¿Resucitará
Coalición Canaria?
Ramón Moreno
Castilla
Mucho me temo que hoy,
precisamente, no. Esta fecha sólo se circunscribe al ámbito religioso , y no
pagano; lo que me da pie a enfatizar en esa otra acepción del término, en el sentido
de que Coalición Canaria y su apéndice pseudo nacionalista, el
"oceánico" PNC, están pagando muy, pero que muy caro, no sólo su
interesada complicidad, sino lo que es peor: su calculada ambigüedad; su maniquea
indefinición política e ideológica (donde solo han primado espúreos intereses
económicos y personales); su demagogia barata, como la de esa pretendida
"voz canaria en Madrid" (cuando siempre han pactado con el PSOE y
PP), y el haber usurpado fraudulentamente el verdadero y auténtico nacionalismo
canario, prostituyéndolo y llevándolo a cotas de
desprestigio, entreguismo y sumisión, absolutamente ignominiosos y denigrantes.
Y si bien es verdad
que este título es bastante recurrente -dada su "muerte por
inanición"-, no es menos cierto que ante la debacle, sin paliativos, de CC
el 9M, la pregunta es obligada, y requiere una respuesta decente, seria y
creíble, no exenta de sincera autocrítica, depurando las responsabilidades a
que diere lugar. Porque, ¿a qué han estado jugando CC y sus acólitos en todo
este tiempo? ¿A qué "obediencia debida" se han visto condenados?
Cuando se dice desde
diversos mentideros políticos y medios informativos que "Coalición Canaria
debe replantear, redefinir, refundar, y no sé cuántas
cosas más, su nacionalismo", ¡me quedo estupefacto! Yo tenía entendido que
esos conceptos eran aplicables cuando previamente existía un proyecto político,
en este caso, nacionalista; pero da la puñetera casualidad que el nacionalismo
de CC/PNC y otros de nuevo cuño, ¡el verdadero y
auténtico nacionalismo canario!, repito, brilla por su ausencia. ¡Seamos serios
y consecuentes!
Nacionalismo -no me
cansaré de repetirlo, digan lo que digan y se pongan como se pongan- viene de
nación, ¡y no de "nacionalidad"!; que es, en sí mismo, una aberración
jurídica y una perversión semántica de la propia definición etimológica de
nacionalismo, acuñada por los "padrastros" de
Consecuentemente, si
"nacionalismo viene de nación" (como tabaquería viene de tabaco), lo
que es del todo punto indiscutible, y en pura praxis política e ideológica
nacionalismo es consustancial y va inherente al concepto de soberanía, hay que decir
a continuación, con toda claridad y rotundidad, que las formaciones políticas
canarias que se autoproclaman
"nacionalistas" -PNC, incluido-, sin haber asumido estos principios
básicos, ¡ni son nacionalistas ni cosa que se parezca! Por mucho que los medios
de comunicación en general les den pábulo e insistan en ello, confundiendo, de
forma perversa y deliberada, al pueblo canario, ya de por sí bastante confuso,
inerme, indefenso y sin capacidad de reacción alguna.
Por tanto, esos
partidos, coaliciones, alianzas y demás componendas (e inventos de última hora
como ese "Centro Independiente Canario", Cican),
podrán ser, legítimamente, por supuesto, "regionalistas",
"autonomistas", "atlantistas" o "peces de
colores", pero ¡nunca verdaderos nacionalistas! ¡Que quede bien claro, de
una vez por todas! Lo que, por otra parte, comporta -que no han hecho jamás-,
el reconocimiento expreso y explícito, inequívoco, del "hecho colonial
canario" como factor negativo y determinante en el devenir histórico de
este pueblo. ¡Dejémonos ya de más monsergas!
"Hecho
colonial" que, además, viene reconocido implícitamente en
Así que, sufridos
compatriotas, ¡aquí no hay nada que redefinir, ni replantear, ni refundar! O se es nacionalista, con todas las
consecuencias, o se es otra cosa, muy respetable, por cierto. Ahora bien, si de
verdad todas las fuerzas políticas que han estado medrando en el campo nacional
canario, y después de un necesario acto de "contrición política" (en
este caso, por haber ofendido a este pueblo), deciden libremente confluir en un
proyecto común nacionalista canario, nada mejor que aprovechar las siglas
históricas del PNC. Lo que implica, ¡no nos engañemos!, una inaplazable y
regeneradora catarsis en el seno de todas esas formaciones, y empezar de nuevo.
¡Nunca es tarde, si el fin es el deseado!
El nacionalismo
canario ortodoxo -que los verdaderos y auténticos patriotas propugnamos- es
integrador y pacífico, ¡que nadie se confunda!; que trasciende la propia
ideología para hundir sus raíces en lo más profundo de Canarias. Un
nacionalismo, por demás, con una enorme dimensión antropológica, que como
fuerza natural y motriz está presente en los comportamientos humanos, cuando el
hombre se identifica con su tierra, sus gentes, sus costumbres y su historia;
componentes inequívocos e indisociables, de las señas de identidad de un
pueblo. Una especie de "simbiosis" natural que ha sido el motor en
los procesos emancipadores de todos los pueblos del mundo y que en nuestro
Archipiélago cobra especial significación, por cuanto existe un evidente e innegable
hecho colonial que perdura, desgraciadamente, después de más de quinientos
años.
Por ello, he venido
sosteniendo, reiteradamente, que la "cuestión canaria" desborda el
llamado "marco constitucional español" y ha dejado de ser una
cuestión de Derecho interno para convertirse en competencia del Derecho
Internacional, que ya ha sentado jurisprudencia al respecto.