El poeta de la maleta en la maratón

 

Samir Delgado

 

Ayer pude asistir a la maratón de poesía organizada en la Librería el Cabildo de Tenerife. Junto a una gran cantidad de gente que llevó sus emotivas palabras al pequeño huequito de la cultura en la capital santacrucera, no se me ocurrió otra cosa que llevar el poema de la maleta editado en versión cómic y algunos textos de Paco Tarajano, para así poner un poco de mi isla redonda en esta otra isla materna que como las demás también son mías y no pararía de contar, pero eran únicamente cinco minutos así que ya saben que cojan ellos la maleta. 

 

 

Tras llevarme con agrado una fotografía del recital, aprovecho para rescatar un viejo artículo dedicado in memoriam a Pedro Lezcano y meterlo en el zurrón para estos días de calima, donde parece que los técnicos de alambrar el horizonte siguen haciendo de las suyas.

 

Y es que fue curiosamente en el propio "Orfeón La Paz " de la ciudad universitaria de Aguere donde muchos jóvenes canarios pudimos ver, por última vez, al insigne poeta canario Pedro Lezcano, poco antes de su muerte allá por la trágica fecha del once de Septiembre de hace bastantes años.

 

Quienes asistieron al evento, tal vez lo recuerden sentado con su bastón en pose meditabunda, tras ofrecer una conferencia magistral sobre otra de las grandes personalidades literarias del siglo, Mario Benedetti, que no pudo asistir a ese encuentro emblemático nunca más repetible. Y para desgracia nuestra, ya que no suelen abundar las oportunidades para la cultura juvenil y progresista en la agenda institucional de quienes regentan los despachos alfombrados de la cada vez más decadente ciudad del pendón colonial.

 

Y es que, precisamente, en estos tiempos tachados por la beligerancia militar a escala global, los conflictos confesionales en Oriente Medio y guerras étnicas en África azuzadas por el tráfico internacional de armas y los intereses de la industria militar yankie, esa imagen del Orfeón resulta bastante recurrente para tener en cuenta uno de los legados más sublimes de nuestro poeta, la insistencia reivindicativa a favor de la Paz mundial -con mayúsculas-, que en su obra trasciende como un paradigma poético de alcance social y profundidad humana.

 

A todo esto, bastaría hacer algo de memoria histórica siguiendo los anales periodísticos, para descubrir en la trayectoria vital de Pedro Lezcano un mismísimo Consejo de Guerra sufrido por injurias supuestas contra las fuerzas armadas españolas, tras haberse publicado en 1965 en las páginas del Diario de Las Palmas unos versos titulados llamativamente "Consejo de Paz", en clara alusión metafórica frente a los despropósitos dictatoriales del régimen franquista. Así es que, puestos a desentrañar algunas notas biográficas más para ahondar en la figura del poeta de la maleta, sin tener que insistir en el propio estribillo del afamado poema sobre los emigrantes canarios a Cuba y Venezuela, además de su afición por la pesca submarina, la divulgación del ajedrez, la fundación del Teatro Insular de Cámara, su profesión como impresor o su pasión especializada por el mundo campestre de la micología, tendríamos que destacar por motivos de urgencia su labor política, adscrita desde la época de la " Antología cercada" a la izquierda nacional canaria.

 

Cuando en los últimos tiempos, para estupefacción del común de los mortales, fue enarbolada una bandera insular gigantesca con presupuestos millonarios en la Plaza de la Fuente Luminosa de Las Palmas de Gran Canaria, de seguro que a nadie de la comitiva institucional presidida por José Manuel Soria se le ocurrió mentar a uno de los más distinguidos políticos que han encabezado el Cabildo Insular en los últimos 30 años de supuesta democracia.

 

Como tampoco, tras los escándalos públicos de corrupción en la ciudad de Telde saldados con imputados del Partido Popular y más de una sospecha hacia los integrantes de casi todas las fuerzas políticas representadas en el consistorio, haya sido convocada públicamente la necesidad de rescatar como referente moral a Pedro Lezcano, uno de los hombres más representativos de aquellas siglas difuminadas para añoranza de la izquierda, como fue la UPC.

 

A fin de cuentas, encontrándose las islas en una situación de encrucijada con la dramática oleada de pateras a nuestras costas, el desprestigio de la clase política y la privatización cada vez más dañina de los servicios públicos, sin contar las bolsas de marginalidad social o el deterioro casi irreversible de los bienes naturales y paisajísticos por la incultura depredadora del cemento, podría resultar una buena oportunidad entre tanto desconcierto y la mejor de las soluciones momentáneas, la lectura de cualquiera de los poemas de Pedro Lezcano, para no perder el rumbo en la defensa de nuestra tierra y mantener el vínculo de nuestras raíces como pueblo.

 

A pesar de que, como cualquier persona de carne y hueso, el propio Pedro Lezcano en su día se vio involucrado bajo la pompa ceremoniosa de otra de las peores lacras que persisten en las islas, la conmemoración de la Conquista y el ensalzamiento de la Hispanidad , aunque en las cosas de la política, el decoro del protocolo debe ser sustituido por la autoridad de las palabras, y más aún si son en verso, como tan bien legó nuestro poeta de la maleta.

 

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