Mis deseos para el
2008
Ramón Moreno
Castilla
¡Ya no hay vuelta atrás! hoy, 31 de diciembre, queramos
o no, termina el fatídico 2007, para dar paso a los 365 días con sus
correspondientes noches (y lo siento por los que padezcan de insomnio) del
nuevo 2008. Lo que significa, ¡y maldita la gracia que me hace!, que todos, sin
excepción, seremos un año más mayores, o más viejos, según se mire. O,
"menos jóvenes", como a mí me gusta decir, que además es como me
siento; sensación que, sin duda, tendrá mucha más gente llena de vitalidad y
rebosante de salud. Aunque ya se sabe que en este aspecto las personas tenemos
"varias edades": la que decimos, la que aparentamos y la que
realmente tenemos. Si bien es verdad que es metafísicamente imposible que las
tres coincidan.
Es curioso, pero cada
vez que llega un año nuevo uno tiene la percepción de que el anterior se fue
volando; y al evocar estas fiestas u otros acontecimientos señalados o
relevantes, todos recurrimos a la frase tan manida de: "parece que fue
ayer...". Pero, la realidad es que el reloj no se para, porque el tiempo
no se detiene. El tiempo, en su relación con el espacio, es inmisericorde y
cruel en una malévola y perversa simbiosis que va en detrimento de nuestra
longevidad.
Inmisericorde, porque
no tiene en cuenta para nada nuestras ansias de vivir; y sin la más mínima
consideración sigue su curso imparable e implacable, hasta el fin de nuestros
días. Y perverso, porque pasa olímpicamente de todo lo que sucede a su
alrededor, y le importa un bledo si vivimos bien o mal -sobre todo, las clases
más desfavorecidas-; hasta el extremo de que cuando adquiere la
"versión" climatológica, descarga toda la furia de esos fenómenos
meteorológicos en las mismas regiones -ya devastadas- superpobladas y más
pobres del planeta. El tiempo es insolidario por
naturaleza, y aunque a veces corra a nuestro favor, y ponga a cada uno en su
sitio, si él no quiere no hay calendario ni "hoja de ruta" que
valgan; y sus secuelas seguirán dejando huella indeleble en nuestras azarosas
vidas, por mucha resistencia que pongamos.
De todos modos, lo
importante -en mi opinión- es haber vivido nuestro tiempo dignamente, en paz
con uno mismo, siendo coherente con las propias ideas; y sin dejarnos influenciar
por nada ni por nadie (para lo que es necesario, obviamente, tener criterio
propio). Por otra parte, no es cierto ese tópico de que "cualquier tiempo
pasado fue mejor". Depende, ya que aquí entra en juego la subjetividad de
cada uno, y cada cual "cuenta de la fiesta según le fue". Y donde,
desde esa óptica, también influye la apariencia, al querer convencer a los que
nos rodean, de que uno salió indemne de tal o cual percance o contratiempo que,
en cambio, si afectó a los demás. Yo diría, como justificación, que esa actitud
es consustancial con el ser humano; una suerte de mecanismo de defensa ante lo
incierto o la incertidumbre, por aquello de que "más vale malo conocido,
que bueno por conocer", que, en realidad, es una forma de asumir los
propios miedos, y una incapacidad manifiesta de tomar partido en algo que nos
afecta. Una especie de fatalismo que se está volviendo irreversible, y que hace
inhibirse al sujeto de la realidad en la que está inmerso.
Total, que con tantas
disquisiciones parece que haya hecho abstracción del título sobre el que debía
escribir hoy, ¿no? Mis deseos para 2008 son muy concretos. En el plano familiar
y personal, deseo esas "tres cosas" que constituyen un preciado
tesoro para cualquier mortal: "salud, dinero y amor" (el trípode
sobre el que se sustenta el mundo), por ese mismo orden, y de ser posible, en
cantidades industriales. Lo mismo les deseo a todos los compatriotas canarios
estén donde estén (en la diáspora, o aquí mismo, aunque "ausentes");
y que cada cual establezca el orden en función de sus prioridades. Y además,
pido encarecidamente que entre todos hagamos lo imposible para que este pueblo
nuestro -lastrado aún por el alienante "síndrome del colonizado"-
recobre cuanto antes su dignidad y autoestima, para decir ¡basta ya! al actual
estado de cosas y obrar en consecuencia.
Mi otro gran deseo
para el nuevo año es que
¡Me niego en redondo,
y en cuadrado; en vertical, en horizontal, en oblicuo, y en todas las formas
posibles, a aceptar con resignación esa falaz creencia de que "cada pueblo
tiene lo que se merece"! ¡En absoluto! Es más, en nuestra tierra todo
efecto tiene su causa. Cuando a nuestro querido pueblo canario se le subyuga,
por "imperativo legal", aplicándole una Legislación instituida y
promulgada a
Por lo tanto, España
es la potencia colonizadora, sobre la cual recae la "carga de la
prueba". Nosotros, los canarios, sólo somos las víctimas propiciatorias; y
como tales tenemos todo el derecho del mundo a que se nos restituyan nuestra
libertad y libre albedrío. ¡Feliz 2008! (sólo, porque lo de
"próspero" está por ver).