EL
INDEPENDENTISMO Y LOS PROCESOS ELECTORALES ESPAÑOLES
Francisco
Javier González
La tan
cacareada “unidad de los demócratas” en la lucha contra el franquismo, al menos
aquí en Canarias, no pasó de ser una entelequia, ya que las posiciones
consecuentemente nacionalistas fueron siempre excluidas de esta supuesta
unidad. Para el PCE -que hegemonizaba la lucha- y
valga como ejemplo, el independentismo canario significaba una “desviación
ideológica” y causa por la que bastantes militantes tuvieron que abandonar el
Partido, como le sucedió a uno de mis tíos maternos, Luís,
después de gozar holgadamente de la generosa hospitalidad que el franquismo le
proporcionó en los “Salones de Fyffes” esperando cada noche que lo sacaran a pasear
hasta el Barranco del Hierro. Luego, en el tardofranquismo,
con todas aquellas “Juntas”,
“Plataformas” y “Platajuntas”,
apellidadas todas ellas de “Democráticas”,
los planteamientos independentistas siguieron proscritos y perseguidos
gubernamentalmente con saña, sin que los autoproclamados “demócratas antifranquistas” se rasgaran ningún púdico velo político.
En las
postrimerías de la dictadura española y en los momentos de la tan manida Transición los militantes del MPAIAC y
del PTC -como luego los sindicalistas de la CCT-
fueron, en el mejor de los casos, sometidos a persecución policial y
judicial y, en el caso peor, asesinados por la policía española, asesinatos
que, justo es reconocerlo, afectaron también a militantes no independentistas
como Antonio
González Ramos. Hubo que -y otra vez en solitario- inventar
mecanismos para defender a los presos y apoyar a sus familias como fue Solidaridad Canaria -y aquí se hace
obligado el recuerdo de compañeros que han entrado en la dimensión del recuerdo
como Julio Bastarrica, Hupalupa
y Tomás Chávez- mientras que desde el PCE de José Carlos Mauricio se denunciaba
a compañeros detenidos en Gando cuando salían hacia Monrovia para acudir a la OUA, o a los que en Tenerife
secuestraban las banderas de Nelson, y los dirigentes del PUCC nos acusaban
desde la prensa como “terroristas” al organizar la primera Semana Pro-Amnistía para los Presos Nacionalistas en Santa Cruz.
En medio de
este panorama se puede entender que por el independentismo ni siquiera se
pensara en participar en procesos electorales ni en el uso de las vías institucionales
españolas, pero las lecciones que sacamos de los conatos de “propaganda armada” -que nunca llegó a
ser “lucha armada”- nos convencieron
a muchos de la necesidad de utilizar cualquier herramienta política que nos
permitiera el colonialismo español. Así, frente a las Elecciones de 1977,
presentamos a la legalización -condición sine qua non para participar- el Partido Revolucionario Africano de las Islas
Canarias (PRAIC), casi al tiempo que las Células Comunistas y el PCC(p) (con Fernando Sagaseta,
Gonzalo Angulo y Carlos Suárez), conjuntamente con sectores independentistas de
Gran Canaria -sobre todo isleteros- presentaban PCU . Los resultados fueron para
PCU -que también por cuestiones de legalización que presentarse como agrupación
electoral- de casi 18.000 votos y para nosotros los frecuentes viajes que
tuvimos que hacer por comisarías y juzgados porque el Punto 1º de los Estatutos
planteaba que el objetivo del PRAIC eran la descolonización de Canarias, su
constitución como Estado independiente y la opción por vías de desarrollo no
capitalista.
