LA PÉRDIDA DE LA SOBERANÍA

 

 

Marcos García de la Rosa

 

Breve cronología

 

Es obvio que la pérdida de la Soberanía de nuestro Archipiélago Canario comenzó en el momento en que los europeos decidieron acometer nuestra conquista.

 

El primero en arribar a nuestras islas fue en 1312 el navegante genovés Lanceloto Malocello, el cual  consiguió establecerse durante 20 años en la isla de Titerogakat (Lanzarote). Se dieron muchas venidas de europeos a las islas posteriormente, siendo la mayoría en busca de esclavos.

 

La conquista de las Islas Canarias se llevó a cabo entre 1402 y 1496, siempre según las fuentes oficiales coloniales castellanas, pues es de sobra conocido que se proclamó a Ichasagua último Mencey guanche (reconstruyéndose el Trono Universal de toda la isla de Chinet) en 1502. No fue una empresa sencilla en el tema militar la conquista de Canarias, ya que nuestros antepasados opusieron una gran resistencia.

 

La primera de nuestras amadas islas en caer en manos del yugo colonial fue Titerogakat (Lanzarote), cuya población autóctona se encontraba ya muy debilitada por las diversas expediciones europeas, la mayoría en busca de esclavos. Cayó en el año 1402, habiendo desembarcado ese verano Jean de Bethencourt y Gadifer de la Salle (nobles normandos).  La imposibilidad humana y material de resistir, favoreció la rendición de Guadarfia y los majos.  Los normandos se establecieron en el sur de la isla, donde construyeron un fortín y fundaron el Obispado de Canarias.

 

La segunda en caer fue Erbani (Fuerteventura) llevándose a cabo su conquista entre 1402 y 1405. Tras el primer asalto, Jean de Bethencourt tuvo que viajar a Castilla en busca de socorros. Durante su ausencia Gadifer de la Salle tuvo que hacer frente a una sublevación de parte de sus hombres, sumado a duros ataques de los majos, hasta la vuelta de Bethencourt. Tras ésta continuaron la conquista hasta la sumisión de la isla en 1405, tras una dura campaña.

 

En tercer lugar es sometida por los normandos la isla de Hero (El Hierro). Los bimbaches aborígenes fueron en parte vendidos como esclavos, repoblándose la isla en su mayoría con colonos normandos y castellanos, si bien la sangre aborigen sobrevivió a la masacre y genocidio realizada por los españoles a finales de 1405.

 

Se produce aquí un intento de invasión a la isla de Benahuare (La Palma) asaltándose el reino de Aceró y muriendo Guillen Peraza, el primer comandante castellano en caer en los campos de batalla frente a nuestros nobles antepasados que sólo defendían su Libertad.

 

Prosigue ahora el establecimiento de los castellanos en la isla de Gomera a través de un acuerdo entre  Hernán Peraza “el Viejo” con algunos de los bandos aborígenes insulares, acuerdo basado en el respeto mutuo. El dominio de la isla, no obstante, no estuvo exento de revueltas fruto de las arbitrariedades de los señores de la isla con los gomeros. El último, en 1488, provocó la muerte del señor de la isla, Hernán Peraza, cuya viuda, Beatriz de Bobadilla, tuvo que solicitar ayuda a Pedro de Vera, conquistador de Gran Canaria, para sofocar la rebelión. La represión posterior provocó la muerte de dos centenares de rebeldes y la venta como esclavos de otros tantos en los mercados peninsulares. Cuando Pedro de Vera acude en ayuda de Beatriz de Bobadilla los gomeros huyen a las cumbres. Pedro de Vera, mediante la “astucia”, quiso vengarse, y publicó un bando en el que el cualquier gomero que no acudiera a las honras fúnebres de Fernán Peraza, sería acusado de cómplice y traidor, asimismo indultaría a aquellos que acudieran. Los que acudieron al funeral en la Villa serían inmediatamente hechos presos, así como también fueron apresados algunos que permanecieron en las cumbres. Se ordena la condena a muerte de todos los indígenas mayores de 15 años, si bien esta medida no se llevó a la práctica en su totalidad. No satisfecho con los asesinatos, a su llegada a Gran Canaria, ordenó ajusticiar a todos los gomeros que se encontraban en aquella isla y exportando como esclavos a gran parte de niños y mujeres, hacia la península o hacia las otras islas. Otra muestra más de las traiciones y juego sucio que utilizaron los conquistadores para someter a nuestro Noble Pueblo.

