Reforma Constitucional
¿Por
qué no ganó la opción del SÍ?
“No
pudimos… por ahora”
Marcelo
Colussi
Ganó
el NO. ¿Ganó la democracia? ¿Ganó el pueblo venezolano en su conjunto?
Esto último suele decirse en toda contienda
electoral, pero sin dudas, más allá de la declaración políticamente correcta
esperable en estas lides, tras los comicios siempre
hay ganadores y perdedores.
¿Quién
ganó el domingo 2 de diciembre? El campo popular definitivamente no. La derecha
festeja el triunfo –pírrico, por cierto (1.5% de diferencia)–
como “el comienzo del fin de la era Chávez”. Ya están contando los días para su
alejamiento del poder en el 2013. Con esto, al menos así pretende presentarlo,
quedaría demostrado que “el tirano no es imbatible”, y por tanto ahora
redoblarán sus esfuerzos para sacarse de encima este “indeseable”. Si se le
pudo derrotar en este referéndum, ¿por qué no se le podría derrotar también en
nuevos enfrentamientos electorales?
Es
muy prematuro hoy, unas horas después de conocidos los resultados, abrir
análisis exhaustivos y proponer escenarios futuros. Pero sin dudas hay que
hacerlo, y con mucha celeridad. Es más: no sólo con celeridad sino –fundamentalmente– con honestidad (esto es, quizá, una de
las cosas que más faltan en las lecturas de la realidad).
La
derecha ganó porque desde el mismo momento en que se vio que el presidente
Chávez se salía de las normas de lo que debe hacer un mandatario “bien
portado”, comenzó su trabajo de ataque al proceso bolivariano. Si son nueve
años intentando construir una nueva sociedad por parte del gobierno, son nueve
años de continuo ataque, sabotaje, colocación de obstáculos y guerra mediática
por parte de la oposición. Y si no se llegó aún a la vía armada para su desbarrancamiento es porque las condiciones generales no lo
permiten. Pero ello no está descartado (las hipótesis de magnicidio o de
intervención militar estadounidense son posibilidades nunca descartadas).
¿Por
qué no ganó la opción del SÍ?
No
se trata de buscar culpables, chivos expiatorios, de hacer autoflagelaciones.
Lo importante es buscar leer adecuadamente la nueva realidad que se abre.
¿Perdió
Chávez? ¿Perdió el campo popular? ¿Es sólo una batalla en la larga guerra?
¿Será, como dijo el presidente en su discurso a la madrugada inmediatamente
después de conocerse los resultados, que no se pudo… por ahora?
Como
todo fenómeno político –humano, en definitiva– no hay
causas simples; hay, en todo caso, un entramado de circunstancias que explican
el resultado final.
El
bloque del NO sacó más o menos la misma cantidad de votos que obtuvo en las
pasadas elecciones presidenciales en diciembre del 2006; es decir: no creció.
Es especialmente destacable el grado de abstención: 44.11 %. Esa fue una de las
grandes bases de la derrota del SÍ.
Por
otro lado, de la masa de votos obtenida por el presidente Chávez el año pasado
(7 millones 300.000), ahora el bloque del SÍ llega sólo a 4 cuatro millones
300.000 votos. ¿Qué pasó con esos tres millones? ¿Por qué no votó esa
población? Es ahí donde debe empezar el análisis y la propuesta de corrección.
¿El
chavismo está a la baja? Nada lo indicaría, y los
resultados del referéndum de ayer no hablan de una merma en la popularidad del
presidente. ¿La población no está interesada en los cambios que traía la
reforma constitucional? Nada indica eso tampoco. Pero algo pasó que no salió a
votar.
Podríamos
decir que los elementos cuartorepublicanos que sigue
habiendo en el aparato de Estado desmotivan a la población. Eso es real, y
sobre eso hay que empezar a buscar correctivos. La propuesta de reforma,
justamente, buscaba comenzar a generar otra cosa. De ahí el poder conferido a
las instancias de base como garantía de fiscalía social, de poder de base.
¿Podrán los consejos comunales ir barriendo tanta burocracia enquistada en los
puestos de gobierno? Esa es la apuesta, pero algún motivo eso no pasó.
¿No
era este el momento de presentar la reforma? ¿Se apuraron los tiempos y la
población aún no estaba madura para un planteamiento de profundización del
socialismo? Por los resultados obtenidos, eso pareciera. La cultura ancestral
de dominación, la conciencia de la clase dominante que se impone a toda la
sociedad son realidades incontrastables. Mucha gente chavista,
que sin dudas votó por su presidente el año pasado, para este referéndum fue
víctima de esa propaganda ancestral y temió ante esa tradición repetida a fuego
miles de veces: “si gana el comunismo te expropian tu casa y te quitan tus
hijos para llevarlos a un campo de reeducación en Cuba”.
¿Es
que el PSUV o el aparato de gobierno no supieron hacer bien su trabajo de
divulgación de la propuesta de la reforma, o es que la derecha –nacional e internacional– lo hizo mejor?
Dos
son los marcos por donde debe ir el análisis: 1) el ataque de la derecha y 2)
los errores propios. Del ataque de la derecha nada nuevo puede decirse; se vive
una guerra de clases, mediática en muy buena medida, y en eso –la experiencia
lo demuestra descarnadamente– el enemigo sabe hacer
su trabajo.
No
se trata de hacer una lista de culpables y mandarlos al paredón, pero sí es
momento (imprescindible) de comenzar una genuina autocrítica. Negociar con la
derecha es impensable. Eso, lisa y llanamente, es el fin del proceso
bolivariano. O se salta hacia delante corrigiendo errores, o naufraga todo el
proceso de cambio.
Habrá
que sentarse con mucha tranquilidad a analizar estos resultados del domingo,
pero desde ya hay que acometer una sana revisión de lo que la revolución lleva
adelantado. Más allá de los perpetuos ataques de las fuerzas conservadoras:
¿qué se ha hecho contra la corrupción? ¿Hay realmente una política
revolucionaria entre todos los cuadros comprometidos con la dirección de gobierno?
¿Está realmente en vías de extinguirse la cultura del clientelismo político, de
la corrupción, de la burocracia y la ineficiencia? ¿Qué se está haciendo al
respecto?
Se
dice que la mejor defensa es un buen ataque. Nunca mejor que ahora lo podemos
ver: la revolución y el camino socialista sólo pueden robustecerse si se
aceleran las transformaciones. Una vuelta hacia una posición tibia que de lugar
al crecimiento de la derecha –la antichavista y la
que está enquistada aún en el chavismo, que quizá es
la más dañina– solamente significará la derrota
futura.
“No
pudimos, por ahora” dijo Chávez al asumir la derrota en el referéndum. Pero más
adelante se podrá, sólo si se amplía el panorama revolucionario: llegó el
momento de construir un Estado nuevo limpiando lo que queda del viejo orden cuartorepublicano. Si no, la reacción terminará ganando. Y
es mucho lo que se perdería. O la revolución se profundiza, o no es revolución.