Santas ballenas
Agapito De Cruz Franco
La
Fundación
“Loro Parque” de Tenerife que preside Wolfgang Kiessling sale al Océano. Prepara, junto con la UNESCO, un simposio donde
sentar las bases para la creación de un Santuario de cetáceos de la Macaronesia.
Especialistas de Canarias, Azores y Madeira intercambiarán
ideas con el fin de crear una zona de descanso y protección para estos
mamíferos y “mantener así los recursos marinos del Archipiélago para las
generaciones futuras”.
En
principio la idea aparenta ser proteccionista. Viene de una entidad
perteneciente a un zoológico de prestigio donde la Directiva 1999/22/CE del Consejo de la Unión Europea, de 29
de marzo de 1999, relativa al mantenimiento de animales salvajes en parques
zoológicos parece cumplirse tanto en aspectos relativos al bienestar animal
como a la conservación, investigación, intercambio genético y educación. Pero zoológico
al fin y al cabo, y, en expansión (Puerto de la Cruz, Las Américas…) Y
siempre queda la duda de si será una empresa puramente altruista, o si al final
de la hoja de ruta aparecerá una versión marina de la obra del Sr. Kiessling.
Sea
como fuere, es un avance. La iniciativa privada ha emprendido lo que la pública
ha sido incapaz de llevar a cabo tras veinte años de protestas ecologistas en
defensa de las ballenas y que a comienzos de los 90 reivindicaba, con Greenpeace a la cabeza, un santuario para los calderones
del SO de Tenerife.
En
Canarias existen unas 26 especies de cetáceos entre ballenas, delfines,
cachalotes y marsopas. Muchas en tránsito hacia otras latitudes y otras fijas,
como cachalotes, calderones o ballenas piloto, delfín gris y delfín mular o
tonina.
Su
historia reciente es terrorífica. Hubo una época en que eran atropellados y
muertos por los Jet-Foils, Fast-Ferrys y embarcaciones deportivas de gran velocidad. La
industria turística los ha convertido en uno de sus recursos generando muchas
veces condiciones negativas: presión turística y humana, stress, riesgo de
abortos y desplazamientos a nuevas zonas, contaminación, heridas de hélices,
acoso… Esta situación procede de 1990, cuando Miguel Zerolo, entonces Consejero de
Turismo contrató a la
Fundación Cousteau
para un estudio con vistas a su conservación. Lo que hizo en realidad fue dar a
conocer al mundo del turismo el filón que para el mismo suponían las ballenas y
que en el año 2000 habían convertido a Tenerife en el primer lugar del mundo en
esta especialidad turística de avistamiento de cetáceos por delante de
Australia y EEUU. Lo atestiguaban más de un millón de visitantes anuales a la
zona y miles de millones de ganancia entre las más de 50 empresas de
safari-tours. A estos problemas hay que añadir las maniobras militares a causa
de los efectos del radar y sonar y de los estampidos de la artillería que
ocasionaba que tras ellas siempre aparecieran cetáceos varados y muertos en las
costas. La pesca de ballenas, protagonizada
por Japón o Noruega no existe en las Islas.
Los
cetáceos en Canarias han tenido sus protectores y estudiosos. Destaca el Equipo
de Vidal Martín y los biólogos de la Universidad de La Laguna Ricardo
Montero y José J. Naranjo. Con ellos James
R. y Sara L. Heilmch Boram
de la Universidad
de Cambridge. La bióloga marina y ecologista del TEA Natacha Aguilar, Tenerife Conservación,
o el Departamento de Biología, Facultad de Veterinaria y Centro de Mamíferos
Marinos de la Universidad
de Las Palmas. A nivel puramente ecologista cabe resaltar la campaña que
permanentemente mantuvo el TEA desde 1989 hasta el 2003 denominada “SOS, ballenas canarias en peligro”, así
como otra en 1994 de ATAN.
Ojalá
que esta nueva singladura, traiga la paz definitiva a las ballenas y ni por
asomo, se acerque la idea a esa columna de agua existente a la entrada del Loro
Parque de Puerto de la Cruz,
donde unas bogas en cautividad dan vueltas y más vueltas sin sentido e interminablemente.
Penoso espectáculo, extrapolable por otro lado a
nuestra sociedad, cuando ésta hace uso de la peor de sus dictaduras, la de la
especie…