Pedro Brenes *
El periódico madrileño El
Mundo publicó el día 1 de Agosto pasado, en su sección de economía, un
comentario, tomado a su vez de la agencia de prensa imperialista Reuters,
titulado Las nacionalizaciones en Venezuela durante el Gobierno de Chávez,
asegurando que: “Chávez inició en el 2007 su agenda para implantar una economía
socialista”.
No creo que pueda
reconocérsele ni a la agencia de noticias ni al diario -tan derechosos,
proimperialistas y voceros de los monopolios
internacionales la una como el otro- autoridad teórica para definir lo que es
el socialismo y lo que no lo es. Sin embargo, parece que la influencia de la
propaganda burguesa es más poderosa de lo que imaginábamos.
Asistimos, entre sorprendidos
e incrédulos, al curioso fenómeno de que, tanto en la propia Venezuela como en
el conjunto del movimiento internacional de izquierdas, más o menos socialista
y más o menos revolucionario, se ha establecido -el diablo sabrá por qué- la
verdad indiscutible de que en este país sudamericano se desarrolla nada menos
que una Revolución Socialista.
Sin embargo el artículo
citado dice, un poco más adelante, que “A principios de este año, el mandatario
continuó su cruzada nacionalista”. Aquí hay una evidente contradicción, porque
el nacionalismo y el socialismo son cosas muy diferentes, pero la utilización
de los conceptos de “economía socialista” y de “cruzada nacionalista” no son
más que torpes intentos de eludir los términos correctos, impronunciables para
los monopolios multinacionales, de “medidas antiimperialistas”.
La prueba de ello la
encontramos a continuación, cuando el mismo artículo hace una relación de las
nacionalizaciones del gobierno de Hugo Chávez:
Petróleo.-
Nacionalizadas las empresas propiedad de las multinacionales Exxon Mobil, Conoco Phillips, Chevron, British
Petroleum, Statoil y Total.
Siderurgia.-
Renacionalización de la multinacional Ternium Sidor.
Telecomunicaciones.-
Nacionalización de la empresa CANTV, propiedad como accionista de referencia de
la estadounidense Verizon.
Electricidad.-
Nacionalización de Electricidad de Caracas por medio de la compra del 82% a la
estadounidense AES Corp., y de la eléctrica Séneca comprando el 88% a la
estadounidense CMS Energy.
Cementeras.- Nacionalización de
las filiales locales de la mejicana Cemex, la suiza Holcin
y la francesa Lafarge.
Bancos.- Nacionalización
del Banco de Venezuela, filial del español Grupo Santander.
Esta relación demuestra
que el proceso de reformas democráticas que se viene desarrollando en
Venezuela, tiene como objetivo la recuperación de las empresas y los recursos
naturales del país de manos de los monopolios extranjeros. Lo que
confirma que estas medidas no tienen carácter socialista, sino
democrático-burgués antiimperialista.
La burguesía nacional
venezolana, si exceptuamos algunos grandes latifundios improductivos o
infrautilizados, no ha sido afectada por el programa de nacionalizaciones. Por
el contrario, participa directamente en él -por medio de su influencia sobre el
gobierno, el presidente y el partido socialdemócrata “unido” en el que se
apoyan- y se beneficia de una situación económica que les permite cada vez
mayor libertad de acción, y posibilita su conversión en clase dominante, al
derrotar a la fracción de la burguesía intermediaria dependiente de los
monopolios imperialistas.
Es más, el líder
indiscutido de
Ya sabíamos que existen
muchas clases de socialismo (y de revisionismo), pero mantener que debemos
aceptar a la burguesía nacional (superadas ¿cómo no? las anticuadas e
históricamente desfasadas ideas sobre el papel dirigente de la clase obrera y
su partido de vanguardia en la destrucción del capitalismo), como
dirigente revolucionario, nos parece francamente excesivo.
Sin embargo, es
precisamente esta fracción nacional antiimperialista de la burguesía la clase
social que detenta el Poder, en estos momentos, en Venezuela. Y es la burguesía
la que, en último término, toma las grandes decisiones y orienta el desarrollo
de las reformas bolivarianas de Hugo Chávez.
Pero
la burguesía “bolivariana” o “boliburguesía” está
particularmente interesada en ocultar esta realidad, disfrazarla de Poder
popular, desmarcándose de la oposición antichavista que obedece órdenes
directas del gobierno de los Estados Unidos, arrastrar a las masas a apoyar las
políticas que les benefician, y estimular el anticomunismo entre el pueblo,
culpando al Partido Comunista de Venezuela de “romper la unidad” por negarse a
disolverse y diluirse en el Partido Único de Chávez, de los militares
anticomunistas, de los empresarios y de los banqueros.
