¿Para quién hace
publicidad la luna? (reflexión postelectoral)
Samir Delgado *
"Diez cucús, las
estrellas se alinean entre los listones de mis persianas. Veo en esto un
estigma capitalista"
-El don de Vorace-
FÉLIZ FRANCISCO CASANOVA.
Hoy me levanté
trascendente, casi parafraseando el título de la pieza teatral firmada hace
años por nuestro querido Alberto Omar, ya retirado de la oficinesca
burbuja de las gestiones culturales universitarias.
Pero el madrugón no ha
tenido nada de divino, tras la resaca electoral que estarán padeciendo a
estas alturas los devotos de gaviotas mutantes y rosas plastificadas,
otros hemos recuperado al fin cierta normalidad para nuestra vida cotidiana,
sin la presión semiótica de los eslóganes políticos bombardeando las calles y
la cuenta atrás para las elecciones que han condicionado nuestra existencia
entre las musiquillas itinerantes desde hace semanas, incluyendo para sorpresa
de IU al propio Joaquín Sabina, convertido en telonero de
lujo para un ZP rejuvenecido para su renovada investidura en Moncloa.
De vuelta a la sacrosanta
normalidad, una vez consumada la fiesta democrática de las urnas borbónicas,
todo sigue igual que siempre, los precios al alza y las colas del
paro compartirán el protagonismo entre los jóvenes junto a los contratos
basura de las ETT, aún es demasiado pronto para esperar más cheques
socialistas del nuevo gabinete presidencial, pero también cabe
preguntarse si de verdad habrán cambios futuros en nuestras vidas,
independientemente del partido que ocupe más escaños en el Congreso español
custodiado por leones de
Tras el 9-M, en las
islas ha quedado un sabor amargo para los clientes de CC, hartos de
cenas gratis y mítines donde se habla canario en sentido
folclorista chungo. La vida vuelve al curso natural de sus trasiegos
diarios, el tranvía continúa en su flujo ordinario de eterno retorno, la
gente trabajadora cruza
A nadie se le escapa ya que
esto de las elecciones democráticas tiene mucho de circo en temporada,
los propios periodistas han denunciado los filtros impuestos por los
partidos y las enormes carencias informativas que han generado el monopolio
de la palabra entre los partidos centralistas del PP y el PSOE,
que se han llevado al lego la mayoría de los escaños, convirtiendo el debate
político en una pugna de pressing-catch con exitosa cobertura mundial de espectadores,
saliendo mal parado el señor Rajoy, que
escapó loco de la prejubilación anticipada.
Todo esto a bote pronto,
haciendo una lectura precoz sobre el panorama político de la actualidad y
sus consecuencias directas en la vida diaria de las personas, nos puede llevar
a la referencia interesantísima de lo que Guy
Debord, filósofo francés del mayo del 68, llamó
la "sociedad del espectáculo", que no es como muchos piensan
la mera proyección de imágenes publicitarias que por televisión nos
invaden para el consumo masivo, sino más bien una cosa todavía más profunda y
dañina: la propia relación entre las personas está mediada por esas imágenes
que nos condicionan sobre la realidad, lo que es verdad y lo que es
mentira, convirtiendo nuestra vida cotidiana en una parte más del espectáculo.
Esto para Canarias
tiene un influjo decisivo, metidas en el mercado turístico internacional
todo lo que tenga que ver con ellas parece turístico, desde la gastronomía
hasta el patrimonio- incluso la literatura como espacio genuino de la
cultura, podría verse atenazada por la lógica perversa de la mercantilización-,
y en política ya vimos los síntomas del espectáculo elevado a su máxima
potencia entre los propios candidatos, que se perfilaban comercialmente desde
sus paneles con fondo paisajístico, como las mejores opciones para el ciudadano
reducido a puro consumidor, haciendo un marketing siniestro con dinero público
entre los vecinos, defendiendo con cantos de sirena unas islas siempre
estigmatizadas en un recuadro y con lloriqueos regionalistas en Madrid.
Siguiendo con la filosofía,
para empezar a acabar estas notas de reflexión postelectoral, no puedo
evitar acordarme de cierto chisme comentado sobre otro pensador alemán, Max Horkheimer,
emigrante de la guerra mundial que escapó del nazismo hasta California,
que estupefacto por los rascacielos de la american
way of live,
escuchó a una niña ingenua que absorta diariamente por la propaganda de los
gigantes luminosos, preguntó a su madre: "¿para quién hace publicidad
la luna?".
Habrá que esperar cuatro
años más para votar, antes en las islas marcadas por la abstención subtropical
volverá a repetirse el simulacro democrático con unos comicios autonómicos,
frotándose las manos con nerviosismo deportivo los magnates de Soria y Paulino,
que sacarán tajada de su pacto frente a la tirada electoral de los flipados socialistas ya bien ingresaditos en
Para entonces, no sé si el
poblado pesquero de Cho Vito seguirá
existiendo, no sé tampoco si finalmente nos impondrán el Puerto de
Granadilla, no sé si habrán iniciado las prospecciones petrolíferas de Repsol
y no sé si la montaña de Tindaya quedará
artísticamente vaciada- en mucho dependerá de nosotros mismos y la capacidad de
los movimientos sociales que dan oxígeno a nuestro pueblo-, pero como dijera el
gran solista del grupo Queen, "show must go on",
el espectáculo debe continuar con
Aguere, 10 de Marzo de 2008
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* Miembro del Colectivo
Artes y Letras, locutor del programa radiofónico"A
la sombra del almendro". Autor de los libros " De Guajara
a Tafira, travesías del movimiento estudiantil
canario", "Última postal desde Canarias" y "Poema global de
la ciudad turística"- primera parte de la trilogía "Canarias al
Sur"-, y responsable de diversas iniciativas editoriales para la promoción
de autores canarios.