Octavo
mandamiento: Mentirás
Por
Eduardo Galeano
Una
mentira
Hasta hace un rato nomás, los grandes
medios nos regalaban, cada día, cifras alegres sobre la lucha internacional
contra la pobreza. La pobreza se estaba batiendo en retirada, aunque los
pobres, mal informados, no se enteraban de la buena noticia. Los burócratas
mejor pagados del planeta están confesando, ahora, que los mal informados eran
ellos.
El Banco Mundial ha dado a conocer la
actualización de su International Comparison
Program. En el trabajo participaron, junto al Banco
Mundial, el Fondo Monetario Internacional, las Naciones Unidas,
Ahí los expertos corrigen algunos
errorcitos de los informes anteriores. Entre otras cosas, nos enteramos ahora
de que los pobres más pobres del mundo, los llamados "indigentes",
suman quinientos millones más que los que aparecían en las estadísticas.
Además, nos desayunamos de
que los países pobres son bastante más pobres de lo que los numeritos
decían, y que su desgracia ha empeorado mientras el Banco Mundial les vendía la
píldora de la felicidad del mercado libre.
Y por si todo eso fuera poco, resulta que
la desigualdad universal entre pobres y ricos había sido mal medida, y en
escala planetaria el abismo es todavía más hondo que el de Brasil, país injusto
si los hay.
Otra
mentira
Al mismo tiempo, un ex vicepresidente del
Banco Mundial, Joseph Stiglitz, en un trabajo conjunto
con Linda Bilmes, investigó los costos de la guerra de Irak.
El presidente George
W. Bush había anunciado que la guerra podría costar,
como mucho, 50 mil millones de dólares, lo que a primera vista no parecía
demasiado caro tratándose de la conquista de un país tan rico en petróleo. Eran
números redondos, o más bien cuadrados. La carnicería de Irak lleva más de
cinco años, y en este período los Estados Unidos han gastado un millón de
millones de dólares matando civiles inocentes. Desde las nubes, las bombas
matan sin saber a quién. Bajo la mortaja de humo, los muertos mueren sin saber
por qué. Aquella cifra de Bush alcanza para financiar
apenas un trimestre de crímenes y discursos. La cifra mentía, al servicio de
esta guerra, nacida de una mentira, que mintiendo sigue.
Y
otra mentira más
Cuando ya todo el mundo sabía que en Irak
no había más armas de destrucción masiva que las que usaban sus invasores, la
guerra continuó, aunque había olvidado sus pretextos.
Entonces, el 14 de diciembre del año 2005,
los periodistas preguntaron cuántos iraquíes habían muerto en los dos primeros
años de guerra. Y el presidente Bush habló del tema
por primera vez. Contestó: -Unos treinta mil, más o menos.
Y a continuación hizo un chiste,
confirmando su siempre oportuno sentido del humor, y los periodistas se rieron.
Al año siguiente, reiteró la cifra. No
aclaró que los treinta mil se referían a los civiles iraquíes cuya muerte había
aparecido en los diarios. La cifra real era mucho mayor, como él bien sabía,
porque la mayoría de las muertes no se publica, y bien sabía también que entre
las víctimas había muchos viejos y niños.
Esa fue la única información proporcionada
por el gobierno de los Estados Unidos sobre la práctica del tiro al blanco
contra los civiles iraquíes. El país invasor sólo lleva la cuenta, detallada,
de sus soldados caídos. Los demás son enemigos, o daños colaterales, que no
merecen ser contados. Y, en todo caso, contarlos resultaría peligroso: esa
montaña de cadáveres podría causar mala impresión.
Y
una verdad
Bush vivía sus primeros tiempos en la presidencia cuando el 27
de julio del año 2001 preguntó a sus compatriotas:
-¿Pueden ustedes imaginar un país que no
fuera capaz de cultivar alimentos suficientes para alimentar a su población?
Sería una nación expuesta a presiones internacionales. Sería una nación
vulnerable. Y por eso, cuando hablamos de la agricultura americana, en realidad
hablamos de una cuestión de seguridad nacional.
Esa vez, el presidente no mintió. El
estaba defendiendo los fabulosos subsidios que protegen el campo de su país.
"Agricultura americana" significaba, y significa nada más que
"Agricultura de los Estados Unidos".
Sin embargo, es México, otro país
americano, el que mejor ilustra sus acertados conceptos. Desde que firmó el
tratado de libre comercio con Estados Unidos, México no cultiva alimentos
suficientes para las necesidades de su población, es una nación expuesta a
presiones internacionales y es una nación vulnerable, cuya seguridad nacional
corre grave peligro:
- actualmente, México compra a los Estados
Unidos 10 mil millones de dólares de alimentos que podría producir; - los subsidios proteccionistas hacen
imposible la competencia; - al paso que vamos, de aquí a poco las tortillas
mexicanas seguirán siguen siendo mexicanas por las bocas que las comen, pero no
por el maíz que las hace, importado, subsidiado y transgénico;
el tratado había prometido prosperidad comercial, pero la carne humana,
campesinos arruinados que emigran, es el principal producto mexicano de
exportación.
Hay países que saben defenderse. Son
pocos. Por eso son ricos. Hay otros países entrenados para trabajar por su
propia perdición. Son casi todos los demás.