de América (territorios que hace mucho tiempo se independizaron, formando parte, como Estados soberanos, de la comunidad internacional) y que, desgraciadamente, quedó rezagada de ese proceso descolonizador. Por ello, decía el pasado domingo que España debería tener de una vez por todas un gesto de magnanimidad con esta tierra, propiciando el diálogo y las negociaciones Canarias-Estado, tendentes al establecimiento del inaplazable calendario de descolonización; redimiéndose así de su tenebroso y sanguinario pasado colonial, de todos conocido. Lo que sería bien interpretado y asumido por el resto de la Europa comunitaria, máxime ahora, si consideramos el cercano horizonte del 2010, cuando expira el plazo impuesto por mandato de Naciones Unidas para culminar el proceso descolonizador en todo el mundo, ¡Archipiélago canario incluido!

Pero, lo verdaderamente lamentable de esta situación es que a los canarios nos han dejado solos y abandonados a nuestra suerte. Todo por una incomprensible e inhibidora "amnesia", con pérdida total de la "memoria histórica", por parte de todos esos países hermanos, que han olvidado que si hoy son Estados libres y soberanos -una vez lograda la independencia-, ello fue posible, en gran medida, gracias a la participación de numerosos canarios que lucharon y dieron su vida por aquellas "causas nacionales", contribuyendo decididamente a la liberación de muchos de ellos. De ahí, que sea más doloroso aún constatar que hoy en día, pasado el tiempo, sigan dejándonos de lado y desentendiéndose de nuestros deseos de ser libres y emanciparnos como ellos, ¡que también fueron colonias españolas! ¡No lo olviden!

Y tengan muy presente los Gobiernos de esos países latinoamericanos, con los que nos unen lazos fraternales de todo tipo, que a pesar de la cariñosa y hospitalaria acogida dispensada a los canarios obligados a emigrar -y que, por otra parte, escribieron páginas gloriosas en sus respectivas historias-, ¡siguen en deuda con esta tierra, y tienen un "pasivo exigible" con Canarias, que el devenir de los pueblos solidarios les obliga a "amortizar" cuanto antes! Por tanto, la cuestión no es que ahora nos "devuelvan la moneda" y la "contrapartida" sea "enviarnos" ese aluvión de "sudacas" (como los llaman despectivamente los españoles); entre los que destacan una amplia y variopinta representación del más puro y genuino "indigenismo sudamericano". ¡No! Lo ético, lo razonable, lo equitativo sería mostrarnos su apoyo y solidaridad a la "causa nacional canaria", en justa reciprocidad a como lo hicimos nosotros con las suyas. Sobre todo ahora, que vientos de democracia y libertar recorren Latinoamérica, y la figura y el mensaje del "Libertador" cobran vigencia, aunque bien es verdad, que para acceder a "mercados alternativos" en condiciones óptimas, es necesario consolidar primero el "mercado interior".

El pueblo colonizado de Canarias está demandando un pronunciamiento urgente de las repúblicas hermanas de América, a través de la OEA, que llegue nítido y claro a España (que, por cierto, tiene cada vez mayor presencia en esos países, con un neocolonialismo tan implacable y depredador como el de antaño), para que facilite la inaplazable descolonización de nuestro Archipiélago, según la Carta de Derechos Humanos de la ONU y la Resolución 1.514 de su Comité de Descolonización. Una presión diplomática imprescindible ante la racanería del Estado español de asumir los compromisos suscritos con esa Organización y aplicarlos sin reticencias ni cicatería alguna, a estos territorios insulares, a escasos 96 Km. del continente africano.

Lo que nos faculta, legítimamente, a instar a la UA a que se manifieste en este sentido, habida cuenta de que ya en el año 1978, la entonces OUA se pronunció al respecto, cuando la representación de todos los Estados miembros acreditados en su sede del país anfitrión, Etiopía, declararon solemnemente: "La pertenencia de todas las islas africanas a África" (OUA. Reunión des experts africains sur le Droit de la Mer. Addis Abeba, 19-22 Décembre 1978).

Canarias tiene que apelar a la solidaridad internacional de todos los países del mundo que también fueron colonias (inclusive, Estados Unidos), y recabar la necesaria ayuda y colaboración de los organismos citados, ya que España persiste en su actitud colonialista, intransigente y despótica, nada proclive a soltar Canarias, lo único que le queda del imperio debajo de las Columnas de Hércules. Primero, de la Organización de Estados Americanos, con cuyos países nos unen lazos consanguíneos y una historia colonial común, y, segundo, con la Unión Africana, con cuyos cincuenta y tres Estados que la componen tenemos grandes similitudes coloniales indiscutibles. Y donde el principio emergente de "localización geográfica" consagrado en el Derecho Internacional contemporáneo -¡que nos es de aplicación!- soporte del concepto de "independencia política", al que va inherente el binomio "población y territorio", anula jurídicamente el decimonónico criterio de "soberanía política" (subterfugio legal para dar "validez" a la apropiación de territorios por la fuerza de las armas), mediante el cual España sigue apuntalando todavía la anacrónica e indefendible "españolidad de Canarias".

Porque, a fin de cuentas, ¿qué podemos esperar de esa España ibérica, colonialista acérrima, que al nacionalismo canario, pacífico, democrático y emancipador, opone su fundamentalista nacionalismo español, apoyado por el impresionante aparato del Estado presente en nuestra tierra? ¿Y de esa Unión Europea, que colonizó y se repartió el continente africano, y nos cataloga eufemísticamente como RUP, junto a los territorios DUM franceses, Azores y Madeira?

Reitero una vez más que Canarias ya ha dejado de ser un asunto de Derecho interno español para convertirse en una cuestión de Derecho Internacional. Por eso necesitamos el reconocimiento y las mediaciones diplomáticas con España de la ONU, la OEA, la UA y de los demás organismos internacionales que procedan; como apelar, en última instancia, al TIJ de La Haya, que dirime los contenciosos internacionales.

¿Qué mejor interlocutor, en todos los sentidos, para América, Asia y Oceanía, de cara al continente africano y a la misma Europa, que un Estado Archipielágico canario, libre y soberano?

rmorenocastilla@hotmail.com