La pinza española

 

Francisco García-Talavera Casañas *

Está claro que existe un gran interés por parte de los dos partidos mayoritarios españoles (PSOE y PP) en que desaparezcan o queden laminadas las grandes formaciones nacionalistas como CIU, PNV y CC-PNC. Sí, grandes porque en sus respectivos países lo son, ya que arrastran cientos de miles de votos. Al igual que ocurre con los independentistas ERC y BNG. Pero últimamente advertimos una especial fijación con el nacionalismo canario, que llega a ser obsesiva y paranoide en algunos dirigentes del PSOE porque han visto frustradas sus apetencias de gobierno y porque la especial situación geopolítica del Archipiélago así lo determina. Con el insulto, la crispación y las acusaciones de corrupción quisieron herir de muerte a Coalición Canaria durante las últimas elecciones autonómicas, para luego rematarla en los pasados comicios generales. Pero no lo han conseguido. ¡Qué más quisieran ellos! A pesar de su apabullante colonización mediática, como muy acertadamente comentaba hace poco Juan Manuel García Ramos, y a pesar de la bipolarización exacerbada que se encargaron de propagar y propiciar los citados partidos españolistas, CC sigue viva y coleando. Además, lo que ellos no esperaban, y aunque a primera vista no lo parezca, es que ha salido reforzada ideológicamente, pues la entrada en escena del PNC y los malos resultados electorales -hay que reconocerlo, especialmente en la provincia oriental- han servido para que esta formación política lleve a cabo una catarsis interna que le permita avanzar en el enriquecimiento ideológico del verdadero nacionalismo, de la mano del Partido Nacionalista Canario.

No, señores míos, el nacionalismo canario no sólo no va a desaparecer, sino que ya está en el imparable camino del reconocimiento de la identidad y de la conciencia nacional. Ustedes, prepotentes nacionalistas españoles, que siempre han controlado todos los poderes del Estado, no van a conseguir someter el sentimiento y la dignidad de este pueblo que, cuando se ve acosado, sabe luchar por su libertad y supervivencia, como ya lo hicieron los guanches. Y esto no es un tópico, sino una verdad histórica. El sufrido pueblo canario empieza a conocer ahora, después de más de 600 años de colonialismo, que ha sido engañado, utilizado y sometido a un intento de etnocidio. O lo que es lo mismo, a la represión y negación sistemática de una cultura y genética propias, producto de la amalgama entre lo guanche y lo ibérico (portugués y castellano, en este orden) y de enriquecedoras aportaciones africanas, americanas y europeas. Interesadamente, desde el poder central nos han contado una historia muy sesgada y tergiversada, especialmente de las primeras décadas posconquista. Se han relatado los hechos a su conveniencia de conquistadores, ocultando, minimizando o justificando actos incalificables como las barbaridades cometidas con los guanches. En definitiva, procurando negar nuestra identidad nacional. Los hechos están ahí, y será la Historia quien los juzgue, pero también hay que reconocer que no todo ha sido negativo y cada cosa hay que enmarcarla en su época.

Pues bien, en este arduo pero ilusionante camino de unificación nacionalista, el PNC tiene mucho que decir y que aportar. Los primeros pasos ya se han dado y, tras las elecciones, los congresos nacionales de ambos partidos conducirán, de una vez por todas y de manera inequívoca, hacia la convergencia de todo el espectro del nacionalismo canario. El PNC ya se ha adelantado por decisión unánime de su consejo político federal -no sólo de su presidente, como se intenta hacer ver- proponiendo como lema congresual "Por la unidad nacionalista".

A la vista de este trascendental movimiento, los antinacionalistas están nerviosos y preocupados, y vuelven a atacar, como siempre lo han hecho, a lo que ellos consideran más importante, a sus cabezas visibles, como el carismático líder del Partido Nacionalista Canario, Juan Manuel García Ramos, acusándolo de desmantelar el partido y vender sus siglas. Está de más decir que esto no es cierto, pues todas las decisiones que en nuestro partido se han tomado han sido bajo el consenso de los órganos correspondientes. Su nombramiento como presidente, en 1998, fue por acuerdo expreso de sus dirigentes y con el refrendo del Congreso nacional. Tanto en aquellos momentos, como ahora, el nacionalismo canario necesita personas como él para conducir a buen puerto el proceso de convergencia, ya iniciado y propiciado también, con gran visión política de futuro, por el actual presidente del Gobierno canario, Paulino Rivero.

Vivimos momentos cruciales, de supervivencia como pueblo, y por lo tanto, los que de verdad amamos esta tierra debemos dejar de lado los personalismos y ambiciones que nos desunen y debilitan, para así superar con sabiduría todos los "teniques" que nos pongan en el camino, que serán muchos y grandes. Trabajando unidos y aprendiendo de los errores pasados, afrontaremos, quizás ya bajo las únicas siglas PNC, las elecciones del 2011 con espíritu de victoria. Nuestra querida patria canaria se lo merece.

* Secretario general del Partido Nacionalista Canario