Primeros
intentos independentistas en Canarias (I)
Por Antonio Cubillo Ferreira *
Ahora que en la prensa canaria seria y
en muchos círculos de opinión del as islas, se habla y discute sin tapujos, por
fin, de soberanía y a nadie le asusta que se nombren las cosas por su nombre,
España es ya la metrópoli y Canarias es una colonia, colonia que tiende a
convertirse en Nación libre y soberana, con puesto en las N.U.
No estaría de más desenvolver viejos
documentos y decirle a nuestro pueblo y a muchos de
nuestros políticos, que nuestros antepasados también lucharon por Canarias en
su momento, aunque aún no había llegado para Canarias el momento histórico para
realizar sus sueños de independencia. La etapa de la liberación de África aún
no había sonado y esto ha hecho que sigamos colonizados. Claro que tampoco
habían nacido las Naciones Unidas, para obligar a las metrópolis europeas a
descolonizar, por eso Canarias es una de las últimas colonias de Europa y la
última del viejo y caduco imperio español.
Los gobiernos españoles siempre han hecho lo
posible para mantener en la ignorancia de nuestra propia historia al pueblo
canario. No solo los propios gobiernos sino algunos medios de comunicación
actuales de prensa netamente española en Canarias, radio y TV, por lo que creo
que debemos hacer lo posible para informar a nuestro pueblo de los antecedentes
de la larga lucha del Pueblo Canario por su liberación, desde hace siglos y a
ver si los políticos de Coalición Canaria aprenden a mirar hacia la sede de las
Naciones Unidas en Nueva York, y al Comité de Descolonización e incluso a
Bruselas y no a la metrópoli, que allí no se les va a resolver nada ni a darle
más limosnas. ¡Los tiempos han cambiado!
Sepan que los primeros
intentos independentistas documentados en Canarias nacen en la isla de Tenerife
en 1827debido a la influencia que tuvieron las ideas liberales inglesas, las
revolucionarias francesas, y las constituciones americana y francesa y también
por los libros y conversaciones de negociantes, franceses, escoceses e
ingleses que comerciaban con los puertos canarios. Hay también que tener en
cuenta que las luchas de liberación contra España en toda América iban a tener
repercusiones en esta colonia, ya que muchos canarios habían participado en
ellas y derramado su sangre. También surge este sentimiento de liberación en
Tenerife, en sus ateneos y tertulias, por estar situado en La Laguna el primer intento
para establecer una universidad y por ser esta última, donde fueron
derrotados estrepitosamente en la batalla de Acentejo, cuyo eco sigue aún
sonando en todas las islas.
Yo recuerdo de pequeño cómo los viejos nos
contaban los combates en las islas, de Doramas, de Tanausu, de Hupalupa, de Bencomo,
de Tinguaro, de Bentor y de tantos héroes guanches
que resistieron a los conquistadores. Aunque incipiente, flotaba en el ambiente
un sentimiento de etnia, que en el futuro podría convertirse en un sentimiento
nacional a pesar de que somos siete islas. Como es lógico, los gobiernos de la
metrópoli hacían todo lo posible para apagar este sentimiento, al igual que lo
hacían los partidos políticos españoles, tanto de derechas como de izquierdas.
Ya en su día analizaremos el papel colaboracionista de la llamada izquierda
canaria controlada por el PCE, contra el proceso de liberación a partir de
1960 hasta hoy en día. Pero antes, hemos de remontamos a los siglo 18 y 19 de
nuestra historia para comprender este proceso a ver si los actuales políticos
canario sen ejercicio, mal llamados nacionalistas, comprenden algo y saben
aprovecharlo.
Ene l s. 18, la que llegaría a ser la
primera Universidad Canaria, iba a servir de caldo de cultivo para que las
ideas revolucionarias que habían surgido en Europa con las revoluciones
liberales inglesas de 1642 y 1688 y que se estaban formando en la Francia del siglo XVIII y todo el movimiento
liberal y antimonárquico europeo, arribasen a Canarias a través de los grandes
veleros o de los correos de canarios que viajaban por Europa. No se vaya a
creer que los canarios de aquellos tiempos eran analfabetos o tontos, como piensan en la metrópoli. Varios ejemplares de la Enciclopedia Francesa
llegaron por los puertos canarios, especialmente a través de la isla de La Palma, donde existen aún hoy
dos ejemplares de la primera edición, o por el puerto tinerfeño, donde en
Tenerife existe un ejemplar de la misma edición. Libros de los conocidos libre
pensadores franceses, Voltaire, Rousseau,
Diderot, Lamark, D'Alambert y otros, comenzaron a ser leídos en las
tertulias de las islas y especialmente en las de La Laguna, la Villa de la Orotava, en Santa Cruz de La Palma, Garachico
y en la ciudad de Las Palmas, donde llegaban por los navíos que pasaban hacia
América o traídos por algunos canarios que volvían de tierras europeas o
americanas, donde se estaba desarrollando ese gran proceso cultural y político,
que años más tarde cristalizaría en la Constitución norteamericana y en los levantamientos
de las colonias contra España. En los archivos de la Inquisición en Canarias se
puede ver el ahínco con que se perseguía a los afrancesados o a los extranjeros
"gringos" -que quiere decir protestantes para los españoles, los
cuales lo aplicaron después, antes de la independencia de Méjico, a los
habitantes protestantes de E. Unidos-, y el temor que esas ideas llegaran al
pueblo canario.
