Fidel Campo Sánchez
Ante lo vergonzante que nos resulta la
mendicidad en estas ínsulas y concretamente en
Nos llena de pena ver, además, los pocos templos que tiene sus puertas
abiertas, principal objetivo dentro de las visitas programadas por agencias de
viajes para los que nos visitan y puedan admirar el arte que los mismos
encierran en sus edificios, que la mayoría, en horas de visita permanecen
cerrados y cuando permanecen abiertos lo primero que encuentran nuestros
visitantes, a las puertas de los mismo es a personas de la etnia Romaní
pidiendo una limosna para dar de comer a sus hijos, ¿quizás debido al mal
funcionamiento de los SS.SS del Consistorio?
Todo un espectáculo deprimente para los turistas que se llevan como mal síntoma
al ver que personas que carecen de bienes materiales necesarios y
fundamentales, pidiendo la caridad para poder cubrir una parte de sus
necesidades vitales y alimentarías de sus niños.
En una reflexión que hacemos del tema trae
a nuestra mente cuando en tiempos ha, en el siglo XVI, los mendigos que eran
denominados como los parias, tenían sus campo de actuación en lugares de máxima
reunión social y principalmente por fuera de las iglesias, después de 1936/39
hasta 1970 aproximadamente, todos los jueves del mes teníamos preparado
nuestra limosna para dar a ciertos y determinados mendigos que eran
nuestros habituales “clientes” pero… en absoluto lo que hoy ofrece esta sociedad
y sus insensible políticos a los que vemos permanecer impasibles ante las
necesidades de nuestro prójimo, ya sean de étnia
Romaní o de otros que necesitan protección donde incluimos a tantos y tantos de
nuestros congéneres canarios a los que, con pensiones ridículas, se les viene
obligando a mal vivir bajo el umbral de la pobreza, contrastando con la media
de 4000 euros mensuales que cobra cualquier político del equipo de Gobierno los
4.500, la oposición, los señores Becerra y Abreu.
La limosna el la ofrenda para ayudar a los pobres que como consecuencia de las
desigualdades sociales y desde la antigüedad buscan refugio y pan para saciar
el hambre de pan y muchas veces del amor cristiano. Igual que Lázaro y el rico
Epulón de la parábola, los emigrantes que mendigan da la sensación que ya no
quedan mendigos canarios pero… lamentablemente es todo lo contrario habida
cuenta que si creemos esas estadísticas de Caritas, que por supuesto nos
merecen el máximo de credibilidad, nosotros podría incluir como mendigos a esos
400 mil canarios que mal viven bajo el umbral de la pobreza mientras los
políticos van con frecuencia a situar sus “ahorros”, a
Caridad no es solo dar limosna compadeciéndose con amor del prójimo, aquellos que
están necesitados de pan y sobre todo de Justicia sino y, además, es servicio
facilitando el bienestar a los otros.