 

Comienza luego la parte de la conquista dirigida directamente por la Corona Española y que corresponde a  las  islas de Benahuare, Tamarant y Chinet, donde los aborígenes canarios mostraron una clara y prolongada resistencia a la conquista.

 

La quinta isla canaria que cae bajo el yugo español es Tamarant (ahora conocida como Gran Canaria), durando su conquista de 1478 a 1483, observándose todo el período de tiempo que tuvo que prolongarse la campaña de conquista colonial debido a la fuerte y vigorosa resistencia de los canarios. La captura de Tenesor Semidán, guanarteme de Gáldar, por parte de Alonso Fernández de Lugo, será un factor decisivo para la culminación de la conquista. Tras la caída de Gáldar, la resistencia aborigen se trasladó a las zonas montañosas del interior, donde Bentejuí, tras unificar a gentes de los dos guanartematos, y contando con el apoyo del faycán (sacerdote que asesoraba al guanarteme) de Telde y con las princesas galdenses Masquera y Guayarmina, organizó la última resistencia aborigen. A pesar de algunas victorias parciales (en Adójar o en Bentayga) los aborígenes depusieron finalmente las armas en Ansite, donde, por mediación de Fernando Guanarteme, se produjo la rendición el 29 de abril de 1483. Bentejuí y el faycán de Telde se despeñaron para evitar entregarse a los castellanos.

 

Debo hacer aquí un paréntesis en la conquista de nuestras amadas islas para referirme a la Carta de Calatayud. Ésta fue un pacto entre los Reinos de las Españas (representados por Fernando el Católico, monarca de Aragón) y el Reino de Canarias (representado por Tenesor Semidán, guanarteme de Gáldar) firmado el 30 de mayo de 1481 en la capital aragonesa. Por pirmera (y lamentablemente única) vez un representante de Nuestro Pueblo se reúne con el dirigente colonial para tratar asuntos de nuestra Soberanía.  La carta establecía que el Reino de Canarias se integraría de igual a igual y establecía además una serie de derechos y obligaciones para los canarios:

 

- El reparto de tierras y otros medios de producción entre los canarios

- Mantenimiento de los "títulos nobiliarios" entre los canarios

- Existencia de una fiscalidad diferenciada

- Existencia de milicias canarias

- El derecho de placet con respecto a las leyes estatales

- La acuñación de moneda propia hasta 1776

- La posibilidad de comerciar independientes del monopolio comercial español

- Mantenimiento de roles socialmente relevantes por parte de las mujeres canarias (como fue el caso de Inés Chemida), en temas legales (como fue el caso de María de Güímar) y en temas de sucesión

- Mantenimiento de normas civiles magas como el derecho de separación de las mujeres

- Reclamación de los derechos por parte de los canarios ante los tribunales

- Cobro de deudas de los canarios a los colonos como se puede ver en la herencia de Fernando Tacoronte

 

En principio sólo formaba parte del pacto la isla de Tamarant (Gran Canaria), pero las otras islas lo fueron aceptando según crecía el descontento con el régimen señorial establecido inmediatamente tras la conquista. Tras Tamarant se integraron en él primero las islas de realengo, Benahuare (La Palma) y Chinet (Tenerife), y luego las de señorío, Titerogakat (Lanzarote), Erbani (Fuerteventura), Hero (El Hierro) y Gomera (La Gomera). En mi opinión, Tenesor Semidán firmó este acuerdo de igualdad entre Canarias y España ya que era consciente de la superioridad militar española y creía en que así podía liberar de tormentos a nuestro querido Pueblo (vamos, que en mi juicio, no es un traidor al Pueblo Guanche como nos hacen ver muy a menudo).

