Púrpura y
esclavos
Sergio Logendio*
Es
cosa averiguada de ha ya tiempo que, por derecho divino y humano, la guerra que
los españoles hicieron a los habitantes de estas islas [Canarias] fue injusta,
sin tener razón alguna de bien en que estribar. Todavía hoy se escucha contar a
los antiguos cómo el Adelantado Alonso Fernández de Lugo, hombre de dudosa
solvencia moral y de más que dudosa fidelidad de palabra, mandó en cierta
ocasión entrar a aquesta Isla [Tenerife], por los bandos
de Güimar, a una gente venida con sus carabelas desde un lugar llamado Palos
de Moguer, y que aún estando los naturales convertidos a la santa fe católica,
los hizo prender y los dio por cautivos. Nadie respondió a sus gritos y dicen
quienes persisten en la historia que se los llevaron atados de pies y manos, hociqueando
como animales inquietos.
De
entre todos, acaso más de un ciento de hombres, mujeres y niños, destacaba uno
por robusto y parejo de miembros, de más de siete codos de altura, el cabello
negro y largo, a media espalda, suelto, y la barba también larga, crecida en punta
al pecho, cortada por encima de la boca; el rostro alegre y feroz, color
moreno, negros los ojos, vivos y veloces. Y dicen que una vez el barco fue aparejado,
cuando el alisio hinchó las velas del navío, al sentir el viento silbar sobre
los jabíes, la imagen de las aulagas perdiéndose, el dolor se le fue adentrando
hasta doblegarlo, hasta confundir sus sentidos y anegar su entendimiento, como una
nube de calima.
Cuando
despertó de tan terrible sueño, muchos creyeron podía estar hasta endemoniado,
que no llegaba a entender cuántos soles y lunas se habían sucedido en el cielo.
La nave descansaba bien amarrada en el fuerte al que llaman de Santa Cruz de
Con
la primera marea, el buque puso rumbo a la ciudad de Sevilla, el gran emporio
del comercio esclavista. En las gradas de la catedral se agolpaba una
expectante multitud, ansiosa por ver la mercancía humana. A la mayoría de
canarios los compró el duque de Medina Sidonia. Cuentan que ahí se perdió su
rastro, sus vidas.
*Redactor de EL
DÍA, 2-08-2008