Usted no puede
autodeterminarse
Juan Jesús Ayala
Se habla de progreso, de derechos fundamentales, de
libertades, de reconocimiento de la historia para determinados territorios y
hasta, si se quiere, de referencias geográficas que hacen que se persigan y se
obstinen en un tratamiento diferente, porque diferentes han sido las
circunstancias de la integración como partes en un todo. Considerando y
llamando todo al Estado. Y sabiendo cómo se ha conformado y cómo se ha
enquistado éste en determinadas cuestiones a las que no se ha sabido dar
solución. Y por lo que se ve, se va a seguir así durante algún tiempo más.
Pues eso de lo que se habla queda como una reliquia en
el compartimento de la retórica y de la dialéctica vacua. Se es demócrata de
boca para afuera con ademanes y gestos que confunden a cualquiera que se lo
termina creyendo. Pero mirándose hacia dentro es el ombligo del Estado el que
se hace grande y donde se focalizan la mayoría de los que no acaban o no
quieren entender la cuestión nacionalista en la que se encuentra inmersa el
Estado, con un modelo que no da salidas a esa cuestión, sino que la dificulta
cada vez más.
Entonces, visto lo visto, usted no puede
autodeterminarse; no es mayor de edad, no ha llegado o no se le ha dejado
llegar, que es aún peor. Usted tiene que seguir sujeto a la norma, y si la
norma le impide crecer, pues eso, siga instalado en un infantilismo crónico y
déjese seguir tutelado por los que saben de eso, de los expertos y de los que
manejan los hilos que hacen que todo continúe igual, porque para eso están la
ley,
Autodeterminarse no quiere decir nada del otro mundo.
Simplemente definirse, optar, manifestar qué es, desde la individualidad de
cada uno, lo que se pretende y quiere. No vincula. Sólo es un punto de
arranque, una opinión sobre este o aquel asunto que concierne, primero, a uno
como individuo perteneciente a una colectividad y, segundo qué es lo que se
pretende desde esa suma de individualidades hacer o tratar sobre este o aquel
territorio.
Autodeterminarse ha dejado de ser un derecho. Hablar
sí, pero según convenga más a unos que a otros. Los partidos
constitucionalistas estarán de enhorabuena, porque han contribuido a hacer un
perfecto canto a la pseudodemocracia, y los que
marchan por el camino de la realidad y la búsqueda de soluciones seguirán a la
espera de que instancias superiores, seguramente europeas, pongan las cosas en
su sitio. Porque manifestarse y opinar no está reñido con las mínimas normas de
convivencia.
Autodeterminarse, ahora, en el País Vasco, está fuera
de contexto. Al Parlamento vasco, que ha decido hacer una consulta sobre esta o
aquella cuestión, se la ha dado con la puerta en las narices. Y eso parece
merecer un aplauso por parte de muchos. Así nos va.