Los plátanos y Qatar

Wladimiro  Rodríguez Brito

 

   Estos días numerosas familias de las Islas han estado pendientes de la llamada Ronda Doha para saber el futuro de los plátanos y, como tantas otras veces en la vida, los que deciden sobre el precio de las cosas no tienen que ver con el esfuerzo, con el trabajo y con la dificultad para conseguir el bien que se vende y se compra.

 

   Qatar tiene un poco más que la superficie de Canarias y su capital, Doha, es como Las Palmas de Gran Canaria. Sin embargo, es aquí o en nombre de dicho enclave donde se toman las decisiones sobre el comercio mundial de alimentos; las multinacionales toman acuerdos aquí que luego aplican en las bolsas de Chicago, Londres o Tokio; y se establecen aranceles a la entrada de alimentos en los distintos países del mundo y subvenciones a la agricultura de los países ricos, básicamente Estados Unidos y la Unión Europea.

 

   Estos días, los integrantes de la Ronda Doha se han reu­nido en la ciudad suiza de Ginebra para decidir la suerte de millones de agricultores y consumidores de alimentos de todo el planeta: el G-7, Estados Unidos, Unión Europea, India, Brasil, Australia, China y Japón que representan el 80% de las transacciones comerciales mundiales. Afortunadamente, esta vez fracasaron las propuestas de la Ronda Doha por­que, entre otras cosas, hubiese significado el corte signifi­cativo de las ayudas que reciben los agricultores de los paí­ses ricos -unos 80.000 millones de dólares al año- para poder competir con los agricultores de los países pobres, que tra­bajan con salarios de hambre.

 

   En el caso canario, proponían recortar los 170 $ que paga una Tm3 de plátanos del continente americano por entrar en la Unión Europea y rebajarlo en unos 60 $ Tm3. No olvi­demos que el pasado mayo un agricultor canario le reportó realmente algo menos de 0,30 euros por un kilo con el actual arancel y, gracias a las ayudas comunitarias, va a conseguir cubrir sus costes; ayudas que también pretendían suprimir en la Ronda.

 

   El fracaso Doha nos da un respiro para los plátanos cana­rios, pero se tiene que reflexionar sobre la agricultura cana­ria, puesto que, en el caso de los plátanos, son los países ACP (África, Caribe y Pacífico) los que ganan terreno, ya que entran en Europa sin pagar aranceles. Aquí la estructura comercial no es capaz de poner ni tan siquiera en el mer­cado una parte de la producción local, que ha quedado incluso en los vertederos en los últimos meses.

 

   Por ello, el que tengamos elecciones en la India y en Esta­dos Unidos en los próximos meses ha permitido que no tomen medidas que favorezcan los intereses de las multinaciona­les de los alimentos: rebajas de más de 15.000 millones de dólares de subvención a los granjeros en Estados Unidos y los votos de 600 millones de campesinos pobres en la India, que quería poner freno en caso de importaciones masivas que inestabilicen el mercado local -como ha ocurrido con las importaciones y el caso del maíz en México-, que Esta­dos Unidos quería aplicar cuando las importaciones alcan­zaran el 40% y la India no permitía más de un 10%.


   Aprendamos la lección de dicho fracaso para potenciar el sector primario y, sobre todo, el autoabastecimiento, ya que la actual crisis económica en Canarias debe aportamos una coyuntura favorable para el autoabastecimiento. No olvidemos que aunque Doha está en las proximidades de un mar de petró­leo, allí llevan hablando de comida desde el año 2001. La situación económica en nuestro entorno nos obliga a una lec­tura más humilde y austera sobre nuestros recursos y el modelo económico para las próximas décadas. Nuestro futuro no puede estar pendiente del fracaso de los otros.

 

   El fracaso de Doha da un respiro a los plátanos; pon­gámonos las pilas. Por supuesto que tenemos que hablar de agricultura, de industria, de medio ambiente, de turismo, de educación y de formación profesional. Sin embargo las cosas han cambiado: hace unos años, los precios del café, el té, el algodón, el trigo, etc., se decidían en Londres o Chicago, cen­tro de poder económico y militar. Ahora se sientan en la mesa de negociación Brasil, la India y China, representando a unos 2.000 millones de nuevos comensales que no tienen voz en el contexto mundial. Hasta el otro día, las multinacionales de la alimentación han adquirido un nuevo papel con el trans­porte y la conservación de los alimentos, las crisis financieras refuerzan tendencias proteccionistas, los costes energéticos también nos hacen más dependientes de lo local, la demo­grafía nos obliga a la búsqueda de alternativas en el solar insular. Hagamos un debate sobre presente y futuro del terri­torio y su gente. No olvidemos que los 6.000 millones de personas del planeta también están en debate el futuro y los modelos ambientales, energéticos y económicos.