Curiosamente, también en
nuestro archipiélago surgen voces recriminatorias hacia los comunistas que nos
hemos atrevido a organizarnos en nuestro propio partido. También aquí se nos
acusa de destruir la unidad anticolonialista por haber tenido la inaudita
osadía de crear el Partido de los comunistas ¡sin pedirles permiso a ellos!
Aunque bien es verdad que, de momento, no han llegado a definirse como
revolucionarios ni como socialistas.
En Venezuela sí han
establecido que ellos, los chavistas del PSUV, están
desarrollando una auténtica revolución. Sin embargo debemos, ante todo,
preguntarnos ¿qué es una revolución? ¿Cómo se distingue de un proceso de
reformas nacionalistas y antiimperialistas? ¿Puede llamarse revolución a la
sustitución en el Poder de la burguesía intermediaria por la burguesía
nacional, implementada por vía electoral y parlamentaria?
Puede que a la burguesía
nacional venezolana le interese disfrazarse de revolucionaria y de socialista.
Y es posible que a los representantes de los pequeños propietarios, los
intelectuales y los burócratas, les venga bien engañar a la mayoría de los
trabajadores asalariados con la patraña de la supuesta revolución socialista
venezolana.
Pero a los comunistas y
a la fracción más avanzada y consciente de la clase obrera, no conseguirán
hacernos pasar la sustitución en el ejercicio del Poder, dentro de la misma
clase burguesa dominante, de una fracción proimperialista
por otra nacionalista, ni como revolucionaria ni, mucho menos, como socialista.
Nosotros sólo
reconocemos como socialista aquél proceso que sustituye en el Poder político a
la clase burguesa dominante por la clase obrera sometida. Y esto sólo es
posible hacerlo por la fuerza, es decir, por vía revolucionaria, pues
la propia burguesía opondrá una resistencia desesperada y violenta, a través
del Estado, el ejército y la policía, para impedir su expropiación y el
establecimiento de un nuevo Poder y un nuevo Estado obrero y popular,
anticapitalista y verdaderamente socialista.
Sin embargo, el
establecimiento del Poder de la burguesía nacional, ya sea por vía reformista
parlamentaria como en Venezuela o Rusia, o por vía revolucionaria como en Irán
o Libia, y la consiguiente expulsión del Poder de la burguesía vendida al
imperialismo, beneficia, en gran medida, los intereses económicos y políticos
del pueblo, acercando y facilitando enormemente el momento de acabar con la
burguesía como clase, y construir el nuevo Estado socialista en sustitución del
Estado burgués capitalista.
Por eso la clase obrera
debe necesariamente participar, con la mayor decisión, en el proceso de
transformaciones sociales y políticas impulsado por la burguesía nacional, para
hacerlas avanzar incluso más allá de lo que la propia burguesía está dispuesta
a llegar, forzar el proceso y romper sus límites, estimulando la participación
activa de las masas populares y denunciando y combatiendo cualquier intento de
la burguesía de arrebatar al pueblo el protagonismo de los cambios sociales.
Radicalizando
progresivamente las reivindicaciones y las movilizaciones, exigiendo la
expropiación no sólo de las empresas en manos extranjeras, sino también las
grandes empresas pertenecientes a los capitalistas venezolanos -particularmente
los bancos-, para acumular fuerzas, organización y experiencia para lanzarse a
continuación, aprovechando plenamente este impulso, a la revolución socialista.
Esta concepción
marxista-leninista del proceso revolucionario ininterrumpido
que los comunistas mantenemos, a pesar de los estúpidos comentarios de los
pequeñoburgueses y sus representantes sobre lo “anticuado” y “desfasado” del
marxismo, es la causa de los múltiples intentos, directos e indirectos, que
tanto en Venezuela como en Canarias, pretenten
negarnos a los comunistas el derecho de organizarnos y defender nuestra propia
estrategia de forma independiente.
Y para ello, a ambos
lados del Atlántico, utilizan sobretodo el peregrino argumento de que “rompemos
la unidad” y que procuramos el “divisionismo”. Lamentablemente esa
división ya existe objetivamente en la propia sociedad. Es la
división en clases sociales, que ha de ser reconocida y
admitida con todas sus consecuencias, primero, para, después, procurar la
alianza de las clases populares (clase obrera y pequeñaburguesía)
contra el Estado burgués hasta destruirlo por la fuerza (por vía
revolucionaria) y sustituirlo por el nuevo Estado socialista.
(*) Pedro Brenes es miembro del Partido
Revolucionario de los Comunistas de Canarias (PRCC)