Las
ideas liberales y del siglo 18, las ideas de nación y libertad, tenían también
amplias repercusiones en estas islas africanas a pesar de la losa colonial.
Claro que los gobiernos españoles siempre habían hecho lo imposible por
mantener al pueblo canario en la ignorancia y el oscurantismo, como hizo en
América y hay pocos documentos de la época o han sido destruidos. En la
metrópoli y Canarias, la llegada de Felipe V, el primer borbón francés
y de cultura francesa, iba a facilitar el fin del oscurantismo, el cual
otorgó la real cédula del 7 de octubre de 1742 por la cual se concedía
"por ahora" la creación de una Universidad en el convento de los
Padres Agustinos de La Laguna,
sito en la calle de San Agustín. La real cédula vino a confirmar los constantes
esfuerzos de los Padres Agustinos (San Agustín es un santo africano nacido en Tagueste-Argelia), quienes habían sido los únicos que se
habían preocupado, desde el s. 16, por la educación de la gente en este
archipiélago africano y que tenían ya gran experiencia de la enseñanza, puesto
que la cátedra de gramática latina de La Laguna, establecida desde los años de 1539, dada
por oposición, a nombre del ayuntamiento y dotada hasta con 100 ducados en
1717,estuvo muchos años en el convento de San Agustín.
En efecto, las facultades que se abrieron en el
citado año de 1744, que debemos considerar como el Año Uno de la Universidad lagunera,
fueron las de Gramática, Lógica, Filosofía, Matemáticas, Teología, Medicina,
Derecho Civil y Canónico. El haber conseguido la ciudad de Agüere la sede de la
primera Universidad de Canarias, despertó inmediatamente los celos del Cabildo
eclesiástico de Gran Canaria; al mismo tiempo, otra Orden eclesiástica, los
dominicos, celosos del privilegio otorgado a los agustinos, y amigos del a
pequeña burguesía que se estaba creando en Las Palmas -donde controlaban el
Tribunal de la
Inquisición-, y que ya estaba en contradicción con Tenerife,
desplazaron a Madrid a sus agentes para echar por tierra a la primera
Universidad de Canarias que iba a culturalizar a los
futuros estudiantes canarios. Sus gestiones coincidieron con la entronización
del nuevo y reaccionario rey español, Fernando VI. El resultado fue la real cédula del
4/12/1747 dada en el Buen Retiro, por la cual mandaba se suspendiese la Universidad de Canarias
y que se erigiese, cómo no, en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, un
seminario eclesiástico (reales cédulas, libro VII, Oficio 2, fol.
177), que iba a fomentar el principio del pleito insular.
La historia de la Universidad lagunera
es bastante complicada; el 11/3/1792, por influencia de ciertos canarios
establecidos en Madrid y que mantenían sus contactos con los jesuitas que
habían sido expulsados de España y sus colonias por Carlos III, logran que el
indeciso rey Carlos IV, padre
del que después fue Fernando VII,
de triste memoria, expidiese un real decreto, por el cual mandaba establecer
en la ciudad de Agüere, capital entonces de la isla de Tenerife, una
Universidad Literaria o restringida y controlada, digo bien, Literaria,
destinando para ello la casa-colegio de los expulsados jesuitas, dotándola con
4.000 ducados de pensión sobre la mitra de Canaria. Coincidió este decreto con
que el obispado de Canaria estuviese ocupado por el mitrado español don
Antonio Tavira y Almazán, quien se dejó influir por
el Cabildo de Gran Canaria y por los comerciantes españoles y burgueses de
dicha isla, que seguían opuestos a la creación de la Universidad lagunera.
Tuvo
entonces que intervenir un ilustre lagunero, don Alonso de Nava y Grimón, para contrarrestar los manejos del obispo español Tavira, pero nada se pudo hacer de positivo puesto que
detrás de todo estaban también los manejos de los amigos de los jesuitas.