En las
elecciones siguientes, las de 1979, el PRAIC seguía sin legalizar, y PCU, que
estaba inmerso en un proceso de confluencia múltiple, presentó candidaturas -recuerdo
a Falero al Senado por Gran Canaria- que luego fueron
retiradas cuando PCU se disolvió en el poutpurrí que
fue la Coalición UPC
formando un tutto revoluto de
federalistas, autonomistas, autogestionarios, comunistas, cristianos,
sindicalistas…. y una minoría independentista, y así fue como las Células
Comunistas, el PSAC (formado por los restos del PSP de Tierno que no se fueron
al PSOE), el PCC(p) (luego PRC), el PUCC (llamado luego MIRAC y aún más tarde
UNI), la AC, la CANC y los restos del
independentismo que, como el grupo “Tenique”, aún permanecían críticamente en
las bases de PCU, y coleccionando nombres como Gonzalo Angulo, Zumaquero, Arcadio Díaz Tejera, Bermejo,
César Rodríguez Placeres, Carlos Suárez, Félix Casanova, Román Rodríguez, J. Mendoza,
Paco Tovar, Oswaldo Brito, Pablo Ródenas, Melchor Núñez…. llevaron, con casi
60.000 votos, hasta el Congreso Español a Fernando Sagaseta,
convirtiéndose en la tercera fuerza política en Canarias. Las diversas y
divergentes trayectorias posteriores de cada uno, cada vez más alejadas del
nacionalismo, dan la medida exacta de lo que fue aquella UPC con la que, al ver
la imposibilidad de la legalización por los españoles, intentamos desde el
PRAIC un acercamiento que, por el absoluto -y comprensible dada su composición-
desinterés de los coaligados, no llegó nunca a avanzar. Fue esta mezcolanza la
que precipitó la caída en picado de la
UPC que, segregada la Asamblea Canaria,
ya en las elecciones del 82 vio reducidos a la mitad los votos obtenidos y,
aunque se mantuvo, ahora como cuarta fuerza en Canarias, perdió toda
representación a nivel estatal.
Fenecida ya la UPC, el 1º de Mayo de 1986, el
PRAIC, con parte de las antiguas Células Comunistas, de escindidos del PRC y de
los llamados Colectivos Nacionalistas del antiguo PCU celebran en Tenerife el
Congreso fundacional del FREPIC-AWAÑAK, pero ni siquiera se llegó a debatir el
tema electoral pues las elecciones de ese año estaban ya en puertas y no había
posibilidades de legalizarlo para participar. El debate fundacional más intenso
fue sobre la definición de Frente Popular,
rechazándose darle carácter estrictamente de clase por la oposición frontal de
los procedentes de los Colectivos Nacionalistas que, con Tomás Quintana a la
cabeza, amenazaban con abandonar el proyecto, primándose así la definición nacionalista
frente a la socialista a pesar de que los así definidos éramos mayoría. A mi
juicio fue este, de marginar el carácter socialista en la constitución del
Frente, el segundo gran error político cometido por el nacionalismo de
izquierdas -el primero fue el opuesto, el marginar en PCU-UPC el carácter
nacionalista- . En esas elecciones del 86 ya Asamblea Canaria y CANC-INC
acudieron por su cuenta como formación autonomista que terminó como la Asamblea Canaria
Nacionalista que llevaba a Zumaquero y Román Rguez., los comunistas de PCE con la parte de las Células
que no entraron en FREPIC o que no formaron el PCPE, integran ICU, donde aterriza Vieitez,
y que termina en ICAN. Es también el momento del lanzamiento de las AIC, tutti
fruti de API, AHI, PIL… donde predomina ATI que lleva a Galván Bello hasta el
Senado metropolitano con 52.000 votos que, por esos milagros que logra la
mezcla de la Ley D’Hondt y las circunscripciones insulares, le permitieron
llegar con bastantes menos que los obtenidos por Francisco. Monzón de AP, o
Domingo Guillen del CDS, aunque eso si, con 10 veces más votos que Gerardo Mesa
o Ramón Jerez y 50 veces más que José Francisco. Armas.
