CANARIAS COMO NACIÓN
Más que el relevo generacional se impone el de las ideas
Juan
Jesús Ayala
Uno entiende -puedo
equivocarme- que cuando de congresos se trata el tema principal, el que da
fundamento, no puede ni debe ser otro que reafirmar el programa ideológico o
iniciar otro ante la deriva socio-política vigente. La discusión y el debate
político deben ir por ese camino aunque se diga, y muchas veces con razón, que
las ideas no marcan ni inducen el voto y el apoyo ya que son el marketing y el
dinero del que se disponga para distribuir las esencias de un partido político
lo que prima y lo que será determinante en esta o aquella campaña electoral.
Muchos, y es la realidad, votan sin tener ni idea de lo que están haciendo y
qué tipo de compromiso adquieren con esta o aquella agrupación política.
Se pueden cambiar los
nombres de los dirigentes; se podrá contar con gente joven con empuje, dicen,
para relanzar este o aquel partido político; se podrá, así mismo, seguir en las
filas con los veteranos que aporten experiencia y trabajo. Todo eso es posible.
Pero ante coyunturas socio-políticas que necesariamente obligan a cambiar el
rumbo y a definirse con claridad y rotundidad de nada sirven esos
"valores" si se continúa instalado en la misma cantinela, con las
mismas disposiciones y actitudes de los viejos tiempos y no se es capaz de enderezar
lo que está escorado con los apuntalamientos de una decidida proclama
ideológica que, quiérase o, no se está esperando ya va para rato.
Y viene esto a cuento
porque ante congresos inminentes y que están a la vuelta de la esquina se
esgrimen por unos y por otros diferentes argumentos canalizados, en pro de apoyar el relevo generacional o en definirse
ideológicamente con claridad. Cuestión ésta que no debe someterse a la duda ni
a la incertidumbre. Y si de organizaciones nacionalistas se trata, menos aún.
En lo más íntimo de esas estructuras políticas su razón de ser y de existir
tiene que estar perfectamente definida.
El objetivo del
nacionalismo y de los partidos que transitan por esa senda, y cuando la
población que habita ese territorio lo decida mayoritariamente, es que sea ya
de manera tajante una nación que ha pasado de estar situada en el imaginario al
plano de la realidad más palpitante y esperanzadora y para que ese territorio
una vez instituido con todas las prerrogativas que esto conlleva, haya dejado
de ser ensoñación de poetas y de salvapatrias.
Se puede, y se hace,
hablar de nación, de Estado libre asociado, de confederación, de federalismo,
de cosoberanía y de independencia. Todo eso cabe en
las propuestas del nacionalismo y de los nacionalistas y aun de los que no lo
son. Pero eso no acontece de la noche a la mañana. Es el tiempo y el ritmo los
que van diciendo y marcando en qué tramo del proceso se está. No se debe ni
volver la espalda al objetivo ni desperdiciar el tiempo en devaneos y trifulcas
internas del mismo nacionalismo que debe convencerse de una vez, ya que mañana
será tarde, de que hay que tener como meta que Canarias sea reconocida como
nación. Y para que así sea, es el reagrupamiento de las organizaciones
nacionalistas lo que motive el caminar hacia ahí. Ideología, pues, clara y
decidida. Y unión. Unión también decidida, porque si no es así no se llegará a
ninguna parte y se estará toda una vida dando palos de ciego al aire.
Sin embargo, la
realidad nos está diciendo que en un país que se considera el referente más
genuino de la democracia, cual es EEUU, el ejemplo donde se postula un
aspirante a presidente de 72 años y el otro mucho más joven se hace acompañar
para su posible vicepresidencia por un veterano político de 68 años. Creo que
es ese el quid de la cuestión: establecer una simbiosis, un tándem entre la
experiencia y la juventud. Pero también hay que decir e insistir que si todo
eso no se envuelve con el envoltorio de una ideología determinante y
consecuente, en este caso la nacionalista canaria, no servirá para nada. Será
solo política de tierra quemada.
Las organizaciones que
se propugnan como nacionalistas en Canarias deben ofrecer su imagen
nacionalista con rotundidad y sin timorateces y
aprovechar los congresos para eso: Canarias como nación. Fuera de ahí sería
alimentarnos con harina de otro costal y estar totalmente alejados del contexto
nacionalista.