Simón Bolívar: amor eterno a la nación americana


Julio César Mejías*

   Millones de latinoamericanos conme­moraron, el 24 de julio, el aniversario 224 del natali­cio del Libertador, Simón Bolívar, quien conjugó las mejores ideas de su tiempo con un amor infinito hacia la gran nación americana. Bolívar mostró cómo un independentista consuma­do, revolucionario de amplia visión, puede llevar en sí la mayor sensibilidad hacia la naturaleza, el afec­to hacia los hombres dignos y a la mujer ejemplar.

 

   Diversos biógrafos desta­can la vocación bolivariana por defender y exaltar las riquezas de la geografía americana. Cuenta el historiador Jorge Núñez en su artículo 'Simón Bolívar, el hom­bre', que éste se interesó por evaluar y mitigar los estragos que el colonialis­mo había causado en el medio natural americano. Le preocupó, en particu­lar, la creciente erosión de los suelos, causada por una intensiva explotación agrí­cola y una irracional defo­restación de los campos. Reseña también dos momentos recordados espe­cialmente por el irlandés
Daniel Florencio O'Leary, edecán de El Libertador, en los cuales éste último puso de manifiesto su amor hacia la naturaleza.

 

   Fueron ellos su encuentro con el majestuoso volcán nevado del Chimborazo, en Ecuador, y la contempla­ción del espléndido valle del Cauca, en Colombia. O'Leary consignó que Bolívar divisó por primera vez al famoso "Rey de los Andes" en 1822, cuando se dirigía desde la recién libe­rada ciudad de Quito hacia el puerto de Guayaquil, en medio de las aclamaciones de los pueblos andinos.

 

   En su avance por la impo­nente "avenida de los volca­nes", admiró sucesivamente las grandes y bellas cumbres que flanquean la región inte­randina ecuatorial: Pichin­cha, Cayambe, Antisana, Pasochoa, Corazón, Rumiñahui, Illinizas, Cotopaxi, Tungurahua, entre otras. De pronto, escribió O'Le­ary, al intentar el cruce de la cordillera occidental, se vio enfrentado a la inmensa y brillante mole nivea del Chimborazo, que relucía bajo el sol del verano equi­noccial. Impresionado por tan grandioso espectáculo natu­ral, decidió ascender a la montaña sagrada de los Chimbos, alcanzó su cima y al bajar escribió su hermoso texto "Mi delirio sobre el Chimborazo". El poeta José Joaquín Olmedo exclamó, tras leer­lo, que si El Libertador se hubiera dedicado a la poesía habría excedido al griego Pindaro. No menos impactante fue su encuentro con el bellísi­mo valle del Cauca, que divisara un atardecer de diciembre de 1829, desde la más alta cima de la cordille­ra del Quindío. Según O'Leary, Bolívar exclamó entonces: "!Oh, ni los campos de la Toscana son tan bellos! ¡Este valle es el jardín de la América!".

 

   De los vínculos afectivos desarrollados por el Liber­tador, resaltaron desde la infancia dos en particular: su cariño entrañable hacia su maestro, Simón Rodrí­guez, y otro menos conoci­do, pero quizá aún más conmovedor, su amor hacia la negra Hipólita, su aya y "madre de leche". La negra Hipólita, escla­va de sus padres, lo ama­mantó en sus primeros años y lo cuidó cariñosamente en su orfandad, a lo cual El Libertador retribuyó con creces al considerar que no conoció otro padre o madre que ella. También fue intenso y desenfrenado en su amor íntimo hacia la mujer, en algunos casos durante romances breves, otros más extensos, pero en todos apasionado en su entrega. Señala el historiador Nú­ñez que al menos hubo tres mujeres que penetraron ho­ndamente en su corazón y marcaron su vida de diverso modo: María Teresa Toro, la francesa Fanny du Villars y Manuela Sáenz. De la primera enviudó y ante su cadáver juró no vol­ver a casarse jamás, mien­tras el grato recuerdo de la segunda lo acompañó hasta los últimos días de su vida. Pero fue con la última, su amada fiel y compañera de combates, con quien mantuvo la más profunda y tras­cendente relación afectiva. El propio Bolívar lo certi­ficó momentos antes de embarcar en su viaje final por el río Magdalena, con rumbo a Santa Marta: "¡No, no hay mejor mujer! Ni las Catiras de Venezuela, ni las momposinas, ni las... ésta me domó. Sí, ella supo cómo. La amo."

CARACAS- Enero 2008-02-14