En
1816, Fernando VII, de
vuelta del exilio francés, restablece a los jesuitas y dicta una cédula real
que diese vida a la
Universidad lagunera con la circunstancia precisa de haberse
de entregar la Universidad
a los jesuitas para que la dirigiesen y gobernasen. Por fin, la misma fue instalada
en la ciudad de Agüere en el edificio que había sido colegio de los jesuitas,
el día 12/1/1817, con gran indignación de los agustinos y de la intelectualidad
liberal de Agüere, que no admitían los manejos de los jesuitas y preferían a
los agustinos a los que ya conocían y apreciaban y no se metían en política.
El doctor don Isidoro Rivero Peraza y Ayala, mi
pariente, tío de mi tatarabuela, natural de Tacoronte, canónigo de la iglesia
catedral de Tenerife también tuvo que ver con la Universidad; el mismo
fue designado ' junto con otros doctores para enseñar en la Universidad. Don
Isidoro, cura liberal, afrancesado -acusado de masón-, y que formaba parte del
grupo de los doceañistas o partidario de la Constitución de 1812,
no tenía ninguna simpatía por los españoles ni por los jesuitas e insistió en
que se crearan las cátedras de Humanidades, Matemáticas y Lógica, por lo que el
27 de enero de 1817 se acordó fijar edictos anunciando la apertura de dichas
cátedras. Posteriormente, en el curso comenzado en octubre de 1818, ya fue
preciso establece runa nueva cátedra de Física experimental paral os que habían
concluido los cursos de Lógica y Matemáticas, y nombrando para ella al doctor Saviñón y para la de Matemáticas a don Domingo Bello Lenard.
Por
desgracia para los alumnos, la segunda Universidad salida de la Real Cédula del
10/11/1816, no fue un modelo de enseñanza moderna de la que enorgullecerse. En
el nuevo establecimiento se dio demasiada importancia a los usos escolásticos
del siglo XIII, a
pesar de los esfuerzos de mi tío, el canónigo don Isidoro Rivero Peraza de
Ayala, y de don José Deza Goyri.
Para
más detalles sobre la historia de la Universidad, leer en la Revista Semanal de
este periódico, "La
Prensa", del sábado 23 de septiembre de 2006, mi artículo titulado
"La fecha de la supuesta fundación de la Universidad de La Laguna, Canarias".[1]
No hay que olvidar que, en tiempos del rey
Fernando VII, quizá
el peor rey que ha tenido España, junto con Felipe II, el cual
restableció la odiada Inquisición, la
Gaceta de Madrid, del 3 de mayo de 1927, publicaba esta vergonzosa
frase: " Lejos de nosotros la peligrosa novedad de discurrir ".
Por
decreto 1/10/1823, Fernando VII,
anuló el sistema constitucional, apoyado por las Cien mil bayonetas de
San Luis, enviadas por el Borbón francés Luis XVIII, quien sustituyó a Napoleón después de Waterloo, acabando con las libertades y derechos que había
instaurado la
Constitución de Cádiz de 1812. Ayudado por la expedición
francesa, Fernando VII acaba
deteniendo y ejecutando al constitucionalista Mariscal Riego, que se había
sublevado contra el envío de tropas españolas para combatir a Bolívar; dando
principio a una era de oscurantismo, de imperio eclesiástico y de jesuitismo.
Como era lógico, el rey absolutista español no podía permitir que aquí en las
colonias existiese una Universidad como la de La Laguna, a pesar de estar
incluso gobernada por los jesuitas, por eso, el 4 de diciembre de 1823 (día en
que ya se había suprimido en 1747 la primera Universidad canaria), los
comisionados regios en Tenerife, cerraron la Segunda Universidad
de Canarias, porque decían que en ella, y a pesar de los jesuitas, se habían
difundido entre los alumnos las ideas liberales inglesas y de la Revolución Francesa
y difundido las ideas de libertad y de independencia que venían de toda
América. No olvidemos que el primer grito de la independencia de América, mucho
antes que Francisco de Miranda, Bolívar, nieto de una canaria de Garachico, o el cura Hidalgo, o Artigas, hijo de una
lagunera, etc., lo dio un canario natural de la isla del Hierro, Francisco de
León, antes que Bolívar en Venezuela, a quien en la propia Canarias se le
desconoce y no aparece nunca en los libros de Historia de Canarias, que
controla Madrid. También el precursor de Venezuela, Francisco de Miranda,
descendía de una familia del Puerto de la Cruz. (¡Me gustaría saber si los políticos de Coalición
Canaria saben algo de esto!)
