RIC MALA, RIC BUENA

 

Teodoro Santana *

 

Durante décadas, el Régimen Económico Fiscal de Canarias (REF) no fue cuestionado en absoluto. Incluso desde sectores que se decían de izquierdas se defendía como parte del “acervo histórico canario”. Claro que también el colonialismo y el capitalismo forman parte de ese “acervo histórico”, pero pelillos a la mar.


En la actualidad, y desde 1994, el REF ha quedado reducido a sólo dos elementos de verdadera importancia: el Régimen Específico de Abastecimientos (REA) y la Reserva para Inversiones en Canarias (RIC). Ninguno de los otros aspectos del REF es trascendental, ni su derogación provocaría mayor controversia.


La RIC es, desde luego, la piedra angular del modelo económico canario en los últimos trece años. Ya desde su creación se justificó como una medida “social”, destinada a la “creación de empleo” y a la “diversificación de la economía canaria”.


El fundamento de este pretendido carácter “social”, amén del hecho de que la burguesía presenta siempre sus propios intereses como los “intereses generales”, es el supuesto de que cuanto más dinero ganen los capitalistas (en sus términos: cuanto más “crezca la riqueza”) más migajas habrá para los demás. Para ello, regalemos a esos capitalistas el 90% de sus impuestos. Neoliberalismo en su forma extrema, o sea.


Pero la realidad es terca, y los 13 años de RIC sólo han servido para superar el 40% de precariedad laboral, mantener el récord de desempleo del Estado, hacer crecer la línea de la pobreza hasta casi el 30% de la población, llevar los salarios de las canarias y los canarios hasta menos del 20% de la media estatal o subir los impagados más allá del 5%.


En todos los indicadores, Canarias se ha ido distanciando a peor de la media estatal. Si en otros territorios del Estado les va mejor sin RIC, ¿qué beneficio ha supuesto soportarla?


De vez en cuando, los sindicatos del régimen y sectores de la “izquierda” procapitalista nos lanzan cantos de sirena acerca de convertir a la RIC en una “RIC buena”, dedicada a “lo social”. El disparate llega al extremo de pedir que con los impuestos no pagados se paguen salarios –y despidos, claro–.


Esta posición aparentemente reformista aparece siempre que arrecian las críticas a la RIC. Y lo que pretende no es hacerla “buena”, cosa intrínsecamente imposible, como tratar de hacer buena la explotación capitalista. De lo que se trata es de apuntalarla. Demasiados intereses y demasiadas fuerzas en juego como para tocar esa mina de oro.


Lo cierto es que hace tres años (casi) nadie sabía nada de la RIC. La empecinada campaña de UNIDAD DEL PUEBLO, sin llegar a ser todavía lo potente que debe ser, ha conseguido que empiecen a cambiar las cosas. Que se tenga que hablar de la RIC y que se empiece a entender el carácter nefasto de la misma.


Esta campaña –por la que Mauricio nos llamó “traidores a Canarias” – no ha sido fácil. Comité de empresa a comité de empresa, barrio a barrio, radio a radio, televisión local a televisión local, artículo tras artículo, los “pesados” de UNIDAD DEL PUEBLO hemos estado dale que te pego movilizándonos para hacer comprender la esencia del principal mecanismo depredador del capitalismo en Canarias.


Sería un grave error sobrevalorar el efecto de esta campaña, sobre todo teniendo en cuenta la abismal diferencia de fuerzas y la dificultad de poner un tema técnico fiscal y económico en el centro del debate político.


Pero también sería un craso error minusvalorar el efecto que la campaña de un pequeño destacamento firmemente decidido puede llevar a cabo. Buena prueba de ello es que dos de los aspectos más escandalosos de la RIC, denunciado por nosotros, están tratando de ser maquillados.


Uno es el Reglamento de la RIC, cuya inexistencia ha permitido que cada cual hiciera de su capa un sayo. El Ministerio español de Economía y Hacienda ya ha elaborado un borrador que está en la fase de exposición pública. Para gran mortificación de quienes más se han aprovechado de esa ausencia.


Otro es, dentro de esa necesaria reglamentación, el que se argumente previamente a qué inversiones van destinadas las cantidades consignadas en la RIC. Es decir, una Memoria de Inversiones previa, cuya carencia hemos denunciado muy contundentemente.


¿Significa esto que la implementación de estas dos medidas –u otras– cambia la naturaleza de la RIC? En absoluto. Solo dificulta los abusos más extravagantes de la misma, precisamente para que pueda seguir funcionando.


Debemos hacer balance de lo conseguido. Porque lo que sí pone de relieve es que la lucha da resultados, aunque sean parciales. Y que si con la poca munición que tenemos a nuestra disposición les hemos obligado a sujetar algunos obenques, con más empuje, con más trabajo y con más determinación, podremos movilizar la artillería popular suficiente para hundir esa nao pirata que es la RIC.


Y es que la única RIC buena es la que no existe.

 

(*) Teodoro Santana es miembro del Consejo Nacional de UNIDAD DEL PUEBLO.

 

consejonacional@unidaddelpueblo.org