LA
LAGUNA: CUANDO SE PIERDE LA VERGÜENZA
Fidel
Campo Sánchez
Para Aristóteles la vergüenza y el rubor
eran -hoy también son y se dan- indicios inequívocos de la ausencia de
sentimientos éticos.
La inmoralidad de ciertas acciones llevan
a los políticos a perder la vergüenza y el rubor y a que la ciudadanía tengamos que
calificarlos de delincuentes y como indicativos, pues, de que existen personas
que se han vuelto inmunes ante la perdida de valores, de la corrupción
galopante en estas ínsulas y a la
utilización del totalitarismo donde tienen mayorías absolutas.
Esos/as tales no siente ni un ápice de vergüenza
ni se ruborizan cuando aceptan la celebración de plenarios clandestinos con la
colaboración de esa oposición que también pasa de los colectivos ciudadanos y
que debieron preocuparse de dar la voz de alarma, pues, nosotros al menos
hubiéramos mostrado nuestra censura a ese acto clandestino y extraordinario de
pésimas y malas intenciones cual fue el caso que se planteó en el Ayuntamiento
de La Laguna
el día 28 de marzo, viernes.
¿Qué ciudadano no siente indignación y
vergüenza por tener representantes suyos a gente de esa ralea que se atreven a
reunirse en la clandestinidad para aprobar cuestiones más personales que
públicas, ninguneando incluso a la Prensa que ellos consideran
hostil? Los colectivos ciudadanos y las AA.VV. con
nuestra participación damos siempre muestras de lo que no les interesa a los
políticos: la Democracia
participativa que hubiera cuestionado:
a.- La propuesta de Ana Oramas, ¡más diputada que alcaldesa!, dando la cara por
todos los chichas de ese nacionalismo mercantilista de CC-PNC, proponiendo y
eligiendo a Adán Martín como consejero de Caja Canarias, no siendo ciudadano de
La Laguna,
vergonzante este acto por parte de quien sigue erre
con erre en el proyecto de fusión, entrega a Santa
Cruz de Tenerife y utilizar el nombre de nuestra ciudad al servicio de
intereses espurios.
b.- No todos los ediles se prestaron a
tamaña baladronada, faltaba la concejala Fidencia
Iglesias, esposa de Álvaro Arvelo, aspirante -como
Adán Martín- a la presidencia de la
Caja tinerfeña. Doña Fidencia
prefirió saltarse el pleno y no ir el viernes por el Ayuntamiento que votar
contra sus compañeros. Fue una decisión bien meditada, propia de alguien que
tuvo un papel muy destacado en la pasada legislatura como responsable de Museos
del Cabildo tinerfeño, y que -por motivos aún no aclarados- fue sacada de las
listas al Cabildo y rescatada en el último momento por Ana Oramas
para su candidatura.
Es un conflicto que se visualiza ahora en la pelea por la presidencia de la Caja, un proceso extraño, en
el que Álvaro Arvelo pactó finalmente con “maestro”
Paulino, en un más que sorprendente acuerdo con Miguel Concepción, el
empresario de cabecera de Rivero. Un pacto extraño que no le ha gustado un pelo
a Rodolfo Núñez -ex el hombre fuerte de Binter y
Concepción el propietario de Islas Airwais,- ni
tampoco demasiado al aliado tradicional de Arvelo, el
constructor Antonio Plasencia, de no muy buenas migas
con Concepción. Al final, Arvelo optó por conseguir
el apoyo del Gobierno y evitar así la paralización del proceso electoral en CajaCanarias, pensando probablemente que habrá tiempo para
recomponer con los suyos. Claro que también necesita el apoyo de todos los
partidos políticos que colocarán a los suyos para poder tomar parte del reparto
del “botín” dinerario, emolumentos por asistencia a los consejos de
administración- Si estas pléyades de parásitos administran la Economía de la Caja como lo hacen en la Política, ¡vamos bien
mal!- .y en CC-PNC las cosas no están tan cerradas como a Arvelo
le gustaría. La elección de Adán por La Laguna es sólo un síntoma de esa mala situación
en la que nos han introducido estos vendedores de la patria guanche bereber que están siempre en el mismo sitio a la hora del
reparto del pastel económico que se vienen repartiendo sin ningún rubor.
Deseamos que esta pequeña
denuncia-reflexión pueda interesar un poco más para plantar cara a tanto
delincuente político como tenemos en esta nacionalidad y podamos en futuros
comicios electorales escoger bien la semilla para que el fruto sea mejor.