La primera
presencia electoral de organizaciones declaradamente independentistas fue a
instituciones de ámbito canario en las elecciones municipales y a Cabildos de
1987, en que el recién constituido CNC se presenta en Gran Canaria, Lanzarote y
Tenerife -sacando un concejal en Arrecife- y el FREPIC solo en Tenerife. El
debate ante esas elecciones fue muy duro dentro del FREPIC, hasta el punto de
que la decisión de presentarnos provocó el abandono de la organización de gran
parte de la militancia, debate reproducido ante las elecciones locales de abril
del 91, en que CNC y FREPIC constituyen una fallida coalición -“Canarias por la Independencia”- que,
aunque se pretendía fuera el inicio de un proceso de confluencia solo duró, y a
duras penas, el tiempo del proceso electoral. En las estatales del 89, se
presentan en Gran Canaria con antiguos militantes de MPAIAC y de PCU como “Siete Estrellas Verdes” mientras que
FREPIC no puede presentarse porque los partidarios de la abstención ganaron el
debate, que vuelve a reproducirse, pero más crudo ante las estatales del 93
-cuando la confluencia de los insularismos cuaja en
la actual CC- en que no hubo presencia independentista, pero que costó otra vez
y solo por el hecho de plantearlo, nuevos y sensibles abandonos en el Frente. Otra
vez se presenta FREPIC a las estatales del 96 y una nueva ruptura sucede dentro
de la organización, que ya debilitada se enfrenta posteriormente con otra
crisis interna en la que los problemas de fondo eran, no tanto la presentación
o no a las elecciones, como la propia
definición y objetivos del Frente.
Posteriormente,
en el 2004 -si descontamos la anécdota de AMAGA en el 2000- vuelve a presentarse una opción nacionalista
a las elecciones estatales, APCA y, puestos ya en este 2008, hay tres opciones autoproclamadas
independentistas que se presentan a las elecciones. Una de ellas, el Movimiento por la Unidad del Pueblo Canario (MUPC),
sin más definiciones ideológicas que las
de Descolonización e Independencia,
manifiesta que lo hace como medio de propaganda y concienciación independentista.
Las otras dos, Alternativa Nacionalista
Canaria (ANC) y Unidad del Pueblo
(UP) se autodefinen como izquierda independentista. Ignoro, al
no ser militante, si estas dos últimas han tenido los mismos problemas que nos
causaron sucesivas divisiones, ni las razones por las que, con similares
presupuestos políticos, no se ha llegado a un acuerdo, pero si puedo decir que
están en un camino que considero correcto y, por ello, tarde o temprano,
confluirán por necesidad histórica. Se que todos somos conscientes de que no
van a obtener votos suficientes para obtener representación ni creo que ese sea
el planteamiento de ningún militante, pero, en una situación colonial como la
nuestra, en que las opciones que pueden
-por simples razones matemáticas y por las características del sistema- obtener
representación en las instituciones estatales son o bien de disciplina central
española o bien del pseudonacionalismo insularista y
autonómico de la CC
y su hijuela NC-CCN, el único voto útil a emitir es el que ayude a la
construcción de lo que desde el inicio de esta etapa de la lucha estamos
necesitando: El Partido de la izquierda
independentista.
Si desde el
nacionalismo real, el independentismo, pretendemos destruir las relaciones
jurídicas y políticas que ligan esta colonia con la metrópoli española pienso,
en frase de Gramsci que “no puede existir destrucción, negación, sin una construcción y una
afirmación implícita, entendida ésta no en un sentido “metafísico”, sino
práctico, o sea, políticamente como programa de partido” y, para Gramsci -tesis que asumo- el Partido es un organismo, es el
elemento complejo de la sociedad en el que comienza a concretarse una voluntad
colectiva reconocida y afirmada en la acción. Para mi al menos, esto se traduce
en la asunción y la expresión activa de la necesidad histórica de la liberación
nacional y social, para lo que, tanto el programa como la política de alianzas
y la propia acción política, deben preparar el terreno para el desarrollo de la
voluntad colectiva nacional-popular con el objetivo de la conquista posterior
de esa liberación nacional y social de nuestra patria, esto es, de la Independencia y el Socialismo.
Por eso y
para esto iré a votar en las elecciones españolas del próximo 9 de marzo
Gomera a 22
de febrero de 2008