’Memorial Day’, memoria selectiva

 

Justo Fernández Rodríguez

 

En Estados Unidos, cada año, el último lunes de mayo se destina a rendir honores a los caídos en todas las guerras en las que ha intervenido. La conmemoración comenzó en 1868, para recordar a los caídos en la guerra civil de 1861-65, aunque después todas las muertes han ocurrido en guerras internacionales en las que EE.UU. decía defender la noble causa de la democracia y la libertad de los pueblos. Durante este día se organiza una gran cantidad de ceremonias en todo el territorio nacional. Solo un temor ha ensombrecido la celebración; el encarecimiento de los combustibles y la hostelería hasta máximos históricos, junto al empeoramiento de la situación financiera de muchas familias podría reducir los desplazamientos y la conmemoración.


El pasado lunes, día 26, el presidente de EE.UU., George W. Bush, en el cementerio de Arlington, donde están enterrados más de 300.000 combatientes, lleno de visitantes, veteranos y familiares de soldados muertos en combate, ante la tumba del soldado desconocido, afortunadamente por última vez, rendía honores a los caídos en combate que murieron en "innumerables actos de valentía por la libertad y nuestro estilo de vida", "en un mundo en el que la libertad es constantemente atacada y en el que nuestra seguridad es desafiada y el gozo de la libertad, muchas veces, es comprado con el sacrificio de aquellos que sirven a una causa, más grande que ellos mismos".


Por último, Bush señaló, en medio del silencio de los asistentes, que "depende solamente de nosotros, si tenemos la valentía y el carácter para presevar a USA como la mejor nación en la Tierra y la única y mejor esperanza del hombre".


El candidato republicano, John McCain, ante algunos centenares de veteranos, confirmando su complicidad reaccionaria con Bush, propugnaba "mantener la lucha en Irak", considerando que la retirada "sería un error histórico de proporciones colosales". Barack Obama, aspirante a candidato demócrata, hablaba de su compromiso para "comenzar a traer nuestras tropas de vuelta de una manera ordenada". Hillary Clinton, también aspirante a la candidatura demócrata, más decidida, se comprometió con los padres de un soldado que se enfrenta a ser destinado a Irak: "Espero que si hace carrera en el Ejército, cuando yo sea presidente, comencemos a poner fin a la guerra y ustedes no tendrán que preocuparse respecto a que tenga que ir de nuevo".


Ni una sola mención por parte del presidente Bush y los candidatos a sucederle al millón de muertos iraquíes, entre civiles y miembros del ejército; los dos millones obligados a abandonar Irak o los cuatro millones que se han visto desplazados por la violencia desatada en sus zonas de residencia.


La propaganda que precedió a la invasión, con independencia de las mentiras de las armas de destrucción masiva y el inminente peligro para el mundo, para consumo universal, también intentaba engañar a los iraquíes con la promesa de resolver las persecuciones de los suníes contra chiíes y kurdos, amparados por el régimen de Sadam Husein.


Bush afirmaba, días antes de la invasión: "El régimen iraquí posee armas biológicas y químicas, reconstruye sus instalaciones para hacer más y, según el Gobierno británico, podría lanzar un ataque biológico o químico en 45 minutos". Ocultó que el "informe" del Gobierno británico, considerado como base para la invasión de Irak, del que dio cuenta Colin Powell, secretario de Estado de Bush, ante el Consejo de Seguridad de la ONU, había sido plagiado, en una buena parte, de un trabajo realizado por un estudiante californiano doce años antes.


En Irak, aparte de bombardeos aéreos, misiles y tanques contra una indefensa población civil, se han utilizado miles de mercenarios estadounidenses, sudafricanos, latinoamericanos y asiáticos, prohibidos por la Convención de Ginebra, que no han dudado en torturar, masacrar y asesinar ancianos, mujeres y niños, víctimas del antiguo régimen de Husein, en nombre de la "democracia y la libertad". Se ha duplicado el alistamiento de ex convictos. En 2006, 249 criminales obtuvieron el permiso de alistamiento en el Ejército. Agresores sexuales, convictos por amenazas terroristas y pederastas han sido admitidos en el Ejército de EE.UU., para cumplir la demanda de soldados de la guerra de Irak.


El ejército de EE.UU., desde el inicio de la invasión, ha detenido a más de 2.400 menores iraquíes, de los que mantiene bajo su custodia a más de 500, sin asistencia legal, ni educación, sometidos a interrogatorios durante días, por representar "una amenaza para la seguridad".


El número de veteranos de las guerras de Afganistán e Irak que se suicidan puede ser mayor que el de los que mueren en combate, debido a las carencias de los servicios de salud mental. Casi un 20% de los soldados que regresan de la guerra padecen trastornos psiquiátricos, por estrés postraumático o depresión, y sólo el 50% recibe tratamiento. Estas circunstancias han disparado las cifras de suicidios que, según un estudio de Rand Corporation, "es muy posible que superen a las muertes en combate" que, según el Departamento de Defensa, se acercan a los 5.000.


De los casi 30.000 heridos norteamericanos registrados, más del 90% se han producido después de aquel 1 de mayo de 2003, en el que, Bush, borracho de falso entusiasmo, desde el puente de mando del acorazado Missouri, proclamaba el cese de "la guerra abierta" y la victoria "de Estados Unidos y sus aliados". Cinco años después, hace dos días, la prensa recogía que en un ataque suicida al noroeste de Irak 16 personas resultaron muertas y 14 más heridas, en "pleno periodo de paz". Estas son las consecuencias de la estrategia bélica desarrollada por las multinacionales del petróleo y el armamento, por medio de los halcones Bush, Cheney, Rumsfeld y Wolfowitz.


La pasividad de la Iglesia ante los crímenes contra la población civil iraquí ha tenido excepciones. El sacerdote Carlos Novoa, doctor en Teología de la Universidad Javierana de Bogotá, ha publicado un análisis sobre los cinco años de la guerra de Irak, cuestionando el papel de EE.UU. y Gran Bretaña. Considera que la decisión unilateral de los gobiernos de Bush y Blair, con la complicidad de Aznar, de atacar Irak en contra de las decisiones del Consejo de Seguridad de la ONU, nos devuelve al imperio de la ley de la jungla. Los más serios analistas internacionales coinciden en señalar que los verdaderos intereses de la invasión de Irak fueron la implementación de un cierto orden geopolítico, el control de la segunda reserva petrolera del mundo, que posee Irak, y el desarrollo del negocio de las armas que, solo para 2006, contó con un presupuesto mundial de un billon 204.000 millones de dólares, cuyo 45% corresponde a EE.UU.


En España, la Audiencia Nacional, hace unos días, pese a las evidencias de la intencionalidad del asesinato de José Couso por tanquistas del ejército de Estados Unidos, ha revocado el procesamiento de los soldados norteamericanos que dispararon, conscientemente, contra los periodistas del Hotel Palestina, lugar donde se encontraba la prensa internacional, realizando sus funciones informativas, con conocimiento del mando militar estadounidense. Los cuatro periodistas, testigos presenciales de los hechos, consideran que la Audiencia los ha utilizado para exculpar al ejército de EE.UU. ¿Qué dice el Gobierno de Rodríguez Zapatero? ¿Sabe algo de los vuelos estadounidenses dirigidos al centro de tortura de Guantánamo? ¿Se van a tomar medidas?