De las playas de Añazo a Santa Cruz

 

Un paseo por la historia de la que quiere llegar a "gran ciudad" en la práctica permite comprobar la riqueza del pasado, la belleza de un paisaje que la marca y la intención de progresar y crecer, no sólo en lo demográfico, de sus habitantes.

 

MÉNDEZ/GONAR, S/C de Tfe.

Santa Cruz de Tenerife es una ciudad que, como muy pocas otras, surge, se nutre y permanece en la historia directamente relacionada con sus barrios. La estadística oficial contabiliza 80, distribuidos en cinco distritos: 18 en Anaga; 13 en Centro-Ifara; 14 en Salud-La Salle; 24 en Ofra-Costa Sur y 11 en el Suroeste. De su pasado y su presente, sin olvidar retazos de previsiones para el mañana, se ocupará EL DÍA en una serie mensual que inicia hoy desde el particular paseo por la historia de una cocapital canaria que ya es "gran ciudad" en la teoría y aspira a serlo en la práctica. De las playas de Añazo al actual Santa Cruz.

Entre esos barrios, mencionar a los fundacionales como El Cabo (con el desaparecido Los Llanos hasta llegar al actual y moderno Cabo-Llanos) o El Toscal (el primero con un evidente componente obrero), pero también a los de raíz rural o portuaria, caso de los de Anaga (el Macizo ocupa tres cuartas partes de la superficie del municipio); los de un centro, cada vez más vacío de gente y lleno de servicios, o aquellos en los que prima la integración del que viene de fuera como antes marcharon a otras tierras los chicharreros, caso de Salud-La Salle u Ofra-Costa Sur. También el expansivo Suroeste, símbolo de futuro para el crecimiento demográfico y económico de la urbe "chicharrera", dicho con orgullo por la condición de marineros, pescadores y con otros oficios portuarios de sus primeros habitantes.

Aunque el primer contacto de los conquistadores castellanos con los aborígenes se remonta al desembarco en las llamada playa de Añazo, en el suroeste de la ciudad, un 3 de mayo de 1494, Santa Cruz, como tal, se desarrolla de manera más tardía, a partir del núcleo fundacional situado junto a la iglesia matriz de Nuestra señora de La Concepción, en la desembocadura del barranco de Santos, a un lado y a otro de la cual se levantaron las primeras casas.

Desde lo que se conoció como El Cabo comenzó a extenderse la ciudad con un tejido urbano que tenía como núcleo principal las plazas de la iglesia y de La Candelaria, que ha cambiado de nombre según el color político de turno.

La ciudad, marcada por una complicada orografía, va creciendo de manera algo anárquica, sin seguir el trazado milimétrico de otros proyectos urbanísticos propios del ilustrado siglo XVIII. Para el recuerdo quedan nombres emblemáticos como el Camino a La Laguna o el Paseo de los Coches que fueron antecedente, en un paisaje de huertas, de la Rambla a secas, en el primer caso, y de la de Pulido en el segundo. El Toscal, primero, Duggi o Salamanca, posteriormente, fueron surgiendo poco a poco a medida que demográficamente Santa Cruz llegaba a la mayoría de edad. Sin olvidar una zona peculiar, el Barrio de los Hoteles, con la plaza 25 de Julio, que el pueblo llama de Los Patos, como centro neurálgico.

Porque es curioso, pero ésta es una ciudad en las que las calles suelen tener varios nombres, o al menos dos, el oficial y el popular. Así ocurre, por sólo poner dos ejemplos, con Antonio Domínguez Alfonso y Bethencourt Alfonso; o sea La Noria y San José.

