Hogueras de San Juan: la noche más contaminada del año
Wladimiro Rodríguez Brito
Las hogueras de San Juan constituyen una tradición
de nuestra cultura. Ya desde la época precristiana, los
guanches rendían culto al sol con el Beñesmén. Esta
actividad, de la que se hacen eco los cronistas Torriani
y Abreu Galindo, se celebraba con la llegada del solsticio de verano y en ella
se hacían fiestas y fuegos, llegando incluso a una tregua en los conflictos
existentes para participar todos juntos de la misma. Sin embargo, ahora se
produce un nuevo marco de relaciones socioculturales en las que tienen poco que
ver la simbología del fuego, el sol y el solsticio.
En los últimos años
las hogueras de San Juan son tradición con un componente nuevo, ya que surge
una oportunidad para la eliminación de objetos que molestan. En unos casos, el
marco legal rígido no gestiona o crea numerosos trabas burocráticas y en otros,
bien la comodidad y la ignorancia, hacen que acumulemos todo tipo de elementos
y residuos para eliminarlos en la noche de San Juan.
Estas líneas pretenden
hacer una reflexión ambiental de una situación nueva, pues las hogueras han
alcanzado una situación que rompe totalmente con el fenómeno tradicional del Beñesmén, creando problemas de riesgos para el medio
ambiente y la salud.
En la pasada noche de
San Juan ardieron en Tenerife miles de hogueras que dieron lugar a numerosas
alarmas, más de sesenta, con una amplia movilización de los equipos de Medio
Ambiente, Bomberos, Policías Locales, Protección Civil, etc. Durante esa noche
contemplamos desde las cumbres de la isla zonas como el Valle de
En este nuevo marco de
relaciones en el medio rural, las hogueras y los cohetes crearon el pasado
lunes incendios en lugares desconocidos en el mapa de riesgos de incendios de
Tenerife. Así, por ejemplo, en el sur de Anaga,
próximo a los caseríos, tuvimos varios conatos, ya que la pérdida de la cultura
del pastoreo, y en consecuencia, la existencia de pastos secos, junto a los
cohetes y hogueras, nos obligaron a realizar actuaciones en numerosos puntos.
Los más destacados se
produjeron en Cueva Bermeja y Valle Crispín, en el que hubo un fuego importante
que obligó a la actuación de las brigadas forestales del Cabildo y en la que
las llamas alcanzaron en algunos momentos un frente de unos
Otra novedad de la
noche de San Juan son los combustibles para las hogueras. Hasta hace unos años
reuníamos materiales naturales del entorno para la hoguera, ésta era
eminentemente rural; ahora, las hogueras tienen un gran peso periurbano y en la misma quemamos numerosos objetos
tóxicos. La hoguera de San Juan es la ocasión para liquidar envases de veneno,
plásticos de invernaderos, neumáticos, colchones y una amplia gama de
subproductos que amontonamos en los entornos a lo largo del año. La noche de
San Juan, es con toda seguridad, la noche más contaminada del año porque no
sólo lanzamos a la atmósfera numerosos gases contaminantes, sino que creamos un
aire irrespirable para nuestros vecinos. El fuego, ahora, no es un elemento
purificador, como en teoría lo hacía antaño, sino contaminante.
Sería deseable que
tanto los vecinos como los ayuntamientos y el resto de las instituciones y
administraciones comenzáramos con una nueva mentalización para los próximos
años, donde los aspectos tradicionales de la hoguera no sean alterados por una
cultura incívica que aprovecha la ocasión para quemar en la misma objetos que
tenemos que reciclar con métodos indicados y que nunca deben quemarse sin tomar
las medidas adecuadas y oportunas para preservar la salud y el medio ambiente.