Influyó también en el cierre de la Universidad el
hecho de que el canónigo don Isidoro Rivero Peraza de Ayala fuera acusado por
el Juzgado de La Orotava
de haber preparado un Movimiento por la Independencia de las
Islas Canarias junto con don Francisco de Lugo y Viña, don Antonio Monteverde,
don Pedro Benítez, don Miguel García, don Ignacio y don Fernando Llarena, todos ellos de la Villa de La Orotava, don Miguel Yanes,
del Realejo, don Fernando del Hoyo, don Juan Botas, el provisor don José
Martinón, don Juan Tabares de Roo, grana migo del
canónigo Rivero, el juez de primera instancia deL a Laguna, don josé Antonio Morales, todos del a ciudad lagunera, don
Francisco Guerra, de Añaza, y muchos otros más, pues
incluso habían conocido personajes de otras islas, a quienes el obispo deL a
Laguna acusaba de estar en “cercanías del a rebelión”.
A este respecto tengo que señalar que el 15
de agosto de 1827, el embajador de España en Londres, conde Alcudia, comunicaba
al gobierno de Madrid: “estar en posesión de informes fidedignos de que en
aquellas islas (refiriéndose a las Canarias) se hallan en muy mala disposición
en cuanto al espíritu público de los habitantes en general, y que los
revolucionarios que trabajan con infernal ahínco en su seno, y desgraciadamente
con cierto fruto, de acuerdo con los de otros puntos, tienen todo tan bien
preparado, que el día que lo crean oportuno, y quizás antes de ser prevenidos,
proclamarán la
Independencia de dichas islas".
Nota: para confirmar esto, véase: (Archivo de Simancas, Estado
8191, fol. 85) y (Historia de las Islas Canarias
1776-1868 de Francisco María de León, Ed. Aula de
Cultura de Tenerife 1966, pag. 189 y 207).
El
obispo de Tenerife don Luis Folgueras Sión, acérrimo defensor del oscurantismo y responsable de
los innumerables informes al gobierno de la metrópoli, anunciando que aquí
habían o se preparaban diferentes rebeliones y movimientos independentistas en
Canarias, logró que viniese urgentemente a nuestro Archipiélago el Regimiento
de Infantería de Albuera, Séptimo Ligero con base en
Ceuta, el cual llegó a esta isla el 11 de marzo de 1827 completamente
municionados y en plan de guerra de conquista, al mando del teniente coronel
mayor don Miguel Peirson, para acabar con los inicios
del Primer Movimiento Independentista de Canarias.
Entonces
comienza toda una serie de presiones y ataques contra los representantes de la
incipiente burguesía tinerfeña que había entrado en contacto con los ingleses
y con las repúblicas americanas liberadas. Había que acabar rápidamente con
este movimiento independentista incipiente y con la influencia de la ideas de
la revolución francesa y de los Estados Unidos. Entre bastidores circulaba en
Canarias, especialmente en las islas de La Palma y Tenerife, ejemplares de las
constituciones americanas, francesas y de las Repúblicas americanas y esto era
muy peligroso para la metrópoli.
El 18/12/1830 fue cerrada definitivamente
la segunda Universidad Canaria por el reaccionario rey español que ordenaba
que se cerrasen todas las universidades y colegios de España y sus colonias de
ultramar, con gran contento de los comisionados regios y del obispo español Folgueras. Tras la enfermedad del rey absolutista español
Femando VII en
1832, quien tenía la costumbre de decir: "España es una botella de cerveza
y yo soy el tapón. Si yo salto, Dios sabe dónde iría a derramarse el
líquido", y que ordenó el ajusticiamiento por estrangulamiento de la joven
María de Pineda en una plaza pública por haber bordado en el estandarte
violeta de Castilla, que representaba las antiguas libertades perdidas, (las
palabras Ley, Libertad e Igualdad), la regencia del reino cayó en manos de
María Cristina de Borbón Sicilia, madre de la futura
Isabel II. Para
hacer olvidar el sistema obscurantista y clerical de Fernando VII, dio una serie de
órdenes y decretos, uno de ellos restableciendo la enseñanza pública, las
universidades y establecimientos literarios de España y colonias de Ultramar.
Así, la Segunda
Universidad de La
Laguna verificó su nueva apertura de curso el primero de
noviembre de 1834, a
pesar de la oposición del obispado de Tenerife y gracias a los esfuerzos del
nuevo deán de la catedral de La
Laguna, el doctor don Isidoro Rivero Peraza de Ayala, quien
fue nombrado primer rector.»
*Abogado
Continuará…
** Publicado en la
revista semanal “La Prensa”, de EL DÍA, sábado, 29 de marzo de 2008
[1]aniversariouniversidad