¿La octava isla?
Juan
Pérez Lorenzo
Tan solo han pasado trece años desde que nuestro querido
gran cantante y convencido compatriota, Braulio, le rindiera un hermoso y
merecido homenaje a Venezuela en su canto a Canarias I y II. De esa preciosa y
sentida letra recuerdo muy particularmente estas estrofas:
“Se equivoca
quien sostiene que son siete nuestras islas y se olvidan que hay otra, la que
forman los canarios que siguieron la llamada de
Si señor, la anterior estrofa -y debemos decirlo con
orgullo- es muy aleccionadora pues no solo nos habla de la pasta de la que
están hechos tantos canarios y canarias de la diáspora, además y principalmente
nos dice que ese gran país caribeño, ubicado en el norte de Suramérica; esa
otra patria que es la amada República Bolivariana de Venezuela, es considerada por
la mayoría de los canarios como
Además, debemos recordar que la hermandad canario-venezolana
no surge en los siglos XIX o XX si no mucho antes, cuándo centenares de guanches fueron llevados por los invasores españoles como
carne de cañón a conquistar América, pero que para desgracia de los españoles,
los guanches (Con la lección ya aprendida en la
patria guanche) terminaron desertando y aliándose a la resistencia indígena
primeramente y siglos más tarde al ejército libertador que logró la
independencia de Venezuela y de otros países latinoamericanos.
Pero lo anterior forma parte del pasado, porque en
este mundo de realismo mágico del que es digna representante esta Canarias tan “actualizada”
y carente de autoestima, carente de conciencia de pueblo; tan acomplejada,
superficial y huérfana de valores, principios e identidad se ha vuelto particular
y convenientemente amnésica, pues parece que esos lazos de unión ya no tienen tanta
cabida en los corazones y mentes de las nuevas generaciones de canarias y canarios
a quienes todo lo que les suene a Latinoamérica salvo “la salsa”, no les gusta
tanto y es que los venezolanos ya no son considerados como hermanos ni los canarios-venezolanos
retornados como legítimos compatriotas suyos, pues para estos nuevos canarios y
canarias tan ¿españoles y europeos? lo que a sus padres y abuelos les parecía gente de valor, a ellos les parece
simples “sudacas” tercermundistas, porque es que a los actuales canarios y
canarias les han lavado tanto el cerebro que se han creído la historia de que
están en el primer mundo, que su cultura es la española y que son Europa, y
claro, por tal motivo ni de casualidad van a sentirse latinoamericanos como
antes, cuándo Europa les parecía lejana y Venezuela, Cuba, Argentina, Uruguay o
México cercanos. Ahora resulta que se tiene otra postura -repito- proveniente
del realismo mágico. Pero sucede que pertenecer no es igual a ser y, aunque existe
el riesgo de que algunos conmocionen por la aguda indigestión que les producirá
mi afirmación, la verdad es que ni Canarias está en el primer mundo ni su
cultura es la española y ni de lejos es Europa, por tanto, los canarios no
somos ni españoles ni europeos y es que para comprobarlo solo basta con vivir
en algunas de las regiones de España para palpar de primera mano las profundas
diferencias que de toda índole existen entre España y Canarias y entre
españoles y canarios. Así mismo, tan solo con viajar a cualquier país de Europa
podrán darse cuenta de lo que es el primer mundo y sorprenderse de los enormes
avances que en todos los ámbitos -especialmente en el social- disfrutan esos
países verdaderamente europeos como Suecia, Francia, Dinamarca, Alemania, Noruega
o Bélgica, por mencionar unos pocos y es que la cultura es la cultura y no me
refiero a esa que habla de obras de teatro o conciertos o de artes plásticas,
me refiero a la cultura de un pueblo, me refiero al conjunto de todas las
formas y expresiones de una sociedad determinada y que como tal incluye
costumbres, prácticas, códigos, normas y reglas de la manera de ser,
vestimenta, religión, rituales, normas de comportamiento y sistemas de
creencias. En este sentido, la nuestra es la que es. Ni es española, ni es
europea, ni es latinoamericana, es una cultura de incontrovertible rasgo amazigh con una mezcla de española, de portuguesa, de un poquitito de otras culturas de Europa y mucho de la cultura
Latinoamericana, en especial de
Es evidente que los Venezolanos y los
Canarios-Venezolanos aún y cuándo los últimos poseemos todos los derechos que nos
otorga la constitución de los españoles (incluyendo el derecho al voto, aunque
de vez en cuándo salga uno que otro polítiquero
declarando que considera que los Canarios en el exterior no deberían tener ese
derecho), no somos tan queridos como en el pasado. Ahora compartimos el saco
con Africanos continentales, sudamericanos en general y con europeos del este,
entre otros, pues nos ven como una carga, como a unos competidores, alguien que
les viene a quitar el trabajo, alguien que sería capaz de aceptar menos dinero
por su empleo con tal de quitárselo a un canario, alguien que les merma sus
oportunidades, que incluso los canario-venezolanos por ser retornados tenemos
ciertos privilegios que los canarios no emigrantes no poseen, piensan que hasta
estamos exentos de pagar impuestos por un tiempo, especialmente si constituimos
empresas. En fin que tenemos más beneficios que ellos, que nunca emigraron; absurdas
e infundadas percepciones consecuencia de unas neuras llenas de temores y fantasmas
que han sido creados en un particular imaginario y en la más absoluta
ignorancia supina ya que, quienes realmente les quita el trabajo y las
oportunidades son los cientos de miles de españoles y europeos que residen aquí
y que al estar mejor preparados, con más recursos humanos, técnicos, económicos
y políticos están en condiciones de desplazar sin pudor alguno a todos los
autóctonos que se les pongan en el camino. Son ellos y no los venezolanos o
suramericanos o los africanos continentales o los canario-venezolanos los que
lo hacemos.
Lo cierto es que al canario-venezolano, fundamentalmente
pequeños empresarios y profesionales de todas las especialidades les cuesta lo
indecible poder establecerse en su propia tierra, pues deben superar los
filtros, despropósitos y mal intencionados bloqueos burocráticos que solo
persiguen que la gente abandone y retorne a Venezuela o que terminen trabajando
en el malogrado sector turístico como camareros y camareras… como no podía ser
de otra forma.
Pero nada de esto nos amilana pues les guste o no, los
venezolanos y los canario-venezolanos estamos hechos de otra pasta, somos
personas agradecidas y nunca amnésicas, porque somos personas que en su momento
decidimos cruzar el charco y ahora retornar (Con todas sus consecuencias) somos
gentes que decidimos buscar un futuro mejor y supinos ganarnos un espacio a
pulso primero en