Noche
en el Valle
Agapito de Cruz Franco
Hubo un
tiempo, en que el Valle de
La
industrialización aquí pasó de largo. Fue en la era post-industrial, con el
turismo y el sector terciario, donde comenzó una transformación que si el
naturalista del siglo XVIII regresara, en lugar de componer ese cuadro vegetal,
no podría sino coleccionar proyectos urbanísticos, hablar sobre la planta
hotelera alojativa, analizar la contaminación de los
acuíferos, mirar con lupa los restos de laurisilva y del sector primario, o
estudiar el tráfico de sus autopistas. Aunque aún podría echarse unas perras de
vino con denominación de origen, unas papitas en algún mercado del agricultor,
o un buen queso de Benijos, que no todo se ha
perdido.
La noche del
Valle. Cuando baja el silencio y duerme el sol, es especialmente significativa
por el titilar eléctrico de sus luciérnagas. En el comienzo fue el menceyato más valeroso y rebelde. Después, casas humildes o
solariegas. La civilización trajo molinos de agua, arte, cultura, plataneras, puertos
de pesca. Los viejos románticos bajaron del frío buscando el buen clima y la
paz perdida. Todo normal. El acient regimen convirtió luego esta sociedad en un óleo de
sangre y miseria, donde unos pocos terratenientes dominaron a la mayoría
sencilla y trabajadora. Pero hasta en los años difíciles de El Cacique, conservaba
el color de la esperanza. Fue hace unas décadas, cuando el dios del bien y del mal
acabó con el hambre pero a costa de un alto precio. Para las futuras
generaciones y para un ecosistema que como barco a la deriva, tiñe cada vez menos de verde el mar.
Los partidos
políticos tienen una responsabilidad manifiesta pero relativa. La sociedad los
puso. Y ésta, abocada al turismo se suicidó para poder vivir. Estaba en su
derecho. Pero se olvidó que El Valle no le pertenecía. Tiene los suyos. Y vendrá
un día a reclamarlos. El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de
La misma que colocó
una Cruz en Puerto Orotava, escindiéndolo de su tronco histórico y convirtiendo
todo su suelo en urbanizable. Los Realejos perdieron el norte por ella.
Siempre queda
la racionalidad en esta sociedad que después de dar la espalda al mar hizo lo
propio con el territorio y luego consigo misma. El primer paso para un Valle
verde, para que la lava herida del corazón de las Hespérides tenga futuro, es acabar
con los reinos de taifas de sus tres Ayuntamientos. La necesaria Mancomunidad significa
entender que el Valle es una unidad ecológica, un ecosistema único en el que
cualquier actuación parcial repercute en el todo. No simplemente unificar
servicios. Actuar como un solo Ayuntamiento. Pero un Ayuntamiento del siglo XXI
que responda en común ante los retos de recuperar un espacio degradado hasta el
absurdo. Una acción institucional contra este modelo perverso. Un cambio de
rumbo de la nave. Si queremos que amanezca. Y a toda vela. Tempus fugit.