"He sido derrotado por la literatura muchas veces,

pero nunca me rendí"

JORGE DÁVILA, S/C de Tfe.

 

Confiesa que "El señor de las faldas verdes", la obra que está en su "taller literario" desde hace varios años, se ha convertido en una obsesión a la que espera incrustarle en breve un final. A pesar de sus 85 años, aún siente curiosidad por la vida y siente que siempre hay tiempo para sorprender a sus lectores. No le ha quedado más remedio que abrir una relación con la informática, aunque él prefiera una amistad con las minas de aquellos lápices de madera con los que escribió sus primeras notas. Rafael Arozarena se "asoma" hoy a EL DÍA en una entrevista con sabor añejo. El escritor tinerfeño, Premio Canarias de Literatura y miembro de la Academia Canaria de la Lengua , saca las claves de su poesía y narrativa en una conversación que no sobrepasa los veinte minutos. Les espera en el Espacio Cultural de CajaCanarias de Santa Cruz de Tenerife para presentar "Poliedros del mar", un texto que contiene 41 poemas con olor a mar.

-Antes de "fusilarlo" a preguntas, contarle que una de mis primeras incursiones serias en la narrativa fue con su "Mararía". ¿Siente algo especial al ser maestro de tantos alumnos de Literatura?

-Orgullo. No sé explicar la felicidad que me causa ver cómo los jóvenes que la han leído ponderan mis ideas y no paran de curiosear entre sus páginas.

-¿Cómo puede describir con esa perfección un paisaje en un trozo de papel?

-Para pintar todo lo que hay en ese libro ("Mararía") es necesario sufrir y querer la aridez de nuestras Islas. En las tabaibas y en los cardones se encuentra la pureza del Archipiélago. Son tan simples, que he adaptado mi estilo escueto a su belleza visual.

-La misma sequedad que halló Unamuno en su destierro majorero, ¿no?

-Su espíritu salmantino sufrió mucho en Fuerteventura, pero terminó enamorado de su sequedad y de su falta de lujo; simplemente, aprendió a restregar su corazón con la arena para aprender a quererla. De hecho, en sus últimos días de destierro, cuando sabía que se iba a París, le llegó a decir a su amigo Ramón que emprendía un viaje al desierto. ¿París un desierto? ¡Don Miguel era muy grande! Yo me froté en la fe de mi maestro para amar algo que a primera vista es desolador.

-Usted apostó por Lanzarote. ¿Es difícil retratar su magia?

-Hay que vivirlo, pasar muchas penurias y penetrar en tierras que son propiedad de la soledad. Mi experiencia en Lanzarote fue como un viaje al infierno en busca de lo más hermoso.

-¿Un escritor de su calado, con más de medio siglo de producción, se siente atraído por alguna obra en particular?

-Todos los principios son incipientes y uno no puede estar conforme con ellos, pero no significa que me ponga en contra de mis primeros pasos. "Alto crecen los cardos" me dio una formalidad poética y con él descubrí el sur.

-¿Pero hay un favorito?

-Sí... "Desfile otoñal de los obispos licenciosos"... También me lo pasé bien con "Fetasian Sky". Es un texto en el que parece que no ocurre nada y, en cambio, absorbe un siglo de vida de Santa Cruz.

-En todo caso, ¿no renuncia a sus dos primeras obras?

-Nunca, gracias a ellas tenemos hoy a estos nietos o bisnietos...

-Mucho ha llovido desde 1946, cuando publicó su "Romancero canario", ¿reconoce su obra 52 años después?

-Tiene el mismo hilo conductor de siempre y una expresión unitaria que se ha adaptado a la modernidad. Los clásicos como Espronceda o Bécquer fueron genios literarios, pero que hoy en día son historia. Ya no se puede hablar de los románticos troveros de anchos sombreros... La vida cambia en un minuto y el libro que hoy presento ("Poliedros del mar") mañana ya es pasado. Soy inconformista y no renunció a dar un paso adelante en mi obra si con él aporto algo bueno a mi producción.

-¿Eso no puede ser visto como un síntoma de debilidad frente a los románticos?

-Sí, pero la luna ya no es nuestra musa y se ha convertido en un globo inútil en el espacio. Perdió todo su encanto el día que los americanos la pisaron. Entonces, dejó de ser la serenita influencia de tantos y tantos escritores.

-¿El futuro no espera?

-Ése es el auténtico drama al que nos enfrentamos a diario los escritores. En mi caso, quisiera subirme al caballo del futuro, no meter el mío en una cuadra para que se eche a dormir.

-¿Y en qué anda metido?

-Después de publicar "Poliedros del mar" vendrá, posiblemente tras el verano, "Los ciegos de la media luna" y continúo haciendo cosas... Lo importante es agarrarte a la vida y no estancarte, ni pensar que ya lo has hecho absolutamente todo.

-Por cierto, ¿tiene pendiente "El señor de las faldas verdes"?

-Llevo diez años pendiente de este dichoso libro. Una década de suplicio en el que hay días en los que tengo ganas de apartarla de mi vista y otros en los que retomo la historia con pasión. Ya es demasiado tarde para abandonarla y espero ponerle un final pronto.

-¿Qué significa para un escritor la palabra fin?

-Es como si te tocara la lotería. Cuando le pones el fin a una obra estás en la gloria; entonces te puedes morir tranquilo. Es el sueño de todos los autores pero, a su vez, el descanso. Ese día sientes que has ganador la batalla y te llegas a sentir invencible.

-¿Alguna vez salió derrotado en una de esas batallas?

-He sido derrotado por la literatura muchas veces, pero nunca me rendí. La sensación de fracaso es horrible y hay que ser bastante fuerte para no elegir el camino de la retirada. Un escritor siempre está hundido en la ciénaga de la ignorancia y la impotencia, pero, si eres tenaz y fiel a tus principios, un día acabas saliendo de ella.

-Una curiosidad, ¿el ordenador es tan buen confidente como el papel?

-Mi ilusión hubiera sido escribir siempre con un lápiz carpintero, de madera, con formas ovalares y lacados, pero al final he tenido que entrar por el aro y adaptarme a las nuevas tecnologías.

-¿Eso no supone una pérdida de esencia?

-Hay algo todavía peor que eso. Hoy ya se puede escribir un libro hablándole a un ordenador. Eso sí que es una locura. Con la máquina de escribir se perdió la esencia de aquellas plumas de ganso que raspaban el papel. El futuro ha mecanizado a una de las artes más hermosas que han existido desde el principio de la humanidad.

-Una última cuestión. Usted que es miembro de la Academia Canaria de la Lengua , ¿cree que cada vez hablamos peor?

-No, cada vez hay menos personas que hablan bien o muchos que no lo hacen tan bien. Lo que es innegable es que hay medios de comunicación que se han tomado unas licencias que han vulgarizado el lenguaje.

 

Fuente: El Día/Cultura, 15-06-2008