Nacionalismo vs colonialismo

 

Ramón Moreno Castilla

¡He ahí el nudo gordiano de la cuestión! Sí, porque no es concebible, en modo alguno, que el nacionalismo canario no sea beligerante con el colonialismo español. Tal es así que, en la historia de todos los pueblos del mundo, el nacionalismo emancipador de éstos ha chocado frontalmente con el poder hegemónico y opresor que los colonizaba; y que en Canarias, posesión española de ultramar, tiene una presencia efectiva desde hace más de quinientos años, ¡que se dice pronto! Por eso decía en mi artículo anterior [1] que: o se es "nacionalista español", que es lo que ha venido predominando en todo este tiempo, o se es "nacionalista canario", con todas sus consecuencias. Bien entendido -reitero- que ambas posiciones son absolutamente incompatibles, antagónicas e irreconciliables. ¡Eso es así, exactamente! Es más, ¡el nacionalismo español es colonialista por antonomasia!

Todo lo demás, se diga lo que se diga, es un brindis al sol, fuegos de artificio, demagogia barata, confusionismo encubridor, conductas serviles, actitudes sumisas… con el único y deleznable propósito de mantener "sine die", al precio que sea, el obsoleto y anacrónico "statu quo" actual de Canarias, para seguir esquilmando esta tierra en la vorágine depredadora de auténtico saqueo y rapiña que ha caracterizado históricamente al devastador colonialismo español. Y que ha tenido -y sigue teniendo- la "necesaria colaboración" y la complicidad de esos seudonacionalistas de Coalición Canaria y sus adláteres (con el beneplácito de Madrid) y de los partidos nacionalistas españoles, PSOE, centro-izquierda, y PP, centro-derecha, que actúan para que nada cambie y todo siga igual.

Pero, cada día, el sentimiento y la conciencia nacionalistas van tomando cuerpo y cobrando fuerza, consolidándose, y el debate sobre la soberanía de Canarias está en la calle, abordándose sin miedo, pese a la abyecta "opinión publicada" y a la detestable manipulación de la mayoría de los medios informativos -al servicio de la metrópoli- que siguen defendiendo a ultranza la ya insostenible "españolidad" de nuestro Archipiélago. A pesar de todo, no hay que temer al futuro, que se presenta prometedor, ni debe haber la menor incertidumbre de que la única forma posible de cohesionar territorialmente Canarias y aglutinar y articular políticamente a nuestro pueblo, para que recobre su unidad, su libertad, su dignidad y autoestima y su personalidad, pasa, necesariamente, por la vía del auténtico nacionalismo canario, pacífico, democrático y emancipador que todos propugnamos.

Aunque lo lamentable de esta situación (aparte de las luchas por el poder entre CC-PNC, CCN y NC, que van de "nacionalistas") es que el espectro político verdadera y auténticamente nacionalista canario esté totalmente atomizado (con un "potaje" de siglas, incomestible) e inmerso en absurdas disquisiciones, extraviado en un estéril y nefasto debate político -¡que no toca ahora!-; empeñados en "cómo decorar la casa sin haber accedido a la propiedad de la misma", y con unos "líderes" autoproclamados que mantienen los mismos postulados que hace treinta años. Aferrados al pasado y con unas posturas intransigentes y poco conciliadoras, que han desembocado en desencuentros, enemistades, hostilidades y un sinfín de malas artes, impidiendo el necesario avance y unidad del campo nacional canario. Que estará estancado y dividido mientras persistan esas rémoras y no se haga la inexcusable y patriótica autocrítica, y se produzca la profunda y revitalizadora catarsis que regenere y dé credibilidad al nacionalismo que Canarias está demandando imperiosamente.

Porque, ¿a quién beneficia, en última instancia, la desmembración y los enfrentamientos fraticidas que se producen, desgraciadamente, en el campo nacional canario? ¡A España, naturalmente! Y no solo porque se está contribuyendo -quiero pensar que inconscientemente- a su canallesca e infame política colonial de "divide y vencerás", sino porque se están anteponiendo los personalismos y las ansias de poder al interés general del pueblo canario, que espera y desea fervientemente que demos la talla y estemos a la altura de las circunstancias históricas que nos ha tocado vivir. Así pues, seamos serios y coherentes, para que el nacionalismo que abogamos, única forma posible de resolver los graves y crónicos problemas que padece secularmente Canarias, sea creíble y asumido por todos.

Nuestra tierra está precisando, desde hace mucho tiempo, mujeres y hombres con "visión de Estado", y no colaboracionistas ni visionarios de la política que, lejos de aportar ideas innovadoras y planteamientos lúcidos y pragmáticos para conseguir la anhelada soberanía de Canarias, siguen enfrascados en discusiones bizantinas que no conducen a nada y nos llevan a ninguna parte. ¿Aún no se han enterado esos -bien intencionados, supongo- "Padres de la Patria Guanche" que la causa nacional no admite demoras y que en este proyecto no sobra nadie?

El nacionalismo canario ortodoxo debe ser, en primer lugar, integrador. No podemos permitirnos la irresponsabilidad política de rechazar a priori a los que a última hora abracen el nacionalismo, aunque antes hayan mantenido, por las causas que sean, posiciones ambiguas o indecisas. Eso sí, cuando lo hagan, debe ser sin eufemismos, inequívocamente. Ni, por supuesto, debemos poner obstáculos a las formaciones que, habiendo "jugado a nacionalistas" anteriormente, hayan reconsiderado sus posicionamientos anteriores y reconozcan abierta y públicamente, sin ninguna reticencia, el "hecho colonial canario" como premisa ineludible de su futura acción política. Sólo así, Canarias saldrá del ostracismo en que se encuentra postrada, podrá desempeñar el papel que le corresponde en el concierto de las naciones del planeta; y este pueblo será libre y soberano para escribir su propia historia y ser dueño de su futuro, ¡sin tutelas ni dictados de ningún tipo!

Y llegados a este punto, exigirle al Gobierno español de turno que propicie el diálogo y las negociaciones Canarias-Estado, en base al establecimiento del inaplazable calendario de descolonización, sin traumas y pacíficamente. Lo que sería interpretado en las cancillerías europeas como un acto de magnanimidad por parte de España, que se redimiría así de su tenebroso y depredador pasado colonial.

¿Cuál sería el problema si la "Madre Patria" considerara al fin la mayoría de edad del "primogénito de sus hijos" -con el que "crió y alimentó" al resto, que ya van solos por el mundo- y facilitara, sin falsos maternalismos, la emancipación de éste, léase Canarias?

[1] A vueltas con el nacionalismo

rmorenocasyilla@hotmail.com