Puerto de San Cristóbal de La Laguna durante varias centurias, lo cual marcó en cierta medida el carácter de los santacruceros, el rechazo al ataque del almirante inglés Horacio Nelson el 25 de julio de 1797, aumentó la autoestima del pueblo y el orgullo de una burguesía en alza, gracias al comercio con América. Esa Gesta ayudó a la condición de villa exenta en 1803, siendo su primer alcalde José María de Villa. Tras el triunfo ante los británicos llegaría lo de "Muy Leal, Noble e Invicta" al que habría que añadir el título de "Muy Benéfica" tras la gran epidemia de cólera de 1894. También es, claro está, Ciudad, Puerto y Plaza de Santa Cruz de Santiago de Tenerife". El título oficial de ciudad, no obstante, no llegaría hasta 1859 en tiempos de la reina Isabel II. Antes, en 1851, las islas habían inaugurado el régimen de puertos francos que tanta prosperidad dio y que algunos añoran todavía hoy en día.

Entre 1822 y 1927, Santa Cruz fue capital de la provincia de Canarias hasta que la división en la dictadura de Primo de Rivera la dejó sólo en la de la provincia occidental. El incipiente turismo era un sector en auge, pero la ciudad prácticamente vivía de su puerto, del comercio y los servicios.

Un paréntesis.- Así siguió siendo después, con el paréntesis del Mando Económico del Ejército, tras una Guerra Civil muy dura, mejor dicho represión, en la cual la incipiente clase obrera con una elevada concienciación, sobre todo entre los anarquistas, fue aplastada junto a los sectores de la burguesía local que la apoyaron en ese momento coyuntural de la historia. Fueron los años más complicados del siglo XX, de miseria económica y moral, un tiempo ideal para el fenómeno del cambullón, tan peculiar en estas tierras.

En nuestros días, Santa Cruz busca su camino en lo económico, cuando hay tiempos de libertad en lo político, al menos teóricamente. Parece que otra vez el sector terciario, los servicios, son el modelo con un puerto de nuevo potenciado, aunque con otra idea. El paisaje de contenedores que domina en los diez kilómetros de costa hasta Las Teresitas parece camino de al menos atenuarse. Con el despegue de la primera playa parado por distintos contenciosos, la opción "eterna" de Valleseco es esperada casi con ansiedad.

El municipio de Santa Cruz de Tenerife crece en una ladera hacia las montañas y tiene 140 kilómetros cuadrados de superficie, las tres cuartas partes ocupadas por el Macizo de Anaga y por unas gentes que habitan allí hace 300 años y reúnen características tan especiales como el suelo en el que residen. En este distrito y en los otros cuatro de la ciudad (Centro, Salud, Ofra y Suroeste) se reparten los 229.315 vecinos empadronados a 1 de abril de 2007.

De los barrios fundacionales a los residenciales como La Salud, Ofra o el expansivo Suroeste hay una gran distancia, no sólo geográfica, pero los puentes que definen a una urbe cruzada por un barranco, que ahora se pretende recuperar como vía arterial, deben significar un símbolo de unión en el camino de la prosperidad y la calidad de vida para todos. Los tiempos en los que una minoría mejoraba y los demás quedaban en la miseria deben ser cosa del pasado. Y si no es así, hay que responder desde lo social.

Porque las fiestas están muy bien y de eso los vecinos de Santa Cruz saben bastante, con un Carnaval único y unas Fiestas de Mayo que recuerdan a la cruz fundacional pendiente del merecido espacio en el que se la pueda rendir homenaje.

Símbolos.- Una ciudad son sus gentes, pero también sus símbolos. Algunos permanecen, aún con reformas, como la vieja Farola del mar o la Alameda, otros han sido remodelados como el parque García Sanabria, pero están aquellos que se han quedado por el camino, tal vez por la desidia de algunos, y baste mencionar el castillo de San Cristóbal, la plaza de la paz o la de toros, con concurso de ideas o sin él.

No hay que olvidar los nuevos símbolos de Cabo-Llanos, caso del Auditorio, el Palmétum o el Recinto Ferial, obras propias de la modernidad absoluta. Pero una ciudad que no conserva y defiende su historia se traiciona a sí misma.

Fuente: El Día, 29-06-2008