 

Volviendo con la salvaje conquista de Nuestras Islas, fue Benahuare (La Palma) la penúltima isla en caer en manos de la Metrópolis. Se llevó a cabo entre 1492 y 1493 y destaca el episodio de Tigalate y la resistencia del Reino de Aceró. En ella, su jefe Tanausú se hizo fuerte aprovechando las condiciones orográficas de la zona (Caldera de Taburiente). Viendo la imposibilidad de penetrar en la Caldera y de realizar una conquista militar de este territorio, Alonso Fernández de Lugo recurre al engaño, y convoca a Tanausú a una reunión en el paso de Adamacansis. Cuando Tanausú acude a dicha reunión acompañado de sus hombres se ve envuelto en una emboscada en la cual es apresado. Tanausú fue enviado a Castilla como cautivo, pero en el camino de ida se dejó morir de hambre.

 

La última isla canaria en caer fue Chinet (Tenerife) y se produce oficialmente entre 1494 y 1496. El primer encuentro armado fue la célebre “Primera” Batalla de Acentejo que tuvo lugar en el barranco de Acentejo en el municipio actual de La Matanza (al cual deberían cambiarle el nombre por el de La Victoria ya que ningún pueblo celebra su derrota, pero eso es otro tema). Una tropa invasora de más de dos mil hombres se adentró por el norte de la isla en dirección al valle de Taoro (valle de La Orotava). El objetivo era doblegar a los guanches en el núcleo de su resistencia. Los guanches esperaron emboscados a los castellanos que, sorprendidos sufrieron un grave descalabro, perdiendo en la batalla el ochenta por ciento de sus fuerzas. Alonso Fernández de Lugo pudo escapar hacia Tamarant (Gran Canaria). Los guanches, dueños de la situación, destruyeron el fortín de Añaza, recién construido por los castellanos. Finalmente, tras largos años de resistencia y sufrimientos, Benytomo, nombrado Mencey de Taoro tras la muerte de Bencomo y líder de la liga contra los españoles, acepta el 25 de julio de 1496 la Paz de Los Realejos, donde junto a Acaymo de Tacoronte y Beneharo de Anaga firma el pacto por el cual los guanches de Tenerife se cristianizan y dentro del Reino de Canarias se confederan a los Reinos de las Españas. En septiembre de 1496, los distritos de Adeje, Abona, Daute e Icod, se suman al Pacto de Los Realejos, mientras que pequeños grupos residuales de rebeldes permanecen en las cumbres. En agosto de 1502 se produce una rebelión e Ichasagua es proclamado Mencey de Adeje, restableciendo lo que se dio en denominar el Trono universal de Tenerife. Tras meses de resistencia frente a las tropas castellanas se firma un acuerdo y el Mencey se suicida, siguiendo el ritual aborigen, ante los ojos de los emisarios.

 

La Carta fue pasada por alto por las autoridades centrales en no pocas ocasiones, lo que conllevó algunos levantamientos y actos contrarios a los intereses coloniales:

- El levantamiento de Ichasagua en 1502 que acabo de comentar

- Mantenimiento de poblados y asentamientos tradicionales canarios en contra de las pretensiones de los colonos

- El asalto del Cabildo de Tenerife y la quema del censo fiscal de Fernández de Lugo

- El levantamiento de Agüimes para evitar el robo de las tierras en explotación por y para los canarios por parte de colonos españoles

- El ajusticiamiento del Intendente Ceballos en 1720, en Santa Cruz de Tenerife

- El levantamiento en la Aldea en 1770 por las roturaciones de tierras

- Los levantamientos en 1778 por la explotación de las tierra en Arico, Chasna y La Aldea

 

Las garantías de autogobierno se fueron difuminando a lo largo del siglo XVIII. Es el fin de nuestra anhelada Soberanía.

 

En honor a todos nuestros nobles Antepasados, a las injusticias que se cometieron con ellos, a los pactos olvidados y, en resumen, a Nosotros Mismos debemos de luchar por recuperar estos derechos, la Soberanía e Independencia, los cuales nos pertenecen como Canarios que somos. La Historia sustenta nuestra reivindicación. 

 

Tenerife, a 31 de Agosto de 2008