Día Mundial de la Seguridad

 

Justo Fernández Rodríguez

 

Mañana, 28 de abril, organizaciones sindicales de todos los países conmemoran el Día Internacional de la Seguridad y Salud en el Trabajo para recordar los más de dos millones de trabajadores y trabajadoras que mueren cada año en todo el mundo: los 270 millones de accidentados y los 160 millones que enferman, todos ellos, víctimas de unas condiciones de trabajo inseguras, insalubres o insostenibles. Una situación que tiene un coste económico equivalente al 4% del Producto Interior Bruto (PIB) y superior veinte veces a todos los recursos que se dedican a la ayuda oficial al desarrollo en el mundo.


La República de Corea y Japón han ratificado recientemente el Convenio 187 de la OIT para la seguridad y salud en el trabajo, lo que significará la próxima entrada en vigor de esta importante norma internacional, para promover una "cultura preventiva de seguridad y salud", que pueda contribuir decisivamente a reducir la cifra de los 42.000 trabajadores muertos que cada semana se producen en el mundo como consecuencia de accidentes o enfermedades relacionadas con el trabajo.


España ha venido ostentando el indeseable récord de accidentes laborales mortales de todas la naciones de la Unión Europea, en medio de la insensibilidad de los gobiernos de Aznar y sus acólitos, Rajoy, Zaplana, Acebes; la indiferencia de muchas administraciones autonómicas; la inoperancia de la Inspección de Trabajo, desmantelada y sin capacidad para realizar su función en aras del manipulado "déficit cero"; una cierta indiferencia social; la irresponsabilidad de una buena parte del empresariado y la inoperancia o impotencia de las cúpulas sindicales que no lograban convertir este gravísimo problema en una prioridad social. ¿Será porque los inválidos y los muertos sólo eran trabajadores?


El desempleo, la subcontratación, la precariedad laboral y la escasa formación, con los peores índices de la Unión Europea, y, lógicamente, la mayor necesidad de conseguir un empleo, son las causas principales de las altas cifras de siniestrabilidad.



El número de muertos en accidentes laborales ha tenido una evolución favorable desde que el Partido Popular perdió las elecciones. La evolución ha sido en 1999, 1.104 muertos; en 2000, 1.136 muertos; en 2001, 1.030 muertos; en 2002, 1.101 muertos y en 2003, 1.020 muertos. Después de las elecciones de 2004, con muchos más trabajadores ocupados, la evolución ha sido más positiva: en 2004, 968 muertos; en 2005, 935 muertos; en 2006, 947 muertos y en 2007, 844 muertos. Esta última cifra refleja la mayor reducción en los últimos diez años, aunque es justo señalar que se produce con un fuerte declive de la construcción, sector donde se produce el mayor índice de siniestrabilidad laboral. La legislatura de Rodríguez Zapatero finalizó con el menor número de muertes por accidente laboral de la época democrática.


En cualquier caso, continúan muriendo proporcionalmente más trabajadores en España que la media de la Unión Europea (5,2% por cada 100.000 afiliados, frente a los 4,3 comunitarios).


En los últimos tiempos han cobrado actualidad el acoso laboral, acoso psicológico o mobbing. Más de un tercio de los accidentes laborales, el 34,35%, tiene su origen en los nuevos riesgos psicosociales, categoría que engloba los sobreesfuerzos físicos, los traumas psíquicos, el estrés, el mobbing, la falta de estabilidad laboral o la movilidad geográfica. Más del 50% de las jornadas laborales perdidas en Europa están vinculadas al estrés, según el Observatorio Europeo de Riesgos.


Las enfermedades debidas al trabajo están adquiriendo un mayor protagonismo en la actividad laboral. Según datos de Eurostat, la agencia europea de encuestas, la tendinitis, la dermatitis, la pérdida auditiva, las alergias respiratorias, los trastornos muscoloesqueléticos, la silicosis y la asbestosis, son las enfermedades profesionales más comunes y que afectan a un mayor número de trabajadores.


Entre las quejas más comunes de los trabajadores se encuentran el gran número de horas trabajadas, los plazos ajustados para realizar las tareas, así como la urgencia de terminarlas en el tiempo convenido.


La UGT y CC.OO., con motivo del Día Internacional de la Salud y la Seguridad en el Trabajo, han distribuido un comunicado en el que, después de reconocer que las cifras de accidentes laborales mortales en España, se han reducido en los últimos cuatro años reclaman:


-Seguir avanzando para lograr que el descenso de los accidentes, hasta lograr alcanzar el objetivo cero de muertes por accidentes.


-Denunciar cualquier práctica que evite la afloración, declaración y reconocimiento de las Enfermedades Profesionales y luchar por las causas que las provocan.


-Reivindicar la urgente necesidad de evaluar y prevenir riesgos psicosociales atacando las causas estructurales u organizativas que las motivan.


-Reformar las mutuas en aras de una mayor eficacia y sensibilidad en la atención a la salud y seguridad de los trabajadores.


Normalmente, cuando se analizan las causas de los accidentes laborales, en su gran mayoría no se referencian causas tecnológicas sofisticadas, desconocidas e imprevisibles. Muy al contrario, los motivos son más sencillos y en mayor medida inadmisibles; escaleras sin protección, andamios inseguros, trabajadores sin casco, huecos en el suelo sin señalizar, maquinaria sin protección o utilización de sustancias tóxicas sin mascarilla o ropa adecuada.


El propio director del Programa de Seguridad y Salud, de la OIT lo ha reconocido recientemente: "La mayoría de los accidentes pueden prevenirse". Por lo tanto, no puede admitirse como normal que acudir al trabajo constituya un riesgo cierto de accidente con graves consecuencias para la salud física, incluso la invalidez o la muerte. Esa indudable injusticia legítima a la sociedad para exigir de los poderes públicos la aplicación intransigente de la legislación vigente o la formulación de nuevas normas que eliminen o reduzcan esta lacra social, y a los sindicatos una permanente campaña de denuncia pública y jurídica de aquellas empresas que pretenden aumentar sus beneficios a costa de la seguridad, la salud o la muerte de sus trabajadores.

 

En 2008 parece que se tuercen las cifras positivas de los últimos cuatro años. En los meses de enero y febrero fallecieron 165 trabajadores en accidentes laborales, 13 en Canarias, casi un 6% más que en los mismos meses de 2007.


La situación de crisis económica originada en EE.UU. que afecta a todo el mundo, con más graves consecuencias negativas, como siempre, para el mundo en desarrollo, ocasionará un menor crecimiento económico, mayor desempleo y, con toda seguridad, unas mayores exigencias empresariales, abusivas o ilegales, a un colectivo que necesita trabajar aunque sea en condiciones de precariedad, inseguridad y peligro incluso de sus vidas, a permanecer en la inactividad forzada y el hambre. Todos los datos económicos indican que el próximo año se producirá un incremento de la siniestrabilidad laboral en todo el mundo y, lógicamente, en España. Ojalá me equivoque.