TRADICIONAL
BAÑO DE LAS CABRAS
Esta
tradición hunde sus raíces en la época prehispánica, cuando los aborígenes
acudían con sus rebaños de cabras para purificarlos.
Todos los días de San Juan,
los cabreros de la comarca del Valle de
La Orotava
se acercan hasta el muelle pesquero de Puerto de
la Cruz
para cumplir con una tradición ancestral aborigen. Con la llegada del
Solsticio, el ganado es purificado en las aguas del mar como ritual
propiciatorio para un buen año. Un centenar de personas y docenas de cabras se
concentraron en el muelle pesquero portuense para revivir esta peculiar fiesta mágica.
Los
numerosos turistas que se encontraban en la plaza del Charco y en las
inmediaciones del muelle pesquero de Puerto de
la Cruz
no salían de su asombro al ver cómo rebaños de cabra colapsaban las calles
del casco en dirección a la pequeña playa cercana al muelle. La misma playa en
donde los portuenses celebran sus grandes festividades, en donde se embarca la
virgen del Carmen y a San Telmo, patronos y veladores de los pescadores
ranilleros. El tradicional baño de las cabras comenzó temprano. Desde las ocho
de la mañana se congregaron numerosos cabreros con sus animales e incluso
caballos que también fueron "bendecidos por el agua del mar".
Tras la resaca de las hogueras de San Juan, muchos vecinos lucían gafas de sol
para ocultar un sueño del que no habían disfrutado aún. "Venimos de
Playa Jardín y no hemos dormido en toda la noche celebrando la víspera de San
Juan, pero si nos perdemos el baño de las cabras es como si nos faltara
algo", comentó una vecina. A las nueve de la mañana todo estaba preparado
para comenzar con la fiesta: sardinas asadas, papas arrugadas y música folklórica
aderezaban un ritual en el que participan la práctica totalidad de los cabreros
de la comarca del Valle de
La Orotava.
"Vengo con mis cabras desde hace más de 10 años, nunca falto. Es una
tradición muy bonita que se ha recuperado y que tiene que ver con nuestros
antepasados", señaló uno de los cabreros.
En la playa algunos niños intentaban introducir a baifos en la orilla mientras
que una a una, el resto del ganado caprino era cogido por los cuernos y lanzado
al agua con el correspondiente balido de protesta por parte del animal. "No
les gusta el agua pero al final se acostumbran", comentó un vecino del
popular baño de
la Ranilla.
Las
aguas del muelle de Puerto de
la Cruz
no sólo acogieron a los rebaños de cabras sino a varios caballos que fueron
introducidos hasta las cercanas barcas fondeadas en la bahía del muelle. Los
turistas contemplaban el espectáculo entre una mezcal de sorpresa y extrañeza.
"La verdad es que nunca habíamos visto algo parecido y nos parece una
tradición muy bonita", comentó una turista mientras no paraba de
fotografiar a una cabra recién salida de su baño mágico de San Juan. El
inicial desconcierto de los turistas se tornó en fiesta a medida que el vino y
la buena comida hacían su aparición. Incluso alguna turista quiso bautizar a
una cabra sin escaso éxito. "Hay que tener bastante fuerza y habilidad
para meter a las cabras en el agua porque se resisten y la mayoría de las veces
no quieren entrar", explicó un cabrero.
Todos los participantes tuvieron un recuerdo emocionado al principal artífice
de la recuperación de esta tradición ancestral. El folklorista, poeta y etnógrafo,
Chucho Dorta Benahuya, fallecido hace unos años, fue el responsable de retomar
el baño de las cabras, un ritual que se había olvidado en la noche de los
tiempos. Dorta comenzó con la fiesta en la década de los años 90 del siglo
pasado. En aquellos tiempos sólo unos pocos cabreros secundaron una iniciativa
que fue asentándose con el paso de los años, hasta la actualidad que se
encuentran institucionalizada como uno de los principales actos de las fiestas
de San Juan. Esta tradición hunde sus raíces en la época prehispánica,
cuando los aborígenes acudían con sus rebaños de cabras para purificarlos.
Fuente:
P. H. MURILLO | LA OROTAVA
La
Opinión de Tenerife, 25-06-2008
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Todos los días de San Juan,
los cabreros de la comarca del Valle de
La Orotava
se acercan hasta el muelle pesquero de Puerto de
la Cruz
para cumplir con una tradición ancestral aborigen.