De la noche al día

 

Ramón Moreno

 


Es la sensación que se empieza a percibir en amplios sectores del pueblo canario, ante el cambio sus­tancial -un giro de 180 °- que se produ­cirá en nuestra tierra, en el mis­mo momento en que llegue la anhelada e inaplazable indepen­dencia: de la noche oscura y te­nebrosa de los tiempos, de in­somnios insufribles y vigilia per­manente que nos ha impuesto, durante más de cinco siglos, la madrastra España; pasaremos, no sin grandes impedimentos por su parte, a un luminoso, cla­rificador y espléndido día, en el que dará comienzo una nueva etapa de la historia de Canarias, que ya se hacia esperar.

 

Por eso, quiero desde estas páginas (tan plurales como las que más, y pese a la guerra de los medios, a la que soy ajeno), feli­citar efusivamente a ese diario tinerfeño y, por consiguiente ca­nario, que se ha convertido, gra­cias a la clarividencia y canariedad de su responsable, en verda­dero abanderado y auténtico pa­ladín de la soberanía de Canarias.

Otra cosa es, la cuestión del apócope gran, sobre la que no me voy a pronunciar; ya que, a poco que se redacte la Constitución de nuestro futuro Estado Archipelágico, libre y soberano, quedará subsanado para siempre ese de­moniaco lapsus.

 

Pero, agravios aparte, lo cierto es que, hoy por hoy, este rotativo en concreto es el único que ha "cogido al toro español por los cuernos", y está contando las verdades de nuestra anacrónica situación colonial. ¡Un verdadero hito, en la historia del periodis­mo en Canarias!

 

Lo que aprovecho, para reite­rar una vez más (ahora que ese pseudo nacionalismo pretende agruparse de cara a las genera­les españolas de marzo\2008), que aquí no hay nacionalismo que valga -¡que viene de na­ción!- si éste no parte de entra­da, del reconocimiento expreso y explícito del hecho colonial ca­nario, como premisa inexcusable e inequívoca de toda acción polí­tica que defienda, por encima de todo, los sagrados intereses de nuestra patria canaria. Y el ina­plazable ejercicio del derecho in­cuestionable del pueblo canario a la libre autodeterminación, y a disponer de los recursos natura­les de nuestro territorio (petró­leo y/o gas, incluidos).

 

¡Que que­de bien claro!

 

No se olvide que en el año 2010 termina el plazo impuesto por mandato de la ONU para fi­nalizar el proceso descoloniza­dor en todo el mundo. Además, el Derecho Internacional nos ampara, por mucha españolidad y europeidad que se nos quiera atribuir, cuando no imponer. En efecto: el decimonónico criterio de soberanía política, argucia le­gal para dar validez a la apropia­ción de territorios (por la fuerza de la armas, como fue el caso del Archipiélago canario), mediante el cual España sigue apuntalan­do la insostenible españolidad de Canarias, es contrario y colisiona frontalmente con el princi­pio emergente de localización geográfica consagrado en el De­recho Internacional contemporá­neo.

 

Fue este criterio, el de sobera­nía política, que tomó diferentes connotaciones actuales a partir de la Segunda Guerra Mundial, a través del proceso de descoloni­zación e independencia de los llamados Países del Tercer Mun­do, al poner de relieve la existen­cia de otros factores que hasta la fecha habían sido deliberada­mente ignorados. Estos factores son, fundamentalmente, el bino­mio población y territorio, los cuales, al ser considerados parte esencial del concepto de inde­pendencia política, hallaron su reconocimiento y máxima expre­sión, en "el derecho inalienable e imprescriptible a la libre autode­terminación de los pueblos y a disponer de los recursos natura­les de su territorio".

 

Por otra parte, estos princi­pios, estandartes del Derecho In­ternacional contemporáneo, tu­vieron su más álgido protagonis­mo en la Tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre el De­recho del Mar, de la mano de los países que habían hecho su irrupción en la Comunidad Inter­nacional, con todos sus derechos y prerrogativas. ¡Como lo hará Canarias en su día! Ello permiti­rá, en tanto que sujeto de Dere­cho Internacional, instituir y establecer nuestros espacios marí­timos archipelágicos; lo que nos llevará indefectiblemente, a en­tablar negociaciones con Ma­rruecos para el trazado de la co­rrespondiente mediana con este país. Y así, podernos salir de su Zona Económica Exclusiva en la que estamos incluidos -excepto La Palma y El Hierro- desde el año 1981.

 

También con Portugal, para la delimitación de la mediana desde Madeira, y recuperar las Islas Sal­vajes, más cerca de Canarias que de ese archipiélago; que el Estado portugués se anexionó unilateral-mente en el año 1978, mediante el subterfugio legal de incluir al mi­núsculo archipiélago en la región de pesca madeirense. Asimismo, ampliaríamos nuestra ZEE 150 millas más por el Oeste (350 en to­tal), ya que no tenemos obstáculos de aguas adyacentes con ningún país. Lo que implicará, la demar­cación de nuestras fronteras marí­timas y espacio aéreo, que eran auténticos coladeros.

 

rmorenocastilla@hotmail.com