El
poeta de la maleta en la maratón
Samir Delgado
Ayer pude asistir a
la maratón de poesía organizada en
Tras llevarme
con agrado una fotografía del recital, aprovecho para rescatar un
viejo artículo dedicado in memoriam a Pedro Lezcano y meterlo en el zurrón
para estos días de calima, donde parece que los técnicos de alambrar el
horizonte siguen haciendo de las suyas.
Y
es que fue curiosamente en el propio "Orfeón
Quienes
asistieron al evento, tal vez lo recuerden sentado con su bastón en pose
meditabunda, tras ofrecer una conferencia magistral sobre otra de las grandes
personalidades literarias del siglo, Mario Benedetti, que no pudo asistir a ese
encuentro emblemático nunca más repetible. Y para desgracia nuestra, ya que no
suelen abundar las oportunidades para la cultura juvenil y progresista en la
agenda institucional de quienes regentan los despachos alfombrados de la cada
vez más decadente ciudad del pendón colonial.
Y
es que, precisamente, en estos tiempos tachados por la beligerancia militar a
escala global, los conflictos confesionales en Oriente Medio y guerras étnicas
en África azuzadas por el tráfico internacional de armas y los intereses de la
industria militar yankie, esa imagen del Orfeón resulta bastante recurrente
para tener en cuenta uno de los legados más sublimes de nuestro poeta, la
insistencia reivindicativa a favor de
A
todo esto, bastaría hacer algo de memoria histórica siguiendo los anales
periodísticos, para descubrir en la trayectoria vital de Pedro Lezcano un mismísimo
Consejo de Guerra sufrido por injurias supuestas contra las fuerzas armadas españolas,
tras haberse publicado en 1965 en las páginas del Diario de Las Palmas unos
versos titulados llamativamente "Consejo de Paz", en clara alusión
metafórica frente a los despropósitos dictatoriales del régimen franquista.
Así es que, puestos a desentrañar algunas notas biográficas más para ahondar
en la figura del poeta de la maleta, sin tener que insistir en el propio
estribillo del afamado poema sobre los emigrantes canarios a Cuba y Venezuela,
además de su afición por la pesca submarina, la divulgación del ajedrez, la
fundación del Teatro Insular de Cámara, su profesión como impresor o su pasión
especializada por el mundo campestre de la micología, tendríamos que destacar
por motivos de urgencia su labor política, adscrita desde la época de la
" Antología cercada" a la izquierda nacional canaria.
Cuando
en los últimos tiempos, para estupefacción del común de los mortales, fue enarbolada
una bandera insular gigantesca con presupuestos millonarios en
Como
tampoco, tras los escándalos públicos de corrupción en la ciudad de Telde
saldados con imputados del Partido Popular y más de una sospecha hacia los
integrantes de casi todas las fuerzas políticas representadas en el
consistorio, haya sido convocada públicamente la necesidad de rescatar como
referente moral a Pedro Lezcano, uno de los hombres más representativos de
aquellas siglas difuminadas para añoranza de la izquierda, como fue
A
fin de cuentas, encontrándose las islas en una situación de encrucijada con la
dramática oleada de pateras a nuestras costas, el desprestigio de la clase política
y la privatización cada vez más dañina de los servicios públicos, sin contar
las bolsas de marginalidad social o el deterioro casi irreversible de los bienes
naturales y paisajísticos por la incultura depredadora del cemento, podría
resultar una buena oportunidad entre tanto desconcierto y la mejor de las
soluciones momentáneas, la lectura de cualquiera de los poemas de Pedro Lezcano,
para no perder el rumbo en la defensa de nuestra tierra y mantener el vínculo
de nuestras raíces como pueblo.
A
pesar de que, como cualquier persona de carne y hueso, el propio Pedro Lezcano
en su día se vio involucrado bajo la pompa ceremoniosa de otra de las peores
lacras que persisten en las islas, la conmemoración de