¿No será necesario un "quinto poder"?

 

Ramón Moreno Castilla

Si a los tres poderes independientes que propugnara Montesquieu: Legislativo, Ejecutivo y Judicial, se les ha opuesto tradicionalmente -sirviendo de contrapeso a los excesos y arbitrariedades de éstos- , el llamado "cuarto poder", representado por una prensa libre e independiente, que defendía a ultranza a los ciudadanos, esa otra perversa variante, el "cuarto poder mediático", no puede hacer comprender la mundialización (¡ni justificar la neocolonización!), puesto que él es protagonista y actor principal. Se impone, pues, la necesidad imperiosa de un "quinto poder" que informe sobre la información y que se oponga al colonialismo.

En los países democráticos también pueden cometerse graves abusos y violaciones de los derechos humanos (como es el caso de España con respecto a Canarias), aunque las leyes sean votadas democráticamente, los gobiernos surjan del sufragio universal y la justicia -en teoría- sea independiente del Ejecutivo. Los periodistas y los medios de comunicación a menudo consideraban un deber prioritario denunciar esas violaciones, pero en estos territorios de ultramar, y dada nuestra impuesta situación colonial, esas denuncias tienen, además, otras connotaciones, cuyos autores están pagando muy caras, ya que la consigna generalizada es "matar al mensajero". ¡Es uno de los costes de la "españolidad"!

Ese "cuarto poder" en términos globales era, en definitiva, gracias al coraje de valientes periodistas (que en nuestro Archipiélago brillan por su ausencia, salvo el editor-director de este periódico, y algún otro), aquel del que disponían los ciudadanos para criticar, rechazar, enfrentar, democráticamente, decisiones ilegales que pudieran ser inicuas, injustas e, incluso, criminales contra personas inocentes. Era, como se ha dicho habitualmente, la voz de los sin voz. Una especie de "abogado de oficio" de los ciudadanos, "presuntos inocentes", que no "presuntos culpables". Y, en el caso de los canarios, las víctimas propiciatorias.

Desde más de quince años, a medida que se aceleraba la mundialización liberal, ese "cuarto poder" fue vaciándose de contenido, perdiendo poco a poco su función esencial de contrapoder. Esta evidencia se impone al estudiar de cerca el fenómeno de la globalización, al observar cómo llegó a su auge un nuevo tipo de capitalismo, ya no simplemente industrial sino predominantemente financiero, en suma un capitalismo de la especulación. En esta etapa de la globalización asistimos, por otra parte, a un brutal enfrentamiento entre el mercado y el Estado, el sector privado y los servicios públicos, el individuo y la sociedad, lo íntimo y lo colectivo, el egoísmo y la solidaridad.

El verdadero poder es actualmente detentado por un conjunto de grupos económicos planetarios y de empresas globales, cuyo peso en los negocios del mundo resulta a veces más importante que el de los gobiernos y los Estados. Ellos son los "nuevos amos del mundo" que se reúnen cada año en Davos, en el marco del Foro Económico Mundial, e inspiran las políticas de la gran Trinidad globalizadora: Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial y Organización Mundial del Comercio. Es en este marco geoeconómico donde se ha producido una metamorfosis decisiva en el campo de los medios de comunicación masiva, en el corazón mismo de su textura industrial.

La mundialización es también la mundialización de los medios de comunicación masiva, de la comunicación y de la información. Preocupados sobre todo por la preservación de su gigantismo, que los obliga a cortejar a los otros poderes, estos grandes grupos ya no se proponen, como objetivo cívico, ser un "cuarto poder", ni denunciar los abusos contra el derecho, ni corregir las disfunciones de la democracia para pulir y perfeccionar el sistema político. Tampoco desean erigirse en "cuarto poder" y, menos aún, actuar como contrapoder. Y, si llegado el caso, constituyeran un "cuarto poder", éste se sumaría a los demás poderes existentes -político y económico- para aplastar a su vez, como poder suplementario, como poder mediático, a los ciudadanos. La cuestión cívica que se nos plantea de ahora en adelante es la siguiente: ¿cómo reaccionar? ¿Cómo defendernos? ¿Cómo resistir a la ofensiva de ese nuevo poder que, de alguna manera, ha traicionado a los ciudadanos y se ha pasado con todo su bagaje al enemigo?

Es necesario, simplemente, crear un "quinto poder". Un "quinto poder" que nos permita oponer una fuerza cívica ciudadana a la nueva coalición dominante. Un "quinto poder" cuya función a nivel mundial sería denunciar el superpoder de los medios de comunicación, de los grandes grupos mediáticos, cómplices y difusores de la mundialización liberal. Esos medios de comunicación que, en determinadas circunstancias, no sólo dejan de defender a los ciudadanos, sino que a veces actúan en contra del pueblo en su conjunto. Y que en nuestra tierra cobra especial virulencia, por cuanto la mayoría de los medios de comunicación escritos y audiovisuales forman parte del aparato colonial del Estado español que opera en Canarias, presente en todos los estamentos de nuestra sociedad, y que cuenta, además, con el detestable y canallesco colaboracionismo de determinados esbirros y "vende patrias".

Por ello, me reafirmo en lo que decía en mi artículo del pasado domingo: hoy por hoy, EL DÍA es el único periódico de nuestro Archipiélago que, con su incorruptible independencia, su pluralismo, su inequívoca línea editorial y su insoslayable compromiso con los lectores, encarna al verdadero y auténtico "cuarto poder"; ¡que sí defiende a los canarios en sus justas y legítimas aspiraciones!, y que propugna, día a día, la soberanía para Canarias. ¡Su única "obediencia debida"!

Tal es así, que no albergo ninguna duda de que juntos, EL DÍA y su Grupo multimedia y la sociedad civil canaria, podemos constituir ese "quinto poder" emancipador que rompa las cadenas que nos subyugan, y nos permita a los canarios escribir nuestra propia historia y ser dueños de nuestro destino, sin ataduras ni dictados de nadie. ¡El 2010 está a la vuelta de la esquina!

rmorenocastilla@hotmail.com