De
la megalomanía o de cómo recordar nuestro pasado:
211
años de la derrota de Nelson (y II)
1797:
entre lo real y lo deseable
Rubens Ascanio Gómez *
Como hemos visto, una serie de hechos
económicos y tácticos provocaron el ataque de Nelson a Tenerife. Ahora vamos
intentar ver como era la vida en las Islas en el tránsito entre los siglos
XVIII y XIX, así como el porqué ahora, 211 años después de estos acontecimientos
el Ayuntamiento de Santa Cruz se dedica a recuperar ese “glorioso” pasado.
En 1796, un año antes de la llegada de la
escuadra inglesa, tenemos al francés André-Pierre Ledrú visitando
En su descripción de Santa Cruz dice:
“La
población de Santa Cruz se estima en 8.390 habitantes, que se pueden dividir en
tres clases. La primera está compuesta por los magistrados, los propietarios
ricos y los negociantes, cuya mayoría son extranjeros; la segunda, por aquellos
que poseen una fortuna mediocre, tales como detallistas y los artesanos, y la
tercera clase, más numerosa que las otras dos juntas, la compone los mendigos,
cuya holgazanería e inoportunidad son indignantes”.
Sí, la mayoría de los habitantes de la “noble e
invicta” eran personas que a duras penas lograban sobrevivir, en gran parte
forzadas a la emigración.
En el siglo XVIII los canarios pagaron un tributo en
sangre mucho mayor que el de los 32 muertos isleños que cayeron luchando el 25
de julio de 1797.
Miles de canarios son de esta manera “animados” o
directamente forzados a cruzar el Atlántico por unas élites canarias, deseosas
de comerciar, y una metrópoli que pretendía quitar “vapor” a la olla a presión
que era la sociedad canaria del Antiguo Régimen.
Antes de 1797 los canarios se están asentando en los
Valles de Caracas, los Llanos Venezolanos, en el campo Cubano, en Santo
Domingo, Puerto Rico (donde entre 1719 y 1797 al menos fundan diecinueve
poblaciones), Texas, Louisiana y
Esta es sin duda la gran “Gesta” del siglo XVIII, la
de los isleños que fueron obligados a salir de sus casas por unas élites y una
metrópoli incompetentes.
En este sentido, en el año 1860, el Reverendo
norteamericano Charles W. Thomas escribe en su obra “Aventuras y observaciones
en la costa occidental de África y sus Islas”.
“Durante un
siglo, la madre patria ha hecho muy poco por estas islas, excepto oprimirlas
con su gobierno […] en partes de Tenerife las facciones guanches son visibles
en la clase baja. Son emprendedores y trabajadores, y bajo un gobierno más
favorable al desarrollo del genio y el trabajo serían una población con más
poder económico”.
Un poco más tarde, en 1883, la escritora inglesa
Olivia Stone comenta la extrema pobreza de la industria en las Islas y se
escandaliza por la extrema pobreza de los canarios:
"hasta extremos
de miseria y no tienen casi qué comer, salvo pescado salado y gofio".
1797: el mal
gobierno y el independentismo anexionista
En esta situación no nos debe extrañar que un sector de
la sociedad isleña, no beneficiado con el modelo colonial de exportación o que
creía que las Islas debían ser mejor atendidas empezara a buscar soluciones por
su propia cuenta.
Ya en 1767, trece años antes de la rebelión de Tupac
Amaru en Perú y mucho antes que el descendiente de canarios Francisco de
Miranda iniciara su lucha en defensa de la independencia de América Latina,
eran arrestados, en
Este posicionamiento de un sector de la población
isleña también puede tener una respuesta en las revueltas que se producen en
Cuba y Venezuela protagonizadas, en gran parte, por canarios a lo largo del
siglo XVIII.
En Cuba, el intento por parte de
Esta revuelta acaba con una durísima represión en
1723, con más de 61 muertos, entre ellos 11 fusilados por los españoles. Sí,
son muchos más que los 32 muertos isleños que provocó la “Gesta” de 1797 y que
el Ayuntamiento de Santa Cruz ha recordado a bombo y platillo.
En Venezuela también tiene lugar una importante
movilización popular contra
La metrópoli, en un intento de controlar el
contrabando que se ejercía en las costas caribeñas, utiliza a
Los pequeños agricultores, que en gran parte vendían
su producción para el mercado Europeo a través de los británicos, ven
gravemente perjudicada su existencia a favor de los grandes terratenientes
criollos.
En la década de los cuarenta del siglo XVIII los
isleños se rebelan contra la corona española, iniciándose el proceso en San
Felipe de Yuracuy.
El momento álgido de esta rebelión será el 19 de abril de 1749 (el año que viene
se cumplen 260 años del acontecimiento, en el que seguramente nadie gaste un
euro) en la insurrección encabezada por el herreño Juan Francisco de León
Mérida.
En el Diccionario Biográfico de Venezuela dice lo
siguiente:
"Con gente de Caucagua, Guatire, Guarenas, El
Guapo u otras comarcas se juntaron unos 800 hombres entre esclavos, indios y
canarios que con Juan Francisco León a la cabeza y banderas encarnadas
marcharon sobre Caracas entrando por Chacao"...."rodeó la casa del
gobernador con gente armada y al resto lo mandó apostarse en
La respuesta de la metrópoli no se hizo esperar y
manda dos barcos de guerra con mil soldados de infantería y mil de caballería
para apaciguar el territorio Venezolano. Finalmente logran capturarlo en
septiembre de 1751, enviándolo preso a la metrópoli, donde fallece en la
prisión de Cádiz al año siguiente.
Unos de sus hijos, también preso dirá:
"Pues ya
ve vuestra merced que nos toca la obligación de defender nuestra patria
Venezuela. Porque si no la defendemos seremos esclavos de todos ellos".
En las Islas estos movimientos no debieron de pasar
desapercibidos, en especial a los miles de canarios con familia y
conocidos al otro lado del Atlántico.
No es de extrañar la gran simpatía con la que reciben
muchos isleños los procesos de independencia o el deseo expresado por alguno de
los Libertadores de América por proceder a liberar el Archipiélago del mal
gobierno español.
En las primeras décadas del siglo XIX también nos
encontramos con la figura de Diego Barry, isleño nacido en
En una parte de la población canaria, por tanto, la
derrota de Nelson no fue vista en absoluto como una “Gesta” sino más bien como
un auténtico desastre para las Islas, sumidas en el atraso, el fanatismo
religioso y el mal gobierno.
No podemos saber como hubiera sido
Probablemente tampoco importó mucho, ya que sólo unas
pocas décadas después serán propiedad de los británicos la mayor parte de los
sectores fundamentales de la economía isleña.
El capital británico controlará la mayor parte de las
consignatarias, los almacenes de carbón, los astilleros, parte de los puertos,
la banca, los primeros hoteles y las más importantes compañías de exportación
de materias primas (barrilla, plátano, tomate…) hasta el periodo autárquico del
franquismo.
La “Gesta”
en el siglo XXI
No se si ha merecido la pena gastarse varios cientos
de miles de euros en trajes de época, en fuegos artificiales, sonido, viajes de
extras y publicidad para hacer creer a la gente de Santa Cruz que el siglo
XVIII fue una época de “soldaditos de plomo” con bonitos trajes…o ver desfilar
a Nelson y sus soldados de retirada por las calles de la ciudad (cosa que nunca
sucedió ya que Nelson no llegó a pisar el suelo de
Para las autoridades competentes es mucho más sencillo
y lucido convertir el pasado en un colorido y turístico Show. Tal vez las miles
de personas que asistieron a los actos les dieron la razón. Quizás esa fiesta
tan parecida a la de “moros y cristianos” de
Lo más probable es que pasados unos años la “Gesta”
vuelva a dormir en alguna gaveta institucional.
Tal vez hubiese sido más productivo para nuestra
historia y el patrimonio de la ciudad haber invertido ese dinero en recuperar
los restos del Castillo de San Cristóbal de una manera correcta, en prospectar
las costas de la capital para localizar los restos del ataque y conservarlos en
nuestros museos (tenemos hundida la balandra Fox en el entorno del muelle de
santa Cruz), en iniciar un Museo de Historia del municipio o a investigar y
conservar correctamente los fondos del Archivo Municipal.
Se que para algunos políticos del Ayuntamiento de Santa
Cruz y en especial los del PP, como el señor Ángel Llanos, es más atractivo
imaginarse ese pasado colorido de soldaditos con peluca, defensores de la
“madre patria” frente a la “Pérfida Albión” y de paso fomentar los valores
castrenses y el españolismo más rancio, cueste lo que cueste.
Sin duda la mezcla de intereses políticos y una
profunda falta de conocimientos sobre el pasado de nuestra tierra, en manos de
un gobernante que parece tener recursos económicos ilimitados para todas las
fiestas que se le ocurren, generan espectáculos difíciles de justificar y
deformadores de la realidad.
También el gobierno del Partido Popular de Madrid,
hace pocas fechas, se montó su propia fiesta costumbrista con motivo del 2 de
mayo de 1808 para fomentar el “fervor patriótico” tan del gusto de la derecha.
A algunos parece que le gusta pasar la historia por
una picadora para servirla fría y fácilmente digerible, simplificada y
moralizante para un público desinformado y escasamente crítico.
No era patriotismo lo que vivían los habitantes de las
Islas en ese momento, más bien miedo, explotación y desesperación por su
futuro.
Como he dicho anteriormente, los milicianos eran
sacados principalmente de las zonas
agrícolas de
“Todo aquel
que a cierta edad no está casado o no tenga madre dependiendo de él, está
obligado al servicio militar [en la milicia], y los que tienen estas
obligaciones deben buscar un sustituto o servir cuatro meses cada año en Santa
Cruz o cualquier otro lugar que tenga ejército estacionado en él”.
Estos jóvenes son usados como carne de cañón para un Imperio en el que,
todavía, no se ponía el sol (aunque por poco tiempo). Me pregunto lo que podían
pensar mientras veían desembarcar a los británicos y sus mandos de extraño
acento les obligaban a disparar.
Este año, viendo el programa de la celebración, parece
que nadie se ha acordado de ellos, de los que sufrían el fuego, los que no
podían desmayarse, los que luchaban para mantener
Me pregunto que pasaría por la cabeza de un joven como
el que pinta el señor Diston si pudiera ver en que se gastan los dineros
públicos los representantes de la metrópoli en el siglo XXI.
* Licenciado en Historia y
miembro de Alternativa ‘Sí se Puede por Tenerife’