En política y en el trabajo intelectual, cada uno es
dueño de sus demonios y, si los suelta sin motivo, nadie tiene por qué ir a
recogérselos. La “polémica” de Julián Ayala conmigo, con constantes y
reiterativas alusiones personales ajenas a lo que discute, acerca de lo
publicado en la revista Canarii sobre el
asesinato de Javier Fernández Quesada, tiene dos perfiles. Un perfil muy bajo,
compartido con quienes se dedican a cargar las tintas más allá de lo razonable
en el ámbito de lo personal. Sobre eso no voy a entrar, pues no conozco
personalmente a Julián Ayala. En su artículo, me parece que pierde las formas
esperables en personas de izquierdas que dicen tener principios por encima de
cualquier diferencia y a las que se supone saber separar la animadversión
personal del análisis crítico. Sobre esto me limito a afirmar que son falsas
las cosas que le han dicho y me parece penoso que las haya dado por sabidas y
sentadas en su escrito. En lo de elegir amigos y enemigos personales creo que
ambos ejercemos la libertad de elección, sólo que usted, en este caso, carece
de fundamento personal para opinar más allá de una diferencia política que es
preciso abordar en sede exclusivamente política. Así que corra usted si quiere,
Julián, que ese demonio no es mío.
Pero el otro perfil de la réplica sí me parece
interesante: la respuesta política. Me centraré brevemente en esto último.
Ayala considera contradictorio mi posicionamiento
porque no expresé mi crítica de algunos contenidos del monográfico de Canarii en el artículo “En honor a la verdad” y le
ha llegado a través de un foro de internet. En dicho
foro me criticaba un compañero porque “el artículo te salió bastante suavito para lo que se merece el personaje este”,
refiriéndose a Ayala. Permítanme que ponga aquí lo publicado en dicho Foro,
pues despiezado entre insidias y argumentos no se aprecia algo que deseo
destacar (las negritas son mías):
Octavio Hernández: Hay un detalle que no puse en el artículo, pero que realmente me
motivó a escribirle una respuesta a Julián Ayala. Lo pongo aquí por si les
resulta tan indignante como a mi, aunque no he
querido polemizar con Canarii.
Habla Ayala de "versiones interesadas". Ya vemos lo que pensaba
Javier Fernández Quesada. Pero lo vemos porque hemos podido investigarlo con
independencia, porque el trabajo de Ayala y Millares en Canarii
incluyó, sobre esto mismo, una versión que sí puede considerarse interesada.
En la edición de Canarii sobre Quesada (http://www.revistacanarii.com
/), en la parte que firma Marta Cantero Lleó
titulada "Matar a un ruiseñor", página 13, dice textualmente:
"Junto a las frases copiadas de Einstein, Javier
Fernández dejó escritas opiniones suyas sobre diversas cuestiones (en defensa,
por ejemplo, del patrimonio cultural: "vestigios únicos de otras épocas de
la humanidad. Canarias, mañana, quizá será autogestionaria"), y también
sobre sí mismo..."
Juzguen ustedes mismos. Resulta que el mismo documento que reproduzco en mi
respuesta a Ayala ellos lo manejaron y lo citan, pero para mi sorpresa,
mutilándolo completamente, cortando la parte principal en la que Javier declara
su simpatía por un proyecto independentista, y afirmando en su lugar que era
una "defensa del patrimonio cultural". Me pareció una falta de
respeto y una manipulación de la verdad sobre Fernández Quesada, sentí que lo
amordazaban de nuevo treinta años después. Y después Julián Ayala se va a la
universidad y suelta allí esa frase de que el independentismo ha hecho una
"versión interesada" sobre Javier Fernández Quesada.
Una palabra: indignante.
Y un hecho: Javier Fernández Quesada era independentista y los independentistas
que han reivindicado su figura en estos años deben sentirse orgullosos porque
han honrado la verdad de su memoria, que otros no han podido ocultar ni
manipular.
M1: Pues
el artículo te salió bastante suavito para lo que se
merece el personaje este. Chiquita fobia que tiene con los
anticolonialistas, como la gran mayoría de los españolistas de tradición
comunista en Canarias.
Octavio Hernández: Había que elegir entre protagonizar yo la crítica o dejar que el
manuscrito de Javier Fernández Quesada se encargara de ponerlo en su sitio.
Elegí lo segundo. No creo que una polémica entre investigadores haga honor a la
verdad, existiendo un documento tan contundente.
Lo cierto es que Sergio Millares y Julián Ayala, a mi modo de ver, han
pretendido difundir una "versión interesada" cercana al PSOE. Y lo
argumento:
- No mencionan que
- Intentan imponer una visión de que Javier era el "prototipo" de
estudiante obediente, "normalizado", para oponerlo a la evidencia de
un movimiento estudiantil politizado, radicalizado, plural y comprometido
socialmente. Faltan a la verdad.
- Insisten en que un policía del grupo agresor
de la guardia civil fue el que disparaba a quemarropa, aunque lo matizan trasluce
una pretensión de separar al aparato represor del estado de un supuesto
"sujeto incontrolado". Esta era la justificación de la represión ya
en la época de Javier y treinta años después miren cómo de tapadillo la
rescatan. Faltan a la verdad: la represión estaba organizada, dirigida y
"dosificada" desde la estructura militar, policial y civil del
estado.
- Ayala parece lamentar que los sindicatos
"normalizados", es decir, vendepatrias y vendeobreros, no estuvieran al frente de las huelgas, y
viene a culpar indirectamente al radicalismo autogestionario de los comités de
obreros y obreras y al activismo independentista -con los que Javier
simpatizaba- de que las cosas acabaran violentamente, porque no cabían en los
Pactos de
- En la misma línea, presentan el asesinato político
como un suceso vinculado a la extrema derecha golpista, lo cual salvaría las
responsabilidades de los reformistas que estaban haciendo la transición,
obviando que también pudo ser concebido como un asesinato de contención de la
marea social rupturista y de la vinculación del
independentismo con ella a través de las huelgas y del movimiento estudiantil.
En relación con ello, omiten los debates de
- En definitiva, Millares y Ayala vienen a omitir partes esenciales de la
historia para presentar una versión edulcorada y conveniente que extirpa de la
figura de Javier Fernández Quesada todo su potencial de conflicto con el
sistema político actual; todo su potencial transformador de rebeldía colectiva
queda subsumido en un enclaustramiento de sus aspiraciones de emancipación en
la vicisitud individual ("un estudiante normal").
- Pero Javier Fernández Quesada dejó escrito qué pensaba, y contra eso nada
podían hacer, excepto intentar censurarlo. Pero la verdad debe prevalecer.
Fuente: http://www.azarug.org/debate/viewthread.php?tid=7250#pid33901
Creo que es legítimo que Julián Ayala defienda su
postura y critique la mía. No tengo nada más que añadir a lo escrito en el
Foro, ni necesito escorar con ataques personales el buen juicio que corresponde
al lector o lectora crítico e imparcial. Quien lo desee, puede consultar de
nuevo Canarii a la luz de mi crítica y de lo
que sobre ella opina Julián Ayala.
Por último, hago una reflexión a Ayala sobre el que
considero nudo gordiano de toda esta discusión: si Javier Fernández Quesada
dejó escrita su simpatía hacia una Canarias “por supuesto libre e independiente”
porque era –cito a Julián con negritas mías- “un joven hijo de su tiempo,
sensitivo, inquieto, sin gran experiencia política y “contagiado” por el
ambiente de la época, en que el nacionalismo canario de izquierdas se
presentaba como un referente político”, y si el propio Ayala llegó “a
llevar colgada del cuello una pintadera y para provocar a la derecha acudía con
ella a los plenos del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, donde fui
concejal por UPC”, porque “el nacionalismo era entonces un foco referencial
para mucha gente (por ejemplo, los consejeros del Cabildo y los concejales
de UPC en el momento de tomar posesión del cargo añadíamos a la fórmula
genérica el párrafo “y luchar por una Canarias libre y socialista””. Si
esto es así, Sr. Ayala, si existía esa hegemonía cultural independentista,
compartida a pesar de “notables diferencias ideológicas”, que usted mismo
refiere como la motivación de Fernández Quesada y de la militancia de la época,
¿quién arrima el ascua a su sardina? ¿por qué lejos de
reconocerlo afirmó en la presentación de su investigación en