La Nación Divina
Jorge
Díaz
Un hombre de
unos cuarenta y dos años, atractivo y con ojos claros detrás de unas gafas de
montura de carey, traje a medida y alzacuellos de color blanco entra con ademán
seguro en la sala donde comienzan a brillar los relámpagos de los flases. Se sitúa
detrás de la tarima y recibe el zumbido de las grabadoras con una sonrisa de
curso de comunicación avanzado. Es el portavoz de la Conferencia Episcopal,
una joya de la intelectualidad católica española. Sus declaraciones sin embargo
parecen surgir de las mazmorras de la Inquisición, de la noche oscura del Sacro Imperio.
Cualquiera que conozca la historia de España, reciente o lejana, que lo mismo
da, sentirá cierto escalofrío en la espina dorsal al oírlas. Huelen a carne
quemada, a hoguera que combate la herejía. Los católicos sólo deben votar a
partidos que defiendan la moral y la nación española. Eso dijo, y se quedó
tan tranquilo. Al fin y al cabo, él sólo es portavoz. No tiene que dar
explicaciones de semejante frangollo.
Pero yo sí
creo que alguien debe hacerlo. Como canario que soy, supongo que no debo pedir
explicaciones ningunas a la Conferencia
Episcopal Española, que así parece que se llama, por
semejante posición política. Ellos se lo guisan, ellos se lo coman. Pero creo
que puedo perfectamente pedir ¿o tal vez será mejor rogar? al Sr. Obispo de
Tenerife que me aclare algunas cuestiones. ¿Es pecado que un católico canario
sea nacionalista? ¿Puedo temer la excomunión si creo en el derecho de los
canarios a construir la soberanía nacional? ¿Y si soy independentista voy
directamente al infierno?
Me conformo
con que me conteste a esas tres preguntas. No voy a preguntar nada de la
connivencia histórica del imperialismo y el colonialismo con el papado. Ni de
las bendiciones que se impartieron a la esclavitud, a las encomiendas de indios
e indias, a los robos de tierras, la violación, el asesinato, y todos los
favores ideológicos prestados por la
Iglesia al latrocinio del Sur. No digo nada porque ya lo
dijeron otros muchos antes y porque parece que la Curia ya pidió perdón a la Humanidad, aunque fuera
con la boca chica. ¿O debo pensar que la Conferencia Episcopal
Española no comparte este punto de vista con el Vaticano?
Aprendí de
niño que la Iglesia Católica
había apoyado los crímenes del colonialismo cometidos en mi tierra. También me
dijeron que algunos religiosos, como el Padre de las Casas, Don Bartolomé,
habían denunciado aquellas horribles prácticas. Supuse, sin razones de peso, dicho
sea de paso, que aquellas historias habían pasado a la Historia, y ahora veo con
tristeza que no es así, que siguen ustedes militando para los poderosos.
Formando milicia para el Reino de Este Mundo. Entiendo que han decidido sus
ilustrísimas bajar al terrero porque no se fían de que D. Mariano pueda ganar
sin ayuda, pero si la Santa Madre
Iglesia se dedica a la política, ¿quién se ocupará del otro mundo? ¿Cuándo van
a ocuparse de este mundo los que lo cargan a hombros?
Ya advertía
Rousseau de que las religiones “no nacionales” son difícilmente compatibles con
la democracia. Un adepto de cualquier religión que no sea una religión propia
de una nación, bien podría desobedecer las leyes de la nación para convertirse
en soldado de la religión. Por eso, Sr. Obispo, le ruego que me aclare las
expuestas dudas. No considero ocupación digna de un hombre prudente dedicarse a
construir nuevas religiones, pero si la que me enseñaron mis padres me impide
actuar conforme a mi conciencia tendré que pensármelo. Mi anhelo es sencillo,
miles de millones de humanos lo disfrutan, ¿por qué me lo niegan ustedes? Sólo
quiero que en mi patria brille el Sol de la Libertad, como dijera Secundino. Canarias tiene reconocido derecho a figurar entre las naciones libres
del mundo, en plano de igualdad, en paz, y sin temer a los anatemas de religión
alguna. Y quisiera poder votar en ese sentido sin riesgo para mi espíritu. Y
como yo, más gente, que en esto de amar la libertad nunca estuve solo.
Dígale Ud. a sus colegas que hay isleños que si tienen que escoger
entre la salvación del alma o a la
Libertad de Canarias, escogerán siempre lo segundo ¿Puedo
decir que gracias a Dios?