Manuel Pizarro, Canarias y lo público
Agapito
de Cruz Franco
El
nombramiento de Manuel Pizarro como
número 2 del PP a las Elecciones Generales del 9 de marzo ha puesto en escena
los intereses personales -frente a los públicos- del ex-presidente de Endesa.
Las Opas de Gas Natural y E-On primero, y Enel y Acciona al final, lo ejemplifican. El desprecio a
Cataluña y el caos energético de Canarias también. Basta con observar la herrumbre
de unas torres a merced del viento, el deplorable estado de la red eléctrica cara
al fuego y las poblaciones, o la apuesta por los combustibles fósiles y el
negocio energético. Su repentina conversión a lo público parece un nuevo milagro
de Escrivá de Balaguer. O, quizás,
producido por alguna descarga eléctrica que le haya hecho ver la luz. A base,
eso sí, de cargarse el clima. La decisión de Mariano Rajoy, de proponerle como segundo
de a bordo en lo que parece un barco a la deriva, hay que enmarcarla pues, como
uno más de los efectos negativos del cambio climático.
Manuel
Pizarro fue vicepresidente de Endesa de 1998 a 2002, y Presidente de 2002 a 2007. Su ciclo coincide con la etapa en el
Gobierno de España de su compañero de pupitre José María Aznar (1997-2004). Marcó un
hito en el despropósito y burla cara a la población de las Islas a través del
monopolio de Unelco. Este, en lugar de ser convertido
en Empresa Pública Canaria, fue disuelto en Endesa en 1998. Es en este período
cuando, en vez de soterrar el Tendido de Alta Tensión Caletillas-Granadilla, se
hace aéreo, arrasando numerosas propiedades vecinales en Arafo,
Güímar, Arico y Fasnia. Hasta la ex-alcaldesa güimarera Vicenta Díaz (PP),
aparecería con una pancarta de protesta en el Carretón de Arafo.
Eso sí, producto de otro milagro, aplaudiría la medida una vez en la Alcaldía. En 2006, el
huracán DELTA recordaría el deplorable estado y las escasas inversiones en un
Tendido y sus torres, que se vendrían al suelo con los apagones subsiguientes. Ahora
le ha tocado el turno a La
Gomera y El Hierro.
El
28 de octubre de 2002 el Director de Endesa en Canarias, Ángel Ferrera,
en plena lucha ciudadana contra el Tendido de Vilaflor, anunciaría cortes de
luz indiscriminados -por una supuesta falta de escasez de energía- El 23 de
noviembre, una manifestación de más de 150.000 personas echarían abajo el
Tendido del Sr. Pizarro. El anuncio de los cortes había
coincidido con el conflicto en la negociación de las compensaciones por Costes
de Transición a la
Competencia (CTC) y “déficit tarifario”
con el Ministerio de Industria, y la amenaza de las eléctricas de cortes de luz
si no se admitía su demanda de una elevación del 5% en las tarifas. Dictador de la política energética del
Archipiélago, el interés público desaparecería de la escena en beneficio de los
intereses empresariales privados. Políticos a su servicio como Julio Bonis (CC), al contrario de lo que afirmaba el Movimiento
Ciudadano “Toda la isla es Vilaflor”,
se empeñarían en que no había alternativa al Tendido de Vilaflor, y en el
derecho que asistía a Unelco -¡viva lo público!- de
iniciar las obras bajo los Decretos de 9 de agosto, suspendidos luego por Román Rodríguez (NC) y Adán Martín (CC). Con el tiempo se demostraría la viabilidad
de otras alternativas no depredadoras con el medio y que la escasez de energía como
razón para los cortes de luz había sido pura mentira. El Sr. Pizarro nos
dejaría antes de irse el postre: la bomba del gas natural, y el portazo
definitivo a un proyecto para las Islas basado en energías limpias, ahorro y
eficiencia energética que organizaciones ecologistas como TEA, Tabona y Greenpeace llevaban
reivindicando desde 1989. Además, unos Tendidos aéreos lo más impactantes
posibles. En lugar, ya puestos, de haberse gastado los cuartos, y soterrarlos.
De invertir en Canarias lo que a Canarias le corresponde. Ese desprecio a las
Islas y a lo público, se puede observar no sólo en el Tendido del Sur sino en el
que va hacia Santa Cruz: las enormes torres, monumento a la provocación y al
colonialismo más burdo de Endesa, cuyo multimillonario ex-Presidente ha
encontrado ahora, y de repente, la vocación de lo público… ¡Anda y guárdame un cachorro!