Simplemente
la verdad
J. Luis Real *
Superando las previsiones, el listado de
personas desaparecidas por el franquismo remitido al juez Garzón ha rebasado la
cifra de 140 mil, de las cuales más de 2 mil habrían sido asesinadas en
Canarias.
El dato es
suficientemente elocuente como para dejar ver la magnitud de la represión, que
bien podría ser calificada como genocidio (matanza sistemática de un
gran número de personas con el objeto de destruir total o parcialmente
una nación, una etnia, una raza o un grupo religioso, político o
con alguna otra particularidad) por cuanto su fin era el eliminar, tanto física
como moralmente, al mayor número de personas posible simplemente por tener
ideas distintas a las que el régimen golpista esgrimía.
Es conocido que
la represión, ya dura de por sí, lo fue incluso más en aquellas regiones como
Navarra, Galicia o Canarias, donde el golpe triunfó desde el principio por la
débil oposición que los elementos obreros y republicanos pudieron presentar,
tanto por la falta de armamento como por el temor que las autoridades
gubernativas manifestaron a la hora de entregar al pueblo que quería defenderse
esas pocas armas de que se disponía.
Miles de hombres y mujeres desaparecieron en
las retaguardias. Los restos de quienes murieron en la zona republicana fueron
exhumados tras el triunfo de Franco y sus aliados (
Arrojar a los
presos al mar "apotalados" (metidos en
sacos y lastrados con piedras) fue una práctica habitual de las fuerzas
represivas en Canarias desde bien pronto. Testimonios orales de ello han sido
recogidos por diversos investigadores, transcribiendo lo que era de
conocimiento y transmisión popular. Y, si ello no fuese suficiente, registrados
están sucesos como los del buque "Dómine", que se desprendió de su
carga de sindicalistas y republicanos quien sabe en que parte de la ruta entre
Canarias y Vigo, o el acaecido con el vapor "Nápoles", barco que
recogió en las proximidades de la isla de Gran Canaria una serie de sacos en
los que se hallaron los cuerpos de varios hombres que habían sido detenidos y
eliminados por los franquistas y que el océano devolvía evitando con ello el
que engrosaran esa enorme lista de desaparecidos.
El bello mar
que nos une es, al mismo tiempo que tumba de miles de represaliados y represaliadas, el que oculta los crímenes de quienes
cobardemente se pasearon por
Saber del
paradero de cada ellas es una tarea casi imposible. Nombrar a sus asesinos y
verdugos no. Tan importante como restituir la memoria de los asesinados es
decir el nombre de sus verdugos y torturadores, tanto vivos como muertos, no
con afán revanchista, algo fuera de lugar tras tantos años, sino para que
simplemente la verdad prevalezca y sobre ella se escriba, conozca y enseñe
* Secretario
Acción Sindical y Social
